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El Puente. León Molina

FIN DE LA COLUMNA EL PUENTE

Como ya sabréis la edición de Albacete del diario La Verdad cerró sus puertas. La finalidad de este blog era subir los artículos de esta columna, de modo que ese sentido ya no tiene objeto. De momento aquí se quedan los artículos. Un saludo a todos y gracias a los que seguistéis estos artículos durante años.

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Europa y los pantanos

Europa y los pantanos

El invierno nos ha dejado los pantanos llenos de esa alegría casi infantil que nos produce el agua. El invierno nos ha dejado los pantanos llenos de esa melancolía casi anciana que nos produce la inundación de la desesperanza.  Somos seres dobles. En los campos de exterminio se escribieron hermosos poemas, en las casas de la abundancia y de la libertad se perpetraron suicidios. Y viceversa, claro. Y no hay razón que explique cómo  cada ser humano elige encarnarse en cada ser humano. Pero quizá hoy más que nunca resuenan esas dualidades en nuestro interior. Nos complacemos en nuestro desarrollo, en nuestras conquistas, en las dimensiones que alcanza nuestra aventura de seres humanos en el mundo. Y nos llenamos de inquietud y tristeza al atisbar que vivimos el fin de una época y que nuestro futuro es incierto. Europa hace poco era un pantano cuyas aguas rozaban los aliviaderos y nos proporcionaban alegría infantil, plenitud del momento y una confianza tan poderosa en el futuro que ni siquiera, como los niños, nos lo planteábamos.  Ahora Europa es un paisaje de puentes bajo los que no circula ni se guarda agua alguna.  Europa nos habla de sequía, de tiempos a los que habíamos arrancado de los labios la promesa de nunca más volver. Nos llegan noticias ahora de que esos tiempos están acampados en las afueras. Y recordamos las historias que nos contaron de sus maldades sin cuento. Y alternamos el esplendor de nuestras ciudades y la apariencia de sus gozos con las miradas de reojo a los viejos subterráneos que se convirtieron en museos con pórticos de memoria y nunca más. Europa es hoy para nosotros el fracaso de un éxito.  Por eso duele más. Europa es un edificio a medio construir donde nos metimos a vivir antes de tiempo. Reina el desgobierno en la definitiva casa del buen gobierno. La casa de todos es la casa de nadie. Los fuertes siguen mandando y lo hacen para ellos mismos. Hemos supeditado el gobierno a un no gobierno.  La Europa de los ideales se arrastra abrazada a la bota de la Europa del dinero que camina firme hacia su trono imperial.

Ha llovido mucho este invierno. A disgusto de todos. Los pantanos están llenos. Acaba de comenzar la verde primavera que puede ser negra primavera. Que será  verde y que será negra. Porque somos seres dobles en un mundo que no ha dejado nunca de aparecer y desaparecer bajo las aguas. 

Fumata blanca

Fumata blanca

A propósito de todo el follón mediático del nuevo Papa, hay algo sobre la iglesia y sus seguidores que no comprendo muy bien y es el supuesto deseo reformista de estas personas e incluso de algunas otras que no pertenecen a ella. Pero vamos por partes. Estoy todavía sorprendido del despliegue informativo acerca de la elección de nuevo Papa. Ha sido tremendo; primeros planas de los periódicos durante varios días, varias páginas centrales interiores de información, incluso especiales informativos en las televisiones que desplazaban sus equipos y personal a Roma para hacer un programa de varias horas llenas de nada. La sorpresa, si bien se mira, no es diferente de la que produce un programa de famosetes que se tiran desde un trampolín o de realitys de imbéciles que van a contar al mundo que le pusieron los cuernos a su novia y que quieren que la imbécila lo perdone. No es más que cotilleo, aburrimiento y no estar capacitado para emplear el tiempo en otra cosa mejor. Pero una vez que se ha producido la fumata blanca, comienzan las especulaciones sobre el nuevo Papa, su historia, su ideología, lo que puede traer de nuevo y sobre todo si se puede esperar “un aire modernizador” de su papado.  Esto sí que es fuente de perplejidad para mí. ¿Por qué tanta gente creyente –o como digo incluso no creyente- puede o ansía modernización de la iglesia romana? La iglesia de Roma es fundamentalmente una institución medieval en su pensamiento, su estructura, sus ritos, en todo. Una cierta “modernización ya se hizo con la Reforma y los católicos decidieron quedarse al margen. ¿Qué puede esperar la gente de un Papa “modernizador”, ¿que permita el sacerdocio femenino, que permita el divorcio, el matrimonio gay?, ¿para qué? Con no hacerles caso, ya tenemos esos derechos. ¿Que sea una iglesia pobre, que no acumule riquezas? Eso no tendría que ser su decisión sino la nuestra y nuestras leyes. ¿Que se comprometan con la lucha por la justicia social? Lo que haga la institución no sirve para nada, todo dependerá de lo que hagan sus fieles, una parte de los cuales en efecto ya lo hace diga lo que diga el Papa de turno. ¿Para qué sirve un Papa “moderno”? ¿Quién lo quiere más allá de espíritus errantes por sus torturadas contradicciones? Por tanto ni espero nada ni tengo curiosidad por el nuevo Papa, cualquiera me vale. Este mismo.

