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El Puente. León Molina

 
 

SAN CARRILLO

 
 

Mucho me temo por los indicios que estamos en el comienzo de una  oleada de homenajes y santificaciones de don Santiago Carrillo. Confluyen para ello al menos tres circunstancias; la edad de don Santiago, el funcionamiento por oleadas monocordes y copionas de los medios de comunicación y el detalle chic de la nueva progresía sentando a un comunista de los de antes a la mesa. Durante el despliegue de báculos, mitras y palios de la jerarquía progre, lo siento pero yo no estaré. No me gustan los santos, ni el boato, ni el comunismo.Y no nos confundamos, si algo representa Carrillo es el comunismo. Sé que a partir del último punto y seguido he perdido un puñado de lectores, parte de los cuales habrán ido a ver si figuro en alguna lista progre para borrarme (será inútil por cierto, el censo electoral y poco más; me alisto poco). Para los que sigan, me explico. Desde mi punto de vista y según confirmación de la historia, el comunismo siempre que ha llegado desde los libros y las tribunas hasta los asientos del poder ha producido monstruos no menos aberrantes que el fascismo. Si se pudiera echar la cuenta algún día de los amargos silencios, sufrimientos, cárceles, torturas y muertes de unos y otros, el desmesurado marcador puede que no anduviera lejos de un doloroso empate. No me va a hacer gracia la beatificación de Carrillo, como no me haría gracia la beatificación de Fraga. ¿Carrillo cambió con su evolución hacia el eurocomunismo?: Sí. ¿Fraga se convirtió en demócrata?: Sí. ¿Carrillo jugó un papel determinante en la transición?: Sí. ¿Fraga también?: Sí. Por eso los toleramos, los aceptamos, les hemos dejado ser votados y hasta  puede que los respetemos. Pero yo paso poco por los altares y, acaso por debilidad, no puedo o no quiero olvidar que cada uno viene de donde viene. ¿Qué no es lo mismo Fraga que Carrillo?: No, pero en sus circunstancias, en otras habría que verlo. Comunismo y fascismo; dos alas de un mismo pájaro sombrío. Del fascismo estamos convencidos (salvo cuatro esjarramantas), pero ¿y del comunismo?. No tengo que salirme del estricto ámbito de mi familia y de los últimos cuarenta años para poder contar cien historias de dolor causadas por él. Pasos clandestinos de fronteras, cárcel, campos de concentración, fusilamientos, familias rotas, miedo hasta la autodestrucción. Historias para contar un día. Beatos  Santiago Fraga de Jesús y Manuel Carrillo de la Cruz, muchas gracias por todo. Adiós. Cerrad la puerta al salir y no espereis mucho de nosotros. Los anticlericales no usamos botafumeiro.

 

León Molina  

 
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