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El Puente. León Molina

El nene nacionalista

El nene nacionalista

La aprobación del proyecto de ley de consultas aprobado por el parlamento vasco y, especialmente, el modo en que se ha consumado, constituye una de las mayores torpezas políticas (y no las ha habido pequeñas) en este país. Pero además no tiene justificación de ningún tipo y resulta vergonzosa atendiendo al modo en que se ha producido. Ya sabemos todos que los nacionalistas son como niños malcriados y que dicen gilipolleces como la de Urkullu (“como a la selección nacional de Euzkadi no la dejan jugar, yo voy con Rusia”, refiriéndose al europeo de fútbol), cosa que divierte mucho a su gente. Pero de ahí a dar pasos políticos que siembran la división de la gente y siembran incertidumbre de forma grave hay una gran diferencia. Y adquieren una grave responsabilidad. Ibarretxe defiende su postura con el falso y demagógico razonamiento de que lo democrático es preguntar al pueblo y que nadie debe asustarse de eso. El razonamiento que desmonta éste me lo proporcionó un amigo: El País Vasco es España y no ha sido nunca otra cosa que España, integra un todo. La parte de un todo político, un pueblo, podría estar legitimado para independizarse si existiera algún tipo de discriminación o violencia contra ella. Pero El País Vasco goza de un respeto enorme por parte del país entero. Se respeta exquisitamente su lengua, su cultura, se autogobierna en todos los aspectos importantes de la vida en común de sus ciudadanos con niveles de autonomía que no se conocen en ninguna otra parte del mundo. ¿Qué queda entonces?. Sólo la pataleta infantil del “hala, no te quiero”. Y a estos nenes malcriados se les hace demasiado caso. Claro que estos nenes tienen amigos con pistolas, y eso ya es otro cantar. La mitad del pueblo vasco que piensa así ha necesitado los votos de los pistoleros y los han aceptado mientras le decían, que votaban, pero que no iba a servir para nada (o sea, que sus amigos pistoleros van a seguir matando pase lo que pase). Una vergüenza. Si no les importa nada lo que piensan y sienten esa mitad de los vascos que no tienen ningún interés en la independencia, deberían al menos tener la decencia de no actuar en contra de ellos echándoles  encima a ellos y al final, torpemente, a todos ellos, a los pistoleros. El nacionalismo vasco usa indecentemente la fuerza de las pistolas mientras aparece compungido en cada sepelio provocado por los pistoleros.  No podemos creerles. Y no podemos aceptar sus propuestas de nene chulo, cabezón y malcriado. A mí, por mucho menos, mi padre me ponía al hilo. Pues eso.

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