Cuestión de estética

Cuestión de estética

Mucho se ha hablado lógicamente en los últimos días de Chávez. Yo no quiero entrar en las valoraciones  globales - hemos tenido suficientes- , de aquellos que dicen que ha acabado con la pobreza de su gente y es poco menos que un héroe y las de aquellos que dicen que ha destruido la economía del país y ha acabado con las libertades. Cada uno de ellos han optado por lo general por tomar el tema desde el asombro o la indignación por el hecho de que los que opinan diferente lo haga. De modo que en esos términos generales se esconderán los claroscuros que comúnmente suele guardar en su interior la complejidad de la vida. Como se han ido al extremo desde sus simpatías ideológicas, ninguno de los dos bandos lleva toda la razón. Pero fuera de esa batalla estúpida de los bandos, a mí me gustaría señalar un hecho concreto fuera de las generalidades que salvan o condenan a Chaves.  Se trata si ustedes quieren de un apunte “estético”. Chaves se comportaba de un modo tan chusco, hortera, populachero y hasta zafio que provocaba auténtica vergüenza ajena en todos los que contemplábamos sus andanzas, creo que no hace falta recordar aquí todas las mamarrachadas que fue capaz de decir y los comportamientos lamentables incluyendo los registros de paternalismo, chulería, machismo, bravuconería, mesianismo de opereta, casposidad, intimidación y hasta puro circo  de quinta fila.  Y el asunto es que cuando me he referido a una cuestión “estética” no lo hacía al concepto vulgar del término, sino al filosófico. Y desde este puesto de observación, sabemos que la belleza o la fealdad no puede darse desligada de las emociones y estas de los distintos valores humanos –o la moral-. Quiero decir, en definitiva, que si un líder arrastra masas con una estética de uniformes militares y proferimiento continuo de vulgaridades y sandeces, esa fuerza condicionará el tipo de país que construyan. Valoren como quieran a Chaves, pero tengo la seguridad de que con él y sus seguidores que lo van a embalsamar y adorar, veremos lo que se consigue, pero podemos tener claro que no será un país de gente noble, cívica y ponderada. No es posible y lo veremos. No se puede montar un ballet con orangutanes. 

Walking dead

Walking dead

Realmente sorprendente y misterioso el PSOE en estos momentos. El partido está dirigido por un zombi y detrás de él vaga otro grupo de zombis como en una escena de la serie televisiva Walking dead. Son muertos vivientes esperando quizás una cura milagrosa  o simplemente seguir adelante zampándose a los supervivientes que le quedan en el entorno. ¿Y el resto de la gente del partido, y sus votantes? Si no están aquejados de la misteriosa muerte-enfermedad, ¿qué hacen, que piensan?, ¿agoniza el PSOE? Después de la debacle electoral propiciada en buena medida por la crisis, pero sobre todo por la gestión que el partido hizo de la misma mientras estuvo en el poder, muchos nos preguntamos qué haría ese partido. Suponíamos que vendría una oleada de cambios en las personas y las ideas, una apertura a la gente de la calle para decirle que ahí estaban y que querían saber qué consideraba la gente que había que hacer. Nada de eso ha sucedido. Hubo un pequeño rifirrafe para ver quién habría de ser el zombi jefe y poco más. En las comunidades y provincias se dieron  movimientos timoratos de contestación que misteriosamente desaparecieron como una llovizna de primavera. Los jefes y jefezuelos han seguido todos en su sitio. Las ideas que se iban a renovar han seguido colgando de las posaderas gordas de los mismos sujetos. El diálogo con la ciudadanía ha sido algo así como asomarse a las ventanas para ver a la gente pasar. El partido continúa en caída libre en las encuestas de intención de voto, pero los zombis siguen deambulando descarnados y cojitrancos entre los cascotes que empieza a acumular nuestra sanidad, nuestra educación, nuestro trabajo, nuestra alegría. No proponen nada porque son zombis. Y lo que pasa es que los supervivientes han empezado a comprender lo que sucede y les huyen y como se acerquen mucho les atizan un buen leñazo para evitar el contagio. No lleva buen camino este PSOE no. Sus votantes se marchan a otros partidos que están flipando de ver llegar a tanta gente.  Pero ellos siguen como una pandilla desorientada buscando no se sabe qué. La gente encerrada en sus casas percibe que son parte del problema que viene a unirse a la otra gran pandilla de zombis, el otro grupo que ya le tenía cogido el tranquillo a lo de andar de medio lado con la pata torcida. Y aquí estamos escondidos en el pajar vigilando por la ventana. Pero esta película tendrá un final. Y en él no tendrán cabida los zombis.

Cánovas y Castelar

Cánovas y Castelar

Hacia 1897, poco antes de morir, el político conservador Antonio Cánovas del Castillo conversaba con el liberal republicano Emilio Castelar. Don Emilio en un momento dijo: “yo ante todo soy español,  con eso me contento”, a lo que don Antonio respondió: “Caramba, Emilio, no te creía tan modesto”. El diálogo refleja una constante histórica tal cual es que las izquierdas critican el país pero confían en él y las derechas lo ensalzan pero son pesimistas normalmente sobre sus posibilidades. De igual modo parece que hoy las derechas parecen conformarse con  un hipotético regreso renqueante a la normalidad anterior a la crisis que parecen dar por ideal y deseable y las izquierdas consideran que es el momento de refundar este país para virar y fijar un rumbo nuevo. Y hablo de la gente, los políticos de los partidos siguen jugando a otro juego distinto del de la gente y así les va. Hay una cantidad importante de gente que quiere ese cambio de rumbo; quiere que el país tome un camino más democrático, más limpio, más favorecedor de oportunidades más niveladas para todo el mundo. Por eso salen a las calles y se manifiestan. Se manifiestan por su país. Y ahí creo que radica uno de los errores tácticos más importantes. Porque esa lucha no es de países. Se manifiesta gente en Grecia por Grecia, en Italia por Italia, en Portugal por Portugal, en España por España, olvidando que todos los que se manifiestan se manifiestan por lo mismo. Esto lo entendieron algunos del movimiento 15M que trabajaron por coordinar los esfuerzos de la gente a nivel continental.  Si los políticos de estos países sintieran sinceramente que quieren mejorar las condiciones de vida y el futuro de la gente de sus países, lo primero que tendrían que hacer es unirse y llevar una sóla voz firme y exigente a Bruselas.  ¿Somos o no somos Europa? Estos países, sin contar con más apoyos cuentan con 150 millones de habitantes. Unidos serían una voz muy importante. Si a los políticos no les da la gana de luchar por la dignidad frente al desfalco que están sufriendo las poblaciones de sus países, debería ser la gente de esos países la que comprendiera que esa energía de la protesta debería antes que nada sumar a los compañeros de viaje de los países del resto Europa y especialmente de aquellos donde la injusticia se está cebando. Si somos modestos como Castelar, no obtendremos más que el chascarrillo y la sorna de los Cánovas. 

