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El Puente. León Molina

Resto 2006

Ridículos

Ridículos La geopolítica internacional no entiende de cadáveres despanzurrados a la puerta de su casa. El eje occidental y el eje árabe juegan su partida en palacio y cada ficha que cae sobre el tablero aplasta un buen montón de personas que pasaban por allí como moscas distraídas. Yo, que según me ha definido recientemente el Sr. Rajoy, soy un ridículo, un grotesco, un paleto, un progre antiguo y un estrafalario, no puedo entender la bendición de la brutalidad por aquellos que aspiran a conducir nuestro país. Si se acepta que el secuestro de los soldados israelíes por parte de Hezbolá legitima las acciones que están llevando a cabo el ejército judío, tendríamos que –siendo consecuentes- llegar a conclusiones respecto a nuestro país que ponen los pelos de punta. Si fuera así, cada atentado terrorista hubiera legitimado al gobierno español para bombardear al País Vasco y para meter los cazas y los tanques en el sur de Francia en busca de los etarras. No ha sido así por suerte. Este país ha preferido ser ridículo, estrafalario y grotesco y está ganando la batalla al terror sin peligro de guerras internaciones ni más víctimas inocentes que las de los terroristas, de las cuales no somos responsables. Se pretende seguir la doctrina de Bush de “conmigo o contra mí”, aunque para muchos ciudadanos esa opción sea idiota e injusta. Yo no estoy en contra de los Estados Unidos, pero no tengo porqué estar siempre a favor y callar cuando creo que cometen errores o injusticias. Pero si lo hago me llamarán antiyanqui y progre antiguo. Pero esa actitud no es nueva, ya la venían practicando desde hace mucho tiempo los sionistas; cualquier crítica hacia sus actividades es inmediatamente calificada de antisemitismo. De modo que por considerar yo que el secuestro de los soldados judíos es un acto terrorista deplorable y condenable y que la reacción del gobierno judío es desmedida y criminal y que los apoyos de Irán y de los Estados Unidos a cada parte son irresponsables y malvados, resulta que quedo convertido en antisemita, antiyanqui, antiarabe, progre antiguo y paleto. Pero todo ese torrente de descalificaciones preventivas no van a quitarme el sueño. La vergüenza no es para mí, es para ellos proclamada en los rostros desfigurados de los muertos de Líbano, de Israel, de Irak, de Estados Unidos, de España y de todo el mundo donde la violencia fundamentalista, imperialista y geopolítica despliega su negro manto. No encuentro, sinceramente, la motivación para abandonar mi actual condición y ser con ellos moderno, simpático, hermoso y cosmopolita.

Melancolía de la discusión

Melancolía de la discusión

Estoy preocupado. Cada vez me resulta más difícil sostener una conversación que no sea de algún modo frustrante. Y me preocupa porque considero que la conversación es una de las actividades más fecundas del ser humano. Por un lado, resulta que la mayor parte de las conversaciones vienen a ser una especie de agregación desordenada de monólogos. En estos monólogos compartidos se suelen enlazar una retahíla de lugares comunes, de opiniones sospechosamente parecidas y las discusiones no suelen pasar de un una guerrilla ruidosa y desordenada por imponer la propia, que no suele ser propia. Viene de lejos, por lo que se ve; en uno de sus deliciosos ensayos, Montaigne dice “Habrían de estar prohibidas y penadas nuestras discusiones como crímenes verbales. ¡Cuánto vicio despiertan y amontonan, regidas y mandadas como están siempre por la cólera!. Nos enemistamos primero con las ideas y luego con los hombres. No aprendemos a discutir sino para contradecir; y al contradecir cada cual y ser contradicho, ocurre que el fruto de la discusión es perder y anular la verdad”. No quiere decir Montaigne que la discusión no deba ser ardorosa, sino que el objetivo de vencer ocupa el lugar del que sería deseable; convencer – y de paso aprender-. “ Si converso con alma fuerte y duro adversario, atácame por los flancos, espoléame por un lado y por otro; sus ideas impulsan a las mías; los celos, la gloria, la emulación, me empujan y me elevan por encima de mí mismo, y es la unanimidad cosa muy tediosa en la conversación”. Para conseguir esto existe en nuestro mundo un gran estorbo; la falsa y garbancera moral de lo políticamente correcto que nos invade. La democracia me debe parecer perfecta, me debo emocionar con los Juegos Paralímpicos, debo creer que el psicoanálisis no es un fracaso, tengo que considerar respetable cualquier opinión idiota... Si a esto unimos que si utilizo en la conversación lo que sé, me dirán que hago trampas; el orden y el rigor es sinónimo de pedantería y de trampa porque cambio de juego y no me dedico a parlotear para vencer sino que quiero convencer y aprender y soy expulsado del juego. De modo que cada vez mido más mis intervenciones “en serio” y quedo melancólicamente deseando ser “ multitud para mí mismo en lugares solitarios” como propuso el poeta Tíbulo hace más de dos mil años. Aunque para una fuerte discusión sin moralina, sin prisioneros y con rigor, siempre me encontrareis dispuesto... Y para echar unas risas, también. www.elpuente.blogia.com

