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El Puente. León Molina

Mar Mítica

Mar Mítica Nuestro viejo y bello Mediterráneo sangra por los cuatro costados. Y la herida no promete más que agrandarse. La ONU en su Plan Azul lo ha avisado recientemente: “Los efectos de la urbanización desmesurada de la costa Mediterránea en los veintiún países ribereños tendrá un efecto desastroso”,  en 20 años la costa incrementará su población en un 30% alcanzando los 100 millones, mientras que los visitantes anuales pasarán de 175 millones a más de 300. Para ello se urbanizarán 4.000 nuevos kilómetros de costa, lo que arrastrará consigo una enorme actividad de construcción de puertos, aeropuertos, carreteras, viviendas, centrales energéticas (nada menos que sobre 160 más), disparará el consumo de agua en países que carecen de ella, la necesidad de reciclado de basuras y degradará el paisaje y la biodiversidad. España, que lleva la triste delantera en este asunto, ha recalificado en los últimos años 22 millones de kilómetros cuadrados de terrenos costeros,  proyecta en estos momentos la construcción de 60 campos de golf y se estima que se construirán hasta 2025 más de 700.000 apartamentos. Y eso cuando el modelo de sol y playa promete problemas en el futuro por falta de competitividad frente a países emergentes (Túnez, por ejemplo, ha copiado el modelo español tal cual, forma a sus técnicos turísticos en España, tiene tanto sol y playa como ella, construye apartamentos y hoteles a un ritmo frenético y ofrece vacaciones a un precio muy inferior que su maestra). Como la costa mediterránea española ya está casi llena, la furia constructiva ha derivado hacia la segunda línea, comiéndose los montes hasta varios kilómetros tierra adentro y hacia los escasos espacios que quedaban sin urbanizar (Murcia y Almería singularmente, donde se ha tendido una nueva autovía que hoy no es necesaria, pero que se ha construido como complemento y estímulo de lo que viene y donde el gobierno murciano ha intentado incluso quitar la protección al Parque Natural de Calblanque, auténtica y hermosa reliquia que sobrevive entre el horror de La Manga y uno de las mayores destrucciones de costa en Europa, la bahía de Portman, desaparecida bajo los escombros mineros que se han vertido en ella hasta hace bien poco). La costa mediterránea española es el gran parque temático de la destrucción de la naturaleza y el paisaje. El espectáculo seguirá porque no hay vuelta atrás y no hay dios que pueda pagar esa bancarrota, y además parece que nos gusta. Ya estamos en el descabello. Nunca la miseria lució tanto oropel.
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