Vivir en el campo

Vivir en el campo

En mi juventud tuve proyectos difusos para irme a vivir al campo que no fructificaron, principalmente por eso, porque eran difusos. Unas cuantas décadas después, ese impulso continuaba vivo y me fui acercando al campo cada día más hasta el día de hoy en que vivo a caballo entre el campo y la ciudad. Los tiempos, los transportes y las telecomunicaciones permiten estas cosas; tomar un avión, trabajar a mil kilómetros y volver a dormir a casa, reunirte virtualmente con gente en cualquier parte del mundo, etc. De modo que podría pensarse que esta es una opción de vida convencional pero con un fondo paisajístico de montañas al final de la jornada. Sería algo desde luego respetable, pero no es mi opción. Mi opción es la de una vida rural y eso significa echar raíces, compartir la vida con la gente del entorno, vibrar al ritmo de la naturaleza, conocer los lugares, su historia, las costumbres, las plantas, los animales, los fenómenos del clima y  las gentes que viven cerca de ti. Pero, sobre todo cuando ya vas teniendo una edad, el trabajo y el medio de vida debe traérselo uno puesto, pues para crearlo aquí hace falta un capital de inicio suficiente y mucho del vigor que sólo ofrece la juventud. Y si no se está en alguna de esas dos situaciones, la calidad de vida en vez de mejorar puede convertirse en un calvario que desde luego no mejorará la vida sino todo lo contrario. Ahí radica una buena parte de los muchos intentos fallidos de gente que decide liarse la manta a la cabeza e irse a vivir al campo. Hace falta dinero (sí, sí, dinero) o fuerza y juventud y predisposición para llevar una vida con lo más estrictamente imprescindible, cosa para la que muy poca gente está preparada por más que su romanticismo le lleva a pensar que sí. Pero si se logra encontrar esta llave, la puerta que abre nos muestra un grandioso y melodioso edificio en el que vivir. El silencio es el primer bálsamo que llega a nuestra vida, el silencio reconciliador que nos junta un poco con nosotros mismos. Junto a él llega un ritmo, una cadencia, que nos permite vivir de un modo más adaptado a nuestras capacidades físicas y mentales, cosas que en la ciudad están “reventadas” como diría mi hijo.  Y esa es la mejor base para que a partir de ahí cada uno viva disfrutando “con su títere” como diría mi esposa. Vivir en el campo es una forma diferente de vivir. No sé si la mejor, pero para muchos de nosotros, la buena.

Los negros designios

Los negros designios

En estos momentos en nuestro país los medios de comunicación están cayendo como pájaros desfallecidos sobre la nieve.  Los cierres de periódicos son noticia de cada día. Y los que quedan someten a sus trabajadores a condiciones laborales terribles, lo que a la larga viene a ser también una condena de esos medios, pues cuando se lleva a los periodistas hasta situaciones insoportables se están erosionando los cimientos del edificio de cualquier medio de comunicación. Resulta penoso escuchar cómo desde posiciones ultraliberales o simplemente poco reflexivas se dice que si a la gente ya no le interesan los periódicos o las radios pues se les ha de dejar caer sin más preocupación. Estos planteamientos son una muestra más de uno de los males que horadan nuestra sociedad; el beneficio como única medida del valor de las cosas. Y la información es un bien de consumo sólo porque así lo ha dictado la cultura del liberalismo radical que nos gobierna. La información, desde que vivimos en una aldea global, según la feliz frase de McLuhan, es un bien que se sitúa en la base de la libertad de los individuos pues resulta imprescindible para el conocimiento de lo que acontece y para su análisis y la crítica subsiguiente. Por eso los medios de información públicos deberían tener su lugar fuerte, vigoroso y decente entre nosotros. Porque si bien los peligros de clientelismo y dominación partidista de la información son reales y tangibles, no los son menos los que presionan a los medios privados a través de la fuerza del dinero de los grandes grupos económico-políticos de sus anunciantes. Pero es que además no es cierto que falten lectores, lo que falta en este momento son anunciantes debido a la crisis económica. Y los poderes políticos están destruyendo con saña los medios públicos por su desvergonzada intromisión partidista. Y la información de producción barata de internet no es todavía una alternativa por el guirigay y la falta de rigor que hay en él. Así que el futuro para los medios es negro, tan negro como nuestras aspiraciones de libertad y un poco al menos de decencia. Este mismo medio en el que les he contado mis opiniones desde hace años parece condenado a desaparecer en breve. Por si se cumplieran los negros designios, valga este artículo para una despedida triste y emocionada y para mostrar mi agradecimiento a los profesionales que durante tantos años lo han sostenido  y sobre todo a ustedes que han leído y comentado estas líneas.  No seguiremos viendo por ahí, en cualquier trinchera de la palabra. Gracias. 