Vernaculeces

Vernaculeces La Plataforma para los Derechos Lingüísticos y Culturales de los Usuarios de la Lengua de Signos – la utilizada por los sordos-  Catalana  con el apoyo de partidos políticos, ha solicitado que se respeten las particularidades de la lengua de signos catalana en la próxima ley de signos que prepara el gobierno. Dicen los solicitantes que si no se hace así, la lengua catalana de signos desaparecerá. La lectura de esta noticia me ha proporcionado una doble oportunidad de combatir mi ignorancia. Por un lado he descubierto que el gobierno en efecto prepara la mencionada ley, y por otro, he descubierto que existe una lengua de signos en catalán. Esto me hace suponer también que debe existir una lengua de signos en vascuence, en gallego y vaya usted a saber si también en aragonés, andaluz, manchego, etc. Sin duda es algo curioso. Siempre me había llamado la atención el lenguaje de signos usados por los sordos y me admiraba el invento tan funcional y eficaz. Veía en esa lengua algo así como un esperanto específico para los sordos y sus familias que es capaz de derribar la alta barrera que se oponía a la comunicación fluída en este colectivo interna y externamente. Creía que esta lengua era un logro humano, como los mejores logros de los hombres, universal. Pero se ve que no es exactamente así. Pienso en un esperanto lleno de respeto hacia particularidades lingüísticas locales, de modo que existiera un modo en español, otro en francés, en catalán, etc. Cada grupo de usuarios de los esperantos locales defendería el suyo particular para que no desapareciera frente al esperanto universal. De modo que tendríamos que inventar un esperanto de esperantos y volver a empezar en una rueda hasta el infinito o, una vez conseguido el objetivo de habladores de esperantos locales analfabetos en el esperanto universal, invertir enormes energías y cantidades de dinero en poner traductores del esperanto al esperanto en medios de comunicación, educación, etc. En este caso, además de la pasta gansa, habríamos perdido, creo yo, la gracia del invento. Pero la cosa de la sagrada cultura vernácula, oral o de signos,  tiene estas cosas. Sin duda tenemos que estar en guardia frente al colonialismo salvaje del español sobre los españoles y luchar contra el esperanto que ya está demasiado extendido y que se llama inglés. Y sucede también que yo ya entiendo muy bien al sordo de mi pueblo cuando me manda a la mierda en lenguaje de signos serranoalbaceteño, el cual, no tengo dudas, respetará también escrupulosamente la ley.

