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El Puente. León Molina

La calma

La calma

Cae la tarde sobre las montañas que rodean mi casa. Las nubes se deslizan  lentamente en el horizonte y una llovizna intermitente pone gotas de luz en las ramas de los árboles. Bandadas de pájaros van llegando a las ramas que dejaron en la mañana para pasar la noche. De las chimeneas de las casas se elevan tenues hilos de humo. Hace frío, un frío reconfortante, que espabila y aclara la mente. Todo lo envuelve un gran silencio. Es un momento con cierto toque de melancolía. Es un momento para sentir serenidad. Para sentir también, ¿por qué no?, eso que mi amigo Angel llama “celebración”. La alegría de estar vivo, de estar en este mundo lleno de sensaciones. Porque si es cierto que cuando pensamos acerca de nuestro de nuestro mundo encontramos una enorme cantidad de razones para el desasosiego, el enfado y la tristeza, no es menos cierto que la aventura de estar vivo es magnífica. Y para sentir esa magnificencia de la vida no es necesario ser un gran aventurero o dejarse arrastrar por desmedidas pasiones. El atardecer, las nubes que pasan, una frase cálida de alguien que nos quiere, la llovizna poniendo botones de luz en los árboles del jardín… Todo ello podría ser suficiente para sentirnos plenos y con la extraña satisfacción que nos puede embargar por el simple hecho de estar en el mundo, siendo parte del entorno, de la naturaleza, del universo, y de poder contemplarlo todo.  Lo que sucede es que no solemos concedernos ese tiempo y esa calma para ser conscientes de todo ello, para dejar que el mundo nos envuelva y nos  traspase. Y es una pena, porque la calma, la serenidad, la contemplación, puede que nos proporcione algunos de los momentos más placenteros que podamos disfrutar en toda nuestra vida, una vida que rueda loca a velocidades de vértigo por caminos que la mayoría de las veces ni siquiera hemos decido tomar. Esa calma atenta al mundo, considero que debería ser un hábito corriente, mucho más beneficioso que la inmensa gama de actividades de ocio trepidante y caro con que llenamos nuestro tiempo libre.

En ese caso, estoy seguro, muchos de nuestros conflictos se alejarían igual que esa nube que pasa ahora mismo por mi ventana.

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