Acoso al medio ambiente

Acoso al medio ambiente

En un solo año se está haciendo un daño descomunal a la protección de la naturaleza en España. Hasta ahora, para la mayoría de los gobiernos el medio ambiente no era ni mucho menos un tema central en sus preocupaciones, más bien ha sido como un  adorno dentro de sus políticas y sus gobiernos. Parece que ninguno ha sido capaz de entender que el medio ambiente no es el fondo de las fotografías de nuestros fines de semana en el campo, sino una cuestión de pura supervivencia. De toda la larga lista de ministros que han pasado por la poltrona, quizás sólo se salve en alguna medida la actividad desarrollada por Cristina Narbona, y poco más. Pero el actual gobierno está brillando con luz propia en la aplicación de las políticas más regresivas que se hayan conocido, está gestando un enorme  deterioro en el ya de  por sí escuálido sistema de nuestro país. Se están convirtiendo parque nacionales en cotos de caza, se desprotegen las costas y se trata de liberar lo poco que queda para nuevas oleadas de construcción, se dan parabienes al destructivo fracking,  se desmantela la red de centros de protección de la fauna, se reduce en un ochenta y seis por ciento los fondos para el desarrollo rural, se encumbra a los cazadores dándole a sus asociaciones consideración de organizaciones medioambientales, se abandona el cuidado y actividad de los parques naturales (como los de Baleares, cuyos educadores ahora son taquilleros), no se hace absolutamente nada ante casos de envenenamiento masivos de especies protegidas como el recientemente sucedido en Navarra, los gobernantes se mondan cuando se habla de la capacidad de empleo en el sector verde mientras golpean duramente el sistema de generación de energías alternativas.  Y es que en un mundo de simples y simplezas, me da a mí que desde las posiciones  más conservadoras se ha caricaturizado la preocupación y defensa del medio ambiente como cosa de jipis, perroflautas y rojeras, pues el medio ambiente ha sido y será siempre para el ciego y depredador gran capital una gran mina donde practicar las actividades extractivas con la bula del sacrosanto beneficio. Mientras el gobierno nos avergüenza en los foros internacionales sobre el medio ambiente y una gran parte de los ciudadanos nos deprime con su indiferencia, hemos de mantener viva la llama, esa llama que debe de servir para algo más que para encenderle los puros al primo de Rajoy.

Lágrimas y venas

Lágrimas y venas

La pasada semana ha sido la semana de Bárcenas con todo lo que conlleva. Pero hubo otro acontecimiento que si bien es de menor calado por supuesto que el primero, a mí me causó bastante impacto. Me refiero a esa presentación lacrimógena del Fondo de viviendas sociales del gobierno. Llevo mucho tiempo, como tanta gente,  sintiendo golpes de indignación por la novedades que cada día nos ofrece la información política. Pero la imagen, las palabras y la puesta en escena de Soraya mezcló la indignación con la repulsión y la estupefacción. Si de continuo nos tratan como a peleles, allí estaba la vice tratándonos ahora también como a imbéciles. Allí estaba aparentando sujetar sus lágrimas por un logro magnífico que según ella “dará a la gente una nueva oportunidad”.  La imagen que vino a mi cabeza fue la de alguien que cada vez que te ve te da un puñetazo en la boca y que un día con lágrimas en los ojos y aspecto compungido te ofrece tiritas a precio rebajado y te dice que debes comprender el esfuerzo que hace y que debes reconocer su magnanimidad por su acción, que por cierto la lleva hasta el llanto mismo. Esta pitagorina ambiciosa y bien mandada no sabe lo que es el pudor y tampoco debe tener una idea muy clara de lo que es la decencia. Porque esas viviendas son viviendas cerradas, porque el plan es nuevo negocio para los bancos propietarios de casas vacías, porque los precios de esos alquileres no están tan lejos de los precios a los que ha caído el mercado, porque se ha creado un banco malo malísimo que ya está limpiándole los bajos a los bancos  malos, porque no se han dado pasos para buscar e implementar las soluciones anteriores al desahucio, porque buena parte de la causa de que esas personas hayan llegado el desahucio está en los recortes indiscriminados que son una ligera brisa para los más poderosos y un huracán para los más débiles, porque el esfuerzo de un gobierno, es el esfuerzo de los ciudadanos, dinero que se ha recortado previamente a esos ciudadanos para dárselo ahora con gesto compungido de caritativa señorona. Quizás se le salten las lágrimas de emoción repartiendo el aguinaldo entre los imbéciles del cortijo. Pero a los imbéciles lo que se nos saltan no son las lágrimas, sino las venas por la insultante comedia.