Bocachancla

Bocachancla ¡Bocachancla!. ¡Es usted un bocachancla!. Qué plástica expresión. Qué rotundo remate de discusión de parlamentarios. Eso fue lo que le dijo el otro día el Sr. Aguirre (PNV) al Sr. Urquijo (PP) después de que éste dijera de aquél que es un recaudador de impuestos revolucionarios. Seguramente es adecuado que los políticos tengan vedado el uso del insulto al contrario, pero debe ser para ellos un auténtico calvario someterse a tal disciplina. Porque, ¿qué sería de nosotros si tuviéramos que coser nuestra boca para no soltar alguna palabra gruesa de vez en cuando?. El insulto es algo así como la salsa del pensamiento, los signos de puntuación de un debate jugoso y la válvula de la que se suelta la presión con la que se podría llegar los golpes.. Por los políticos son tan aburridos; no dicen ni jolines ni ahí te pudras. Hay formas ingeniosas y refinadas y otras groseras, rotundas y hermosas. Entre las primeras se encuentra la muy repetida que la leyenda atribuye a Cela. El escritor dijo de alguien que era un idiota. Cuando se le dijo que no insultara, el nobel dijo que  él no había hecho tal cosa y que llamar idiota al aludido no era un insulto, sino un diagnóstico. En un grado aún mayor de refinamiento se situó Churchill en una ocasión en que le tocó de compañera de mesa una señora pesada que se pasó toda la cena criticándole y echándole en cara comportamientos y actuaciones. La señora quiso redondear sus ataques con una imagen que el político cazó al vuelo. “Señor Churchill, le diré finalmente que si yo estuviera casada con usted,  sin duda le envenenaría el té”, a lo que éste respondió: “en tal situación, señora mía, yo no dudaría un instante en bebérmelo”. Eso está muy bien. Pero no todos somos Churchill. El resto de los mortales seguramente nos sentiríamos mejor diciéndole a la impertinente: “Señora, me tiene usted hasta los mismísimos huevos, y si ha pensado usted alguna vez en irse a tomar por culo, éste es un buen momento porque yo hasta le pago el taxi”. ¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos decirle a alguien que es un capullo?, ¿Cómo nos podríamos entender a veces hablando de un tercero si no pudiéramos decir que es un gilipollas integral?. Díganme una palabra mejor para describir a un coñazo que la palabra coñazo. Y cuando topamos con un hijoputa, ¿qué expresión podríamos encontrar tan certera como “menudo pedazo de hijoputa”?. Son palabras esenciales para la propiedad expresiva y  la salud mental. Y si no las usamos nos podemos todos quedar convertidos en unos bocachanclas.

Mar Mítica

Mar Mítica Nuestro viejo y bello Mediterráneo sangra por los cuatro costados. Y la herida no promete más que agrandarse. La ONU en su Plan Azul lo ha avisado recientemente: “Los efectos de la urbanización desmesurada de la costa Mediterránea en los veintiún países ribereños tendrá un efecto desastroso”,  en 20 años la costa incrementará su población en un 30% alcanzando los 100 millones, mientras que los visitantes anuales pasarán de 175 millones a más de 300. Para ello se urbanizarán 4.000 nuevos kilómetros de costa, lo que arrastrará consigo una enorme actividad de construcción de puertos, aeropuertos, carreteras, viviendas, centrales energéticas (nada menos que sobre 160 más), disparará el consumo de agua en países que carecen de ella, la necesidad de reciclado de basuras y degradará el paisaje y la biodiversidad. España, que lleva la triste delantera en este asunto, ha recalificado en los últimos años 22 millones de kilómetros cuadrados de terrenos costeros,  proyecta en estos momentos la construcción de 60 campos de golf y se estima que se construirán hasta 2025 más de 700.000 apartamentos. Y eso cuando el modelo de sol y playa promete problemas en el futuro por falta de competitividad frente a países emergentes (Túnez, por ejemplo, ha copiado el modelo español tal cual, forma a sus técnicos turísticos en España, tiene tanto sol y playa como ella, construye apartamentos y hoteles a un ritmo frenético y ofrece vacaciones a un precio muy inferior que su maestra). Como la costa mediterránea española ya está casi llena, la furia constructiva ha derivado hacia la segunda línea, comiéndose los montes hasta varios kilómetros tierra adentro y hacia los escasos espacios que quedaban sin urbanizar (Murcia y Almería singularmente, donde se ha tendido una nueva autovía que hoy no es necesaria, pero que se ha construido como complemento y estímulo de lo que viene y donde el gobierno murciano ha intentado incluso quitar la protección al Parque Natural de Calblanque, auténtica y hermosa reliquia que sobrevive entre el horror de La Manga y uno de las mayores destrucciones de costa en Europa, la bahía de Portman, desaparecida bajo los escombros mineros que se han vertido en ella hasta hace bien poco). La costa mediterránea española es el gran parque temático de la destrucción de la naturaleza y el paisaje. El espectáculo seguirá porque no hay vuelta atrás y no hay dios que pueda pagar esa bancarrota, y además parece que nos gusta. Ya estamos en el descabello. Nunca la miseria lució tanto oropel.

