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El Puente. León Molina

Cuento de navidad

Cuento de navidad

Érase una vez un  planeta muy bonito en un oscuro confín del universo. Era un planeta feliz.  Y estaba tan alegre que en su superficie empezaron a pasar cosas espléndidas. Surgió el agua, el aire, las montañas, los ríos. Y sobre todo, surgió algo increíble; seres animados que se movían, crecían y se reproducían. Surgió la vida. Surgieron peces, dinosaurios, árboles… Hasta que poco a poco se fueron formando los seres humanos. Animales que eran capaces de pensar. Y como pensaban podían hacer cosas. Y les dio la manía de hacer muchas cosas. Pero sus fábricas ensuciaban mucho el cielo.  Por eso algunos de esos seres humanos pensaron que había que pensárselo mejor, porque se iban a cargar su bonito planeta. A estas personas, el resto de la humanidad no le hacían mucho caso y los trataban como si fueran locos. Les llamaban científicos, ecologistas y otras cosas peores. Los grandes jefes de los seres humanos solían tener familia que ganaba mucho dinero con el petróleo o incluso primos científicos que les decían que todo eso era una mentira. Pero sucedió que el clima de verdad empezó a volverse loco y a los jefes no les quedó más remedio que empezar a hablar de ello y decir que lo iban a solucionar. Tuvieron muchas reuniones, pero no conseguían nada porque siempre decían “tú primero, tú primero”. La última reunión que tuvieron fue la peor. Y además no dejaron entrar a los científicos ni a los ecologistas para que no molestaran. Todos los seres humanos se fueron a la cena de nochebuena de ese año mientras el cielo se seguía ensuciando mucho como siempre. Los jefes se hincharon a comer felices con sus familias, mientras algún ecologista cenó solo en la cárcel porque sacó pancartas y otros delitos gordísimos. Esta navidad el planeta no ha estado tan contento como otras veces. Así que, queridos niños, este año no os olvidéis pedirle a los Reyes magos que traigan a estos jefes un poquito de inteligencia y otro poquito de vergüenza para que les arregle un poco la cabeza y el planeta precioso del cielo vuelva a estar contento. Y colorín colorado, este cuento se ha acabo. 

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