Caricias de serpiente

Caricias de serpiente

Siempre he sido un espíritu rebelde, y en los momentos actuales en este país lógicamente mucho más. Eso me conduce a un permanente estado de excitación, de lucha en el análisis de la información, a hablar y discutir tratando de desmontar todo el discurso plagado de trucos y engaños de los poderosos que rigen nuestros destinos, y que están destrozando lo salvable que teníamos en nuestra sociedad y en nuestra civilización. Pero mantenerse en ese estado durante mucho tiempo resulta agotador y no especialmente agradable, por lo que de vez en cuando se cae en la melancolía. El mecanismo de defensa subsecuente es el refugio en aquellas cosas que nos producen tranquilidad, bienestar, placer. Máxime cuando además de rebeldes, somos personas amantes de la paz, de la tranquilidad y la armonía. Hemos de vivir porque cada día que pasa no vuelve y porque el día que no has disfrutado de la vida, es un día en el que has sido un perfecto imbécil, y comprobar esto molesta, la verdad. Pero entonces viene el movimiento mental siguiente, cuando te das cuenta de que de esas melancolías y pasajes de olvido son de las que se nutren esos que te están fastidiando y esto pues también molesta.  Pero es de tal magnitud el despropósito de estos tiempos y es de tal tamaño el abuso y destrucción de las fuerzas desintegradoras de la avaricia que dominan el gobierno de nuestro mundo que hay docenas de motivos cada día para el enfado y el acicate de la rebeldía.  ¿Qué hacer entonces con ese círculo vicioso descrito? Algunos tenderán a mirar a otra parte por considerar que no se puede tirar por la borda la alegría de vivir. Otros pensarán que hay que tirarse al monte algún día, lo que quiera que eso signifique. Otros tomarán partido y se quedarán a la espera de que otros hagan algo. Otros considerarán que en medio de una ciudadanía que agacha la cabeza mientras le van dando sopapos, no merece la pena molestarse en nada y lo que hay que hacer es refugiarse en la historia personal de cada uno. Y los hay también (y son muchos ¡ay!) que no ven motivos para la rebeldía porque todo lo que pasa es inevitable y justo fruto de nuestros pecados. Con todo este potaje de melancolías, tristezas y conformidades se refuerza el poder que nos está gobernando. Recuerdo a Baudelaire “Y te daré alma mía,/ besos más fríos que la luna fría;/caricias de serpiente / que se arrastra en un mármol / torpemente […]/ Otros por la ternura, / reinan en tu hermosura, / yo, solapado y quedo / reinaré por el miedo.” 

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La salud, cosa de financieros

La salud, cosa de financieros

Los cambios que empiezan a operarse en el sistema de salud en España son bastante preocupantes, principalmente porque las penurias económicas de la actual crisis están siendo utilizadas para cambiar las bases del sistema, pasando de un sistema de garantía y servicio público casi integral a una explotación privada. En primera instancia surge la interrogante de por qué hacer esto si la sanidad pública española funcionaba bien y era un ejemplo imitado en todo el mundo (aunque no era perfecta, claro, nada lo es). Faltan recursos, sí, pero que no nos líen, faltan por la crisis, no por defectos del modelo. Y es que la pasta, de donde está, nuestros actuales gobernantes no la van a coger, desde luego. Y se sabe que el capital no tiene patria y en este momento nos encontramos que las empresas que están accediendo a los convenios de explotación privados están controladas por grandes empresas extranjeras y por inversores de riesgo también extranjeros. Evidentemente el interés de esos grupos no es la salud, sino simplemente el beneficio, y cuánto más mejor.  Y el día que no interese, se van con su pasta a otra parte y te dejan la salud hecha unos zorros. Por otra parte, con este sistema el control en la gestión por los ciudadanos se aleja todavía más (ya estaba muy lejos con el Insalud, cosa que muchos considerábamos que se debía reformar). En los modelos escandinavos, los centros de atención primaria y hasta los hospitales que aquí llamamos comarcales están gestionados a niveles de municipalidad –ayuntamientos y agrupaciones de ayuntamientos- y los presupuestos de salud  gubernamentales se negocian entre varios ministerios y la unión de municipios. En definitiva, pasaremos de un sistema de salud propiedad de los ciudadanos a un sistema de salud cuyas estructuras básicas pagamos los ciudadanos pero cuya gestión entregamos a fondos capitalistas casi desconocidos y dedicados a exprimir y vender, muchas veces dejando las empresas con el agua al cuello. La salud abierta a entidades fundadas en la más pura voracidad financiera. Y el resultado para el ciudadano, para el paciente, pues no hagamos de adivinos, porque lo vamos a vivir. Aunque no me resisto a un vaticinio: tardará más o tardará menos, pero un día en este país, viviremos una burbuja sanitaria. Al tiempo. 

Federalismo y lengua de serpiente

Federalismo y lengua de serpiente

En el electroencefalograma del  noqueado y desaparecido PSOE se ha registrado recientemente un pequeño pico, un pitidito que muestra que al moribundo le queda algo de actividad cerebral. Me refiero a la comunicación que han hecho en el sentido de que están preparando una propuesta para convertir a España en un estado federal. La propuesta, al parecer con la iniciativa de Griñán, está recibiendo las aportaciones de las ejecutivas regionales y ya veremos que sale de ahí. Tiempo de gobierno han tenido desde luego para ello, pero nunca es tarde si la dicha es buena, si es que llega a ser buena y si es que llega a ser dicha. En general, la organización federal puede que sea el encaje necesario y suficiente para que no volvamos a la antigüedad de esta tierra hostil, egoísta y huraña y puede que sea un pequeño paso –ya recorrido por otras naciones prósperas- para ir superando el esquema del estado nación que a todas luces se está quedando viejo. Pero  los ciudadanos necesitamos también  que el poder político y económico se acerque más a los ciudadanos. Y ahí, una de las propuestas que se estudian me parece muy interesante; la desaparición –o no obligatoriedad- de existencia de las provincias como entidades administrativas. La municipalidad (ayuntamientos y entidades comarcales) deberían estar llamadas a jugar un papel fundamental en una sociedad auténticamente democrática, con autonomía y fondos para que los ciudadanos pudieran actuar libremente sobre la organización de la vida en su entorno más cercano.  La situación hoy es la contraria con diputaciones con todas las lacras del gigantismo, municipios quebrados y mancomunidades en descomposición. La idea apunta bien, pero tendrán que excusarnos si no nos hacemos muchas ilusiones; la mancomunidad del municipio en que vivo ha sido destruida en gran medida por el partido que ahora propone estas cosas, por su caciquismo, por su negación despótica a ceder ni un milímetro de poder y autonomía a ayuntamientos y comarcas (y que no me digan lo contrario o tendré que contar pasajes como la designación de presidentes a golpe de teléfono desde instancias superiores del partido en contra de la voluntad de los alcaldes). De modo que una España federal y descentralizada hasta el nivel municipal, sí claro. Pero me lo dice quien hasta ahora ha hablado de ello con legua de serpiente. Y los indios estamos ya bastante escamados. 