Voces

Voces Procedo de una larga cuerda de menesterosos que corrían hacia América mientras el perro del hambre les mordía el trasero. Ellos siempre perdieron en la historia de España. Cuando cayeron los intentos liberales de la España moderna bajo la oligarquía y la Iglesia, ellos recibieron el envenenado consuelo del hambre. Cuando la Ilustración quiso y no pudo, ellos ni siquiera llegaron a tener la ilusión de librarse de la miseria. Cuando España era el imperio del mundo, ellos pusieron su famélica cadena de muertos. Y corrieron hambrientos detrás de las veloces fronteras de la España Medieval. Y dieron de comer a la antigua Hispania con su hambre. Y así siempre. Cubanos españoles -valga la redundancia- a quienes el hambre y la ausencia de libertad empujaron de nuevo a la península. Con ellos me trajeron; un mocoso que ha vivido los mejores años en toda la historia de este país. Por primera vez mis padres, yo mismo, mis hijos, somos españoles libres que viven sin temor a la miseria. Y somos también, más a allá de la retórica, ciudadanos europeos. En cierta medida hemos conseguido ser españoles porque somos europeos. Y somos europeos porque hemos resistido siglos de cadenas y miserias sin dejar de ser españoles. Hemos sido españoles aunque hayamos sido también cubanos, catalanes, extremeños, gallegos..., aunque hayamos sido romanos, godos, mozárabes, judíos conversos, castellanos viejos... En este rincón del mundo entre África y Europa, los siglos nos fueron convirtiendo por casualidad en españoles, algo sin importancia. Pero es lo que somos. Pueden cambiar las fronteras, pueden desaparecer o surgir nuevas, pero caigamos en el lado que caigamos, seguiremos siéndolo. Para bien o para mal España es una de esas culturas esenciales en la historia del mundo que le impedirá desaparecer aunque desaparezca la nación y el estado. Eso no lo podrá deshacer la estupidez rampante de los nacionalismos periféricos que hunden su discurso en el integrismo católico y rancio de los viejos curas vascos, en la avaricia mercantil de la burguesía catalana. Porque por mucho que les pueda pesar, su cultura catalana es también española, su cultura vasca es también española. Soy español porque no puedo ni me apetece ser otra cosa. Pertenezco a la cultura española, aunque el estado español me da lo mismo.  Pero sucede que en este estado hoy se es libre y se come. Y al recordar la larga lista de antepasados hambrientos y esclavos creo escuchar sus voces pidiéndome que cuide esta España que ellos nunca tuvieron.

