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El Puente. León Molina

Agresividad

Agresividad

Leí el pasado domingo el artículo del sacerdote Manuel de Diego en este mismo periódico que comienza con su enfado por el hecho de que el ayuntamiento de Logroño ha confeccionado un almanaque en el que el día de los Reyes Magos es llamado Fiesta de la luz. Lo cito a él, no conozco el hecho, que por otra parte me parece una tontería muy al uso de nuestra tontorrona clase política. Lo que me llama la atención del artículo sin embargo es la enésima  constatación de un hecho que quisiera comentar.  Me refiero  al hecho constante y omnipresente de que la fe religiosa de los creyentes, sobre todo si se encuadran en la aceptación de los dogmas de una religión concreta, es un pensamiento agresivo. En el envoltorio de un mensaje de paz, a fin de cuentas siempre nos deja a los no creyentes fuera de cualquier posibilidad de certeza o verdad en el mejor de los casos, cuando no se nos arroja a diversos grados de indignidad y se nos tacha, como hace De Diego, de comisión de fechorías (al edil de Logroño por cambiar el nombre de la fiestas), de insensatos (a los que supuestamente queremos silenciar la palabra de Dios), de desagradecidos (a los que manifestamos que no queremos pertenecer a su iglesia ni a ninguna otra). Contrariamente yo pienso  que a las personas que sostienen supuestas verdades que son contrarias a la razón y a toda evidencia no tengo porqué convertirlas en objeto de mi menosprecio, sino solamente considerarlas personas que comenten un error.  La consideración que haga de ellos vendrá después según su comportamiento, sean creyentes o no.  Y viene todo esto a cuento del cansancio y hartazgo de que determinados creyentes que desean imponer sus supuestas verdades y modos de vida nos tachen a los que no creemos de agresivos cuando defendemos la libertad de toda persona de creer o no creer en aquello que le parezca, eso sí por supuesto, en el ámbito privado sin que sus creencias  tengan por qué afectarnos  o condicionarnos la vida en modo alguno al resto. De modo que yo defiendo una libertad para usted, señor De Diego, que usted usa para mostrarme su desconsideración. No es justo. Claro que la justicia es un concepto racional, no religioso. Ustedes tienen el de “amor”. Pues eso, señor De Diego, ámenos usted un poco.

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