Gamberrada en el ente

Gamberrada en el ente

Los cambios realizados recientemente por el gobierno en los principales programas de la radio pública podrían ser calificados, si no queremos ponernos groseros, de gamberrada. Porque una gamberrada es un acto grosero e incivil según el diccionario. Y más comúnmente podríamos decir que una gamberrada  es la gracieta molesta de un metepatas que sólo le hace gracia a él y a sus compinches. La actuación del gobierno ha sido además caciquil y cenutria. Simplemente se ha tomado algo que estaba bien y se le ha dado cuatro patadas (como hacen los gamberros con el mobiliario urbano, por ejemplo) y se ha roto para risa de los cuatro tontos que contemplan la escena. Los programas de la mañana, la tarde y el fin de semana de RNE eran líderes de audiencia y mantenían su línea ascendente. Pero además el nivel de audiencia en este caso coincidía (lo que no pasa siempre) con altos niveles de calidad. Buenos programas sin duda y buenos profesionales al frente. ¿Por qué cepillárselo todo entonces, por qué destrozarlo todo? Ellos sabrán, seguramente porque esos programas y esos periodistas no eran corderitos complacientes. Y se despedazado todo tanto en cuanto a la calidad como en cuanto a la audiencia. Los índices de audiencia son para que se ruborizaran si tuvieran esa capacidad; en una época del año en que sube la audiencia de todas las cadenas, todos lo programa de RNE se pegan batacazos estratosféricos. Pero a nivel de calidad sólo hay que poner enfrente de Juan Ramón Lucas al acartonado y cansino Manolo HH para que la comparación sonroje.  Aún más clamorosa sería la comparación de las tardes entre Toni Garrido con Yolanda Flores que no tiene ni así de gracia (en esta franja por cierto, sale un señor que pronuncia muy bien las elles y larga unos discursos que suenan a la radios de los años cincuenta). A todo esto se le suma el resto de decapitaciones en RNE y TVE y la gamberrada me parece a mí que se pasa de castaño. Y todo proviene de desmontar una ley que aseguraba la necesidad de consenso y diálogo para los nombramientos de directivos en el “ente” y que trajo el episodio casi único de calidad y pluralidad en la radio y televisión públicas; una de las no muchas cosas que sin duda hizo bien el PSOE. Pero algo bueno y en su sitio es una tentación demasiado grande para un gamberro. Y se liaron a patadas. Otras de las muchas.

Economía del bien común

Economía del bien común

Nuestro mundo está fastidiado. ¿No hay alternativa entonces?. Sí y no. No hay alternativas globales, pero sí hay muchas alternativas parciales (ideas y movimientos para nuevas regulaciones financieras, decrecimiento económico, nueva ruralidad, modelos de democracia participativa, ecologismo, etc.). Todas juntas ya son algo. Y la conciencia de la población sobre su necesidad sería algo mucho mayor aun.  Mencionaré aquí el modelo de la Economía del Bien Común, una propuesta del profesor austríaco Christien Felber, que se está extendiendo por el mundo. Un modelo que busca la superación del binomio fatal entre la economía dirigida de la izquierda y el capitalismo salvaje. Dice Felber que el único elemento de valoración del éxito de las empresas actualmente es el financiero, el beneficio. Y propone cambiar y que ese éxito se mida a través de lo que la empresa aporta al bien común de la sociedad, a lo que a la inmensa mayoría de la gente le interesa (relaciones justas y transparentes con los trabajadores y con los clientes y proveedores que promuevan beneficio mutuo, reparto de las rentas dentro unos límites razonables, concepción ecológica de la producción y los servicios, sistemas de venta éticos, incremento de los estándares sociales, eliminación de la discriminación por sexos u otros, participación de los trabajadores, redes colaborativas interempresariales, minimización del reparto de ganancias externos, etc). Se crea para ello una matriz que otorga a la empresa una puntuación en una escala numérica. Todos estos criterios se están desarrollando de modo participativo entre personas y empresas (ya hay incluso algunas grandes empresas europeas que han iniciado este camino). Las empresas podrán publicar su clasificación  y con ello ser más elegibles para los consumidores y crear redes de colaboración entre las empresas afines. Pero además el movimiento se convierte en movimiento político que lucha porque los estados ayuden a extender el modelo, primero con ventajas fiscales y más adelante con la obligatoriedad del modelo. Esto es un rápido esbozo, si desean más información sobre el asunto en internet pueden encontrarla si dificultad. El agotamiento de los modelos universales no debe llevarnos a la frustración y la inacción, sino a la creatividad y el trabajo en múltiples facetas que sumadas, nos saquen de este pozo delirante en el que andamos metidos. 