Sábado magnífico

Sábado magnífico Ayer (escribo estas líneas el domingo) fue un día grande para Albacete. Más que grande fue un día grandismo. En el espacio de pocas horas tuvieron lugar dos espectáculos que obtuvieron un seguimiento popular enorme. Por la tarde en el parque la ofrenda floral para conmemorar el cincuentenario de la coronación de la Virgen de los Llanos y poco después, en el estadio Carlos Belmonte, un encuentro de fútbol con la selección española. Al primero acudieron según la policía municipal veinte mil personas y al segundo dieciocho mil.  Gol de la virgen. Por cierto que en muchos ciudadanos  deben coincidir las condiciones de devotos marianos y futboleros, porque si descontamos los ateos rebordecidos, los que no van al fútbol, los que llenaban los merenderos, los que se fueron a su pueblo o a la playa, se pone la cuenta dificililla, a pesar de los refuerzos para uno y otro evento que sin duda llegaron de los pueblos cercanos. De ambos espectáculos me llama la atención el poder de movilización de lo que podríamos llamar nacionalismo folklórico. Es un nacionalismo festivo, aparentemente no violento pero cargado de la emoción y autoafirmación de lo propio como señal distintiva del resto. En el caso de la conmemoración de la coronación de la virgen (expresión de conspicuo significado), es necesario aceptar la pirueta conceptual habitual del catolicismo de venerar a una virgen particular con nombre propio, distinta de las demás, cuando se trata de una única entidad. Sin embargo, la particularidad de la virgen propia y su especial dedicación a los paisanos parece confortar a los fieles. Ellos, agradecidos, la asumen como estandarte y la veneran. Claro que ya sabemos que a Lutero que aclaró en su día estas cosas, aquí lo echamos al pilón. Lutero no llegó a explicar sin embargo que el dios de los católicos, el de los judíos, el de los islámicos o es el mismo o no es nada. Espinoza sí que lo explicó, pero ese Dios no tiene cuerpo ni cara, con lo que los ritos quedan muy deslucidos y no sirven para esto de la afirmación de la patria chica. La Virgen de los Llanos es lo nuestro, lo que nos identifica y diferencia de los otros que tienen otras vírgenes. Sin salir de nuestra provincia hay ritos basados en robos de imágenes de una aldea por otra cercana, con los subsiguientes actos heroicos de recuperación y lavado de afrenta. Con el fútbol no hacen falta esas finuras intelectuales, la selección somos todos y arreando. Nuestra virgen nos identifica, como dice nuestro alcalde rojo. Magnífico sábado. Para la perfección sólo nos faltó una buena corrida de toros.

Plá y la educación

Plá y la educación Extraigo del libro de sentencias y aforismos de Josep Plá Sentencias e Impresiones, recopiladas por Andrés Gómez-Flores, la  siguiente: “La educación del hombre, en tanto que cultivo de lo que tiene de más personal, individual e insoluble, ha pasado a la historia. La educación consiste en el cultivo de la mediocridad imitativa generalizada”. La sentencia es una forma de discurso pequeña pero global, sin matices ni argumentaciones, que va al fondo de la cuestión sin titubeos, por lo que espera del lector más que acuerdo, adhesión. Ahí estriba su peligro, pero también su magia. Por lo tanto, no sé si Plá en este caso lleva razón o no, pero me adhiero. Nebulosamente, difusamente, sin necesidad de estudios o argumentos, sé que eso es así. Pero a partir de ahì, razonando un poco, podemos empezar a ver los síntomas de esa verdad. Un ejemplo es la constante batalla social y política que existe para definir los planes de estudios en los distintos niveles educativos. ¿Por qué  tanto interés?. A mi modo de ver la educación se concibe como el instrumento socializador del individuo, no como el instrumento liberador. Dicen que sí, que la educación libera, pero es una libertad con trampa porque tú no haces las preguntas, sólo respondes las preguntas que ya están hechas dentro de los límites de lo socialmente aceptado, mientras que la puesta en cuestión de los valores dominantes se considera heterodoxia ácrata y peligrosa. Es algo desde luego coherente con nuestro sistema económico y social, que no necesita para nada ciudadanos libres, ácratas, ni críticos, sino consumidores homogéneos que se conforman con elegir entre Burguer King o Mcdonald´s, entre Bisbal o Richy Martin, Renault o Citroen, Cancún o Praga, PSOE o PP. Y cada elección es una trampa porque ha dejado fuera un mundo de posibilidades. ¿Cómo quieres que te mate de una puñalada o de un tiro?. Si respondes, estás muerto. Hablemos de tu derecho a matarme y si no se puede hablar, ganará el más bruto, pero no me vas a enredar con la pregunta. Por eso no está bien vista una educación abierta al modo socrático, una educación sin prisas y sin programas. Ya dice el sistema educativo lo que hay que saber y presiona a los educadores para hacerlos meros agentes de la doctrina. Al tiempo que éstos se frustran, a los educandos se les rebaja el nivel de exigencia para que sean incultos si quieren, pero que consigan su título que no es otro que el de ciudadano. Y la verdadera educación, queda para los cuatro raritos curiosos que no pintan nada entre nosotros.

