Blogia
El Puente. León Molina

Arturo

Arturo

En medio de las sombras de un domingo abro el correo y un mensaje me cuenta que mi amigo Arturo ha ganado el premio Jaén de poesía. Es uno de los grandes premios de poesía del país y lógicamente me alegro mucho. Lo llamo para felicitarlo y quedamos en que me envía el original rápidamente. Lo leo un par de veces y resulta ser un libro magnífico, más que digno merecedor de este u otros premios. El libro ha tenido su premio, pero es más difícil que el autor tenga su reconocimiento más allá de un puñado de aficionados y mucho menos –lo siento, Arturo, tú sabes cómo son estas cosas- un número de lectores siquiera parecido a cualquiera de los librillos de usar y tirar que pueblan nuestras librerías. En nuestro entorno, cualquier cabrita loca que berree las cancioncillas clónicas que nos maltratan los oídos en los hiper, se convierte en una celebridad y gana dinero suficiente para no tener que buscar su sustento en otra cosa. Y lo mismo se podría decir de cualquier medio actor que sale en la tele en cualquier bodrio y de tantos insustanciales medio artistas que han sabido tirarse al caudaloso río del consumo. Incluso los artistas plásticos, que no lo tienen tan fácil,  siendo medianamente buenos y medianamente arriesgados, puede llegar a vivir de su trabajo creador. Pero con los poetas no hay modo. Arturo es un gran poeta, de primer nivel nacional, lleva décadas leyendo, estudiando, hasta ser un experto conocedor de su arte. Lleva décadas recogiendo con avidez trozos de tiempo por todos lados y dedicándolo al ejercicio solitario de la escritura. Con todo ello y su talento ha conseguido ser muy bueno en lo suyo. Pero tendrá que seguir yendo a su trabajo alejado de la poesía cada día hasta que se jubile, porque no ganará ni un duro con sus obras. Tendrá que seguir robándole las horas al sueño. Seguirá siendo un desconocido para la gente porque la gente no lee poesía. Y porque los países se vanaglorian de sus artistas y llenan el callejero de todas las ciudades de nombres de poetas, pero los dejan morir en la pobreza (hace unos años, unos amigos tuvieron que acudir al rescate de Gabriel Celaya que junto con su mujer vivían en la indigencia sus últimos días), o simplemente los olvidan y menosprecian. El caso es que un vecino nuestro es un gran artista con grandes obras y grandes méritos y casi nadie lo sabe, a casi nadie le interesa. Lamentablemente para todos la verdad, sin embargo, vive en los versos de Arturo: “Pero nada podrás llevarte en los bolsillos,/nada. La intensidad se llama así /porque está yéndose al vivirla / y si la piensas rompe y se hace espuma.”.

2 comentarios

León -

Estimado Sr. Puli:
No será este un mensaje (post que dicen ahora)para hablar del morro que hipotéticamente usted pudiera haberle echado en el suyo precedente. No. Sí que puede que sea el lugar y ocasión adecuados para señalarle que los libros,máxime cuando existe la certeza de su inminente publicación, se compran en los comercios del ramo con el propio peculio de cada cual.
Más estando yo convencido, por el tenor de sus intervenciones, que sabrá usted distinguir aquellos libros que pueden ser leídos por ansia o avidez en sus inéditas hojas con el compromiso moral de hacer el desembolso referido en el venturoso momento de su nacimiento al mundo, remitiréle el susodicho cartapacio convirtiendo, con su permiso, su obligación en condicionado compromiso.
De morro, ya le digo, no hablaremos.
Suyo.

Puli -

Absolutamente en contra de mis principios y con todo el dolor de mi corazón envidiosillo, declaro que estoy en TODO de acuerdo con usted. Y ya de paso le echo algo de morro: ¿No podría usted enviarme el libro de Arturo Tendero que, imprudentemente, confiesa en su artículo que el propio Tendero ha tenido a bien remitirle por vía electrónica? Por cierto, tengo entendido que también usted mismo es poeta y no de los malos. ¿Podría enviarme también alguna cosa suya para que pueda examinarla? Si pensaba usted que mi acuerdo completo con su artículo iba a salirle gratis, estaba usted pero que muy equivocado.
Atentamente, Puli.