Por qué están ahí

Por qué están ahí

Los países y las sociedades que los conforman están provistos de un gran impulso debido a la inercia. Existen ordenamientos jurídicos, infraestructuras de todo tipo, flujos de movimientos comerciales, sociales, culturales, etc. Y así, cuando un gobernante llega y se sienta a los  mandos, no tiene que inventarse ni poner en marcha un país como si empezara de cero, porque el país está, mejor o peor, en marcha. Su margen de acción es relativo y limitado y lo que puede hacer es retocar, mejorar, ajustar, si se descartan los momentos de convulsión revolucionaria. Pero además resulta también que dentro de ese ámbito de lo que teóricamente puede hacer, la realidad vuelve a recortar el universo de posibilidades; existen poderes extragubernamentales que marcan ciertas líneas en el suelo, existen necesidades de acuerdo con otras fuerzas políticas, existe un marco supranacional en el que estamos metidos, existen cambios que son aceptables para la población y otros que no lo son, y otro sinfín de circunstancias que limitan el poder de decisión.  Existe otro más que se suelen autoimponer los propios gobernantes por el interés de desarrollar cambios que tengan resultados en el corto plazo porque la lucha por el mantenimiento del poder  es consustancial con la política y la organización que le ha puesto ahí presionará para que la toma de decisiones se haga siempre mirando hacia las próximas y siempre cercanas elecciones.  De modo que hay demasiadas fuerzas que empujan limitando la capacidad de acción de un gobierno.  Con esto,  los gobiernos pueden salir adelante haciendo poco, siempre y cuando esa inercia del país navegue con viento favorable. Pero cuando los vientos son contrarios, y además soplan con la virulencia que lo hace actualmente con la crisis, la cosa cambia drásticamente.  Aquí los marineros de bajura son incapaces de mantener el rumbo, bien porque no harán lo suficiente, bien porque caerán en la histeria. Los políticos mediocres, ciudadanos romos,  polillas aparatistas que apenas conocen más mundo que las reuniones de partido y el trasiego de canonjías en los pasillos, se ven enfrentados a tareas muy superiores a sus sueños de reformitas,  cochecito oficial y agenda de inauguraciones por mares encalmados. Desde que comenzó la crisis lo hemos comprobado; un país con problemas les viene grande.  La reflexión debe ser por qué están ahí. 

La tartana y el AVE

La tartana y el AVE

Decía Josep Pla “yo soy un hombre de la época de las tartanas y las bicicletas. De muy joven, aprendí  a atar un caballo a una tartana, y a guiarla, riendas en mano. Las carreteras eran malas, los caminos infernales, pero también se llegaba.” Desde esta sencillez profunda de Pla se me ocurre que una de las causas más importantes de lo desapacible de nuestros tiempos estriba en la prisa.  La prisa es una consecuencia coherente de sociedades centradas en lo material, en el tener, en la riqueza. La prisa engrasa el mecanismo de un círculo vicioso pues empuja al individuo a trazarse metas más cortas, más sencillas, más objetivables y por tanto más cercanas a lo tangible y material. O si lo prefieren, metas más cercanas al tener que al ser.  En la fuerza centrífuga de ese círculo van saliendo despedidas la aspiración al conocimiento, a la pereza creativa, a las relaciones frecuentes y calmadas con los demás, a la lenta pesquisa del conocimiento de uno mismo, a la observación y búsqueda de cierta armonía con la naturaleza.  Todas ellas son actitudes y actividades que nos pueden acercar a nuestro desarrollo como seres humanos y a la conquista no de la felicidad que es una entelequia, sino a la satisfacción, a la paz, a la alegría. Son actividades además que a pesar de fijarse largos plazos, nos ofrecen la compensación de comenzar a darnos sus frutos desde el momento mismo en que nos ponemos en camino. Son bastante ineficaces sin embargo para conseguir cosas; para conseguir cosas hay que poner sobre la mesa mucha prisa y mucho esfuerzo, es necesario que nos dejemos esclavizar por la promesa  de conseguir poseer algo.  Y así, el ser humano que vive en la civilización de la prisa es un ser patológico, que huye de sí mismo en una alocada carrera. Esta enfermedad alcanza a todas las dimensiones de su vida y por supuesto también a la política. Con esta tara, la política deja de ser la organización de la convivencia y del bien común para convertirse en un mercado de ficciones de prosperidad e incrementos de riquezas personales subastadas en la bolsa de las votaciones.  El voto convertido en moneda. Países convertidos en centros comerciales. El deslumbrante ritmo vertiginoso de pagar y tener. Pasar de la tartana al AVE está resultando a la postre demasiado caro; llegamos al mismo sitio (aquel que nuestro corazón sea capaz de imaginar)pero tanto o más cansados e hipotecados hasta las pestañas.

Territorio frontera

Territorio frontera

La buena poesía debe tener siempre algo de espejo, tiene que ser un camino que, llevado de la mano de otro, nos conduzca a territorios desconocidos de nuestro propio interior. Por eso avanzo ya que el libro de reciente aparición Territorio frontera, de Javier Lorenzo, es buena poesía.  Cuando Lorenzo en esos versos se detiene y mira su vida, vemos la nuestra, la de cada uno. En este libro el poeta, traspuesto ya el umbral de acceso a la madurez, se detiene a reflexionar sobre las emociones que este paso conlleva y llega así a la verdad sencilla que a todos nos ataca y él canta: “Ser yo tal como soy es la promesa / mi trabajo diario, la única solución, / aquello que atesoro, el desenlace.”  Esta claridad reconciliatoria se alcanza desde el ejercicio de dejar la mirada atenta recorrer cualquier cosa que caiga bajo su influjo, que puede ser un maizal creciendo o el vuelo de los vencejos. En el primer caso, el poema desemboca en la constatación de que todo el esplendor del futuro sucede ya, a cada momento: “Me duele lo que tengo, lo que observo me calma / del dolor y de la duda. Esta guarida tiene / un hallado festín para los ojos / que me conduce ¿a dónde? / A un instante, a un mundo, a la grandeza.”  En el segundo, ese cielo cruzado por el vuelo de los vencejos muestran su verdad certera que ayuda al poeta a situarse en el mundo: “A veces, como unidos a mí de tarde en tarde, / hay momentos domésticos que son, para la edad, / conocimiento”.  Se trata de un camino que lleva hacia adentro volcándose en lo que está fuera, hasta las más pequeñas cosas, o quizás especialmente las pequeñas cosas,  y refiriéndose a ellas querer “hacer de cada una la razón / del lugar que ahora ocupas / y que posee los mismos elementos que tu fugacidad”. Javier Lorenzo es en este libro, tal como textualmente nos dice en un verso “un hombre detenido”, un hombre que contempla su mudanza en la quietud magnífica del presente,  que clausura un tiempo pasado e inaugura otro tiempo desconocido sobre el que se proyecta una sobria esperanza. Este libro, que ha sido acreedor al premio Jaime Gil de Biedma, es el libro de un poeta maduro que ha conseguido una de las metas primordiales de cualquier poeta: una voz propia. Es un gran libro, es buena poesía, es un espejo en el que cualquiera podrá mirarse. 