Graellsia Isabelae

Graellsia Isabelae Hace unos días llegó hasta la fachada de mi casa una mariposa que no había visto nunca. Era grande como una mano y de un colorido deslumbrante. Fui corriendo a coger mi cámara y logré unos primeros planos estupendos. Como soy bastante ignorante en estas cuestiones, mandé la foto por internet a mi primo Chobal, que es biólogo con mucha observación de campo a sus espaldas. Recibí en respuesta un correo en el cual, después de insultarme cariñosamente, me decía que esa mariposa era una Graellsia Isabelae, una especie protegida muy rara que sólo se encuentra en algunos lugares apartados del sureste español y que él en todas sus jornadas de campo jamás había conseguido ver una en vivo. El suceso es sin duda intrascendente, pero a mí me pareció que podía ser una buena metáfora de la propia vida. Alguien que busca algo con ahínco, que se prepara, estudia, que le echa entusiasmo y horas no consigue nunca el objeto de sus anhelos y, mientras tanto, un indocumentado que no sabe ni lo que es eso, se encuentra de pronto con el regalo de su visión. La vida es así; azarosa, impredecible e injusta. La suerte del ser humano es que puede llegar a desear muchas cosas y de este modo que le suene la flauta con alguna de ellas. Si no fuera así, la vida sería el más perfecto mecanismo de tortura y frustración. Cabe también una posición sin duda saludable, la que se refleja en el título de aquella hermosa canción de Crosby, Stills and Nash: Si no tienes contigo a quien amas, ama a quien está contigo. De modo que, aplicándome el cuento, yo he disfrutado como un niño con mi visión y descubrimiento de la Grellsia, como si hubiera estado toda la vida buscándola. Pero no es fácil. Solemos tener cada uno de nosotros la foto de nuestra Graellsia pegada en la frente y no dejamos espacio para nada más. Venimos a ser como niños grandes; Yo quiero mi Graellsia, y si no me dan mi Graelsia me enfado. Sin embargo la vida no deja de hacernos llegar cada día todo tipo de mariposas, de regalos que sólo lo serán si somos capaces de entenderlos así, de extrañarnos lo suficiente, si somos capaces de buscar un poco de inocencia en nuestros ojos obsesivos.  La vida es una putada diseñada por una mente enferma, la vida no tiene sentido. De acuerdo. Por esa misma razón, hay que tener la cámara preparada para el momento en que los vientos de la casualidad traigan hasta tu fachada un Graellsia. Y por supuesto, lo más importante de todo, hay que buscarse primos o amigos que entiendan de mariposas. Que es que así da más gusto.

Surferos de la realidad

Surferos de la realidad Somos surferos de la realidad. Todos los que leemos prensa o seguimos los informativos de radio y televisión esperamos cada día una ola buena de noticias jugosas que nos suba la adrenalina y nos sumerja en el túnel ruidoso de la actualidad. Pero entre los surferos hay pocos biólogos marinos. Este trocito del mar constituido por su más escueta ribera rizada con sus olas, siempre iguales y distintas,  es un mundo más que suficiente para el que cabalga sobre ellas con un fondo de música californiana. Es nuestro universo de surferos. Las inmensidades que sustentan el mar, quedan por lo general fuera de nuestro interés. Las noticias llegan con un fragor que a veces no nos permite siquiera escuchar, nos montamos sobre su blanca espuma, apuramos su impulso hasta el revolcón final y nos sentimos vivos y plenamente instalados en el mundo durante esos instantes que dura su fuerza. Después la ola se diluye, es devorada por las arenas del olvido inmediato y la visión de la nueva ola que se gesta a unos pocos metros mar adentro. Mientras, en el mismo mar, las ballenas viajan de uno a otro continente hechizando las aguas con su canto, los corales desovan en una nevada al revés y los pecios de siglos duermen arropados en el silencio y la oscuridad. Venimos del mar. Somos una compleja y extraña extensión del mar. El mundo es como ese mar del que venimos; grande, desconocido, complejo y lleno de vida. Pero las olas nos entretienen lo bastante como para no buscar en sus profundidades. De modo que cabalgamos sobre la gran ola del estatut hasta que muere en un siseo, nos ponemos de pie sobre la tabla mientras Marbella y sus chorizos nos impulsan contra los cementos de la playa,  braceamos panza a bajo para coger toda la furia de Irak, nos dejamos envolver por el tubo azul de las hambrunas del mundo hasta salir de él indemnes camino de nuestra toalla. ¿Y qué fue de las olas de ayer mismo?; silencio y olvido. ¿De qué sirven las olas de ayer a un surfero?. En las rompientes hay demasiado ruido para escuchar el mar y sus secretos. Con frecuencia pienso que debería quitarme estas ridículas prendas fosforescentes, estas gafas de espejo, tirar la tabla a un vertedero y hacerme una cabaña en un acantilado desde donde se vea el mar a lo lejos y en el silencio poder pensarlo. Pero la excitación de las olas acaba siempre por volver y pongo el euro sobre el mostrador del estanco y vigilo el reloj cuando se acercan las tres de la tarde para poner el telediario. Y que las olas de nuevo me alejen del mar.

Un canalillo en la pasarela

Un canalillo en la pasarela Vi el otro día en una noticia en la prensa en la que se decía que un famoso diseñador había creado una línea de ropa especialmente pensada para mujeres rellenitas, de tallas grandes, con la sana intención de mostrar que ellas también pueden lucir modelos a la última y resultar atractivas. Como ilustración de la noticia, había una fotografía de una de las modelos en la pasarela. Me fijé en esa modelo “rellenita”. Y no me cabía la más mínima duda; estaba la muchacha que se rompía. Desde luego no era una flaca al uso. Era una mujer de estructura corporal ancha, con grandes caderas, grandes pechos, brazos y piernas robustos aunque bien torneados, como se decía antes, labios gruesos, y nada de cara de cabreo con el mundo, sino una espléndida sonrisa vital y sensual. Buenísima que estaba, ya digo. ¿Y el pavo este quiere convencer a estas mujeres de que ellas “también” pueden sentirse bien y ser atractivas?. Se habrá quebrado. Aunque bien pensado los estereotipos de la estupidez esa a la que llaman moda puede que hayan convencido a muchas mujeres- esas mujeres precisamente que nos hacen volver la cabeza a los hombres- de que son unas gordas antiestéticas. Pues lo siento por ellas. Lo siento en primer lugar porque están en un error. Pónganle delante a un grupo de hombres fotos de Marilyn, de Sofía Loren, de Ava Gardner   y unas cuantas de esas famélicas modelos con cara de hambruna y mala leche y pídanles que escojan según sus gustos. Me juego el pescuezo a que gana la vieja ola por goleada. Hablando de esto con mis hijos hice la prueba por si eran cosas mías de viejales, pero no. Jorge dice, soltando un sonoro soplido, que Marilyn “es la caña”, que “se sale”. Recientemente una de nuestras queridas y paritarias ministras se reunió con modistos y modistas (esos sastrecillos y sastrecillas que van de artistas y hacen ropa que nadie se pone pero con la que se hinchan a vender otras cosas) y les pidió que unifiquen tallas y que lleguen incluso a las de los seres humanos vivos. Todo ello motivado por la lucha por esa ¿enfermedad? de la opulencia que consiste en no comer hasta morir de hambre. No creo que consigan nada. La estupidez y el bussines es bastante más poderoso que el sentido común y, por supuesto que la estética. De modo que mientras las mujeres sufren por no parecerse a esas esqueléticas potrillas que trotan aparatosamente por las pasarelas, nuestros sueños masculinos se hunden en profundos y prietos canalillos. Así que no sufráis, hermosas mías, que nos gustáis así