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La marca España

La marca España

En los últimos tiempos se ha puesto de moda la expresión “la marca España”. Es una más de las tantas expresiones que provienen de lo mercantil y se extienden a otros muchos campos. Como cuando hablamos de “venderle” algo a alguien en el sentido de convencerlo de algo y curiosamente con un fondo significativo de engaño. Hablamos de estar “hipotecados” por algo que dijimos o a lo que nos comprometimos, que algo “nos pasa factura”,  y otro sinfín de expresiones similares.  Todo esto, me parece a mí, es un reflejo de la enorme mercantilización en que está inmersa nuestra vida. Y “la marca España”  es un fruto más de esa situación, un fruto enorme que abarca ya a la propia ideal global del país en que vivimos. El país concebido como una gama de productos que están a la venta. Por más que la expresión sea un poco cursi, un poco pedante, un poco fea, no deja de ser apropiada en lo que tiene de quitarse la careta en un mercado global donde todo se compra y se vende. El país con todo lo tangible y lo intangible que contiene puesto a la venta. Deberíamos reflexionar entonces sobre cuáles son esos productos que se pretenden valorizar y vender dentro de esa pretendida marca. Y mucho me temo que cuando las ventas se produzcan y las mercancías vayan siendo sacadas de las estanterías en que aguardan, sentiremos que trozos de nosotros mismos nos son arrancados.  

Porque si algo es España, o cualquier otro país, es sobre todo la suma de las personas que viven aquí. Y yo me resisto a ser mercancía muda, ciega y sorda que reposa en un almacén. Por supuesto estoy exagerando, pero no tanto como para que no haya algún grano de verdad en esto que digo.  Si convertimos a un país en un logotipo puede que esto mejore los negocios de este país. Pero sucede que los países son algo más que los negocios que puedan llegar a generar, que el dinero que sean capaces de hacer correr, que la riqueza que puedan ambicionar o conseguir. Una marca procura la facilidad en la comunicación conteniendo un puñado de conceptos en una palabra. Y la múltiple realidad restante queda escondida y olvidada en esas cuatro cosas que comunica. Y esa múltiple realidad olvidada somos usted y yo y nuestra multiforme capacidad de ser humanos. Y sé que exagero, sí. Sí, pero. 

Ideologías

Ideologías

En la actual coyuntura que vivimos hoy en día en España y en el resto de Europa y el mundo, las ideologías están mostrando su incapacidad para llevarnos hacia una solución de nuestros problemas. Y esto sucede tanto porque los cuerpos ideológicos que han llegado hasta nosotros han visto como la realidad que analizaban cambia a ritmo vertiginoso, como porque esas ideologías se han deformado y devaluado por su búsqueda del poder como supuesto único camino para para cumplirse. Pero esta situación y las urgencias de transformación que sentimos, nos hacen pensar de nuevo de la propio viabilidad transformadora de las ideologías, de su poder de análisis y de elaboración de proyectos políticos y sociales. Rafael Sánchez Ferlosio se posicionaba en el sentido de la inutilidad de las ideologías: “ Tener ideología es no tener ideas. Éstas no son como las cerezas, sino que vienen sueltas, hasta el punto de que una misma persona puede juntar varias que se hallan en conflicto unas con otras. Las ideologías son, en cambio, como paquetes de ideas prestablecidos, conjuntos de tics fisionómicamente coherentes, como rasgos clasificatorios que se copertenecen en una taxonomía o tipología personal socialmente congelada". O dicho de otro modo las ideologías no sirven porque impiden el pensamiento y quedan desfasadas desde el mismo momento de su nacimiento. Las ideologías podrían ser en realidad respuestas en círculo que no fallan (como esos cuchillos excesivamente buenos que cortan el filete, el hueso y el plato en imagen tomada de un conferenciante que escuché hace tiempo). Lo dice con sencillez Ramón Eder: “Lo malo de los sistemas de pensamiento es que sistemáticamente se hacen trampas para que las cuentas salgan”. De este modo el mantenimiento de los análisis de las ideologías como generadoras de proyectos convierten a las propias ideologías emancipatorias en consevadoras. El poeta Ángel Crespo tiene un sencillo pero profundo aforismo que nos habla de esto: “No sólo son reaccionarios quienes sólo piensan en el pasado: también lo son aquellos que no piensan más que en el futuro”.

Sin proyecto, sin modelo, sin ideología, ¿cuáles son entonces las herramientas que guíen la acción, el anhelo y el camino de mejora? Se admiten ideas. 

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