VOLVER A VOLVER

VOLVER A VOLVER

Cuantas más películas de Almodóvar veo, más me gusta John Ford. Y es que ayer piqué otra vez. Fui a ver Volver a pesar de que hace tiempo dije que no volvería a ver una peli de Almodóvar. Y  volví a Volver. ¡Qué tontuna!, ¡Qué aburrimiento!. Me dejé llevar una vez más por los comentarios maravillados que me llegaban, por las críticas de elogio encendido, por la flaqueza de la duda, y... la curiosidad mató al gato; chasco de nuevo. Y eso que el Almodóvar es un tío que me cae bien, y tengo buenos recuerdos de su época inicial rompedora cuando aquellas películas nos pillaron con aquellos pelos. A lo mejor es eso. Que el pelo está más bien blanco y no nos hacen gracia las mismas cosas. Tengo la sensación de que Almodóvar ha conseguido algo prodigioso y muy meritorio o afortunado, y es que creo que la gente va al cine a ver sus películas con la firme decisión de que les guste, ha conseguido que la gente lo tenga como algo suyo, como si todos y cada uno fueran su descubridor y su fiel hincha. No voy a aburrir a nadie con las razones de mi aburrimiento, pero me aburrí mucho. Algún amigo mío cinéfilo, por debajo de cuya única ceja han desfilado miles y miles de películas dice que lo que me pasa es que a mí no me gusta el cine. Él quiere decir, claro, que no me gusta lo suficiente para verlo todo, como él. Puede ser. No ejerzo ningún sacerdocio, ni de cine ni de ninguna otra cosa. Es cierto que no tengo una gran formación como aficionado, cosa que sin duda ayuda para el disfrute de cualquier expresión artística. Lo que pasa es que cuando nos ponemos a hablar de las grandes  películas, no hay conflicto ni casi discusión con los amigos (salvo con mi cuñada, que le dio un mal de pequeña y por eso dice que su peli favorita es Pretty Woman). de modo que nos quitamos el sombrero ante To be or not to be de Lubitsh, casi todas las de Billy Wilder y de John Ford, casi todas las de John Houston, con Ciudadano Kane, Apocalypse Now, La guerra de las galaxias, 2001 Odisea del Espacio, Blade Runner, Historias de Philadelphia y tantas otras maravillas, que aunque sea tontico, a mí también me han hecho gozar y no olvido. En resumen, que Almodóvar un aburrimiento y que no entiendo porqué sus pelis van directo al éxito y a todos los festivales y menos aun porqué he vuelto a perder dos horas y seis euretes. Les diré también que Almodóvar me aburre pero tiene un pase, pero detesto profundamente el cine de Tarantino. Y así ya me pueden poner verde a gusto. Pueden hacerlo en www.elpuente.blogia.com.

PALETOS

PALETOS Un hombre del campo es potencialmente un hombre digno igual que cualquier otro. Pero el hombre del campo que no se siente cómodo en su piel, que reniega de la poco sofisticada vinculación con la tierra y se aparta, huye de ella como de una maldición, se convierte en un paleto. Es un tipo amargado que carga para siempre con un estigma que él mismo ha creado. Hará cualquier cosa para esconder una condición que tan sólo él estima vergonzosa. Medrará, abusará, robará con tal de exhibir una nueva condición, que sólo él no sabe que es la de sinvergüenza, nuevo rico y paleto. Detrás de muchas de las actividades de destrozo del litoral mediterráneo se mueve la sombra de estos paletos que se fueron un día a hacer las marbellas o que descubrieron que el pastón ganado con sudor magrebí les podía servir para comprar los Mercedes que no se pueden comprar en su pueblo, las mansiones que nunca se hubieran podido comprar sus padres,  las cenas en los más caros restaurantes con mandamases que no se dignarían ni a mirar a sus primos del pueblo. Y así se envalentonan, buscan servidumbre de miserables y queriendo ser más finos e importantes, son cada día más paletos, más groseros, más grotescos. El paleto del alcalde de Orihuela se pasea por el pueblo en un Rolls Royce de un paleto amigo suyo constructor, el paleto del alcalde de Los Alcázares se pavonea de su amistad con Roca, el rey de los paletos, y barrunta ahora mismo lo que se le puede descubrir, el hermano paleto del presidente paleto del gobierno regional de Murcia hace negocietes con el paleto del dueño del Polaris. El paleto de Lorca ha creado un plan urbanístico que albergará casas para diez veces la población de su desértico municipio, los políticos paletos de Alhama venden su tierra, (¿para qué quiere la tierra un paleto?), al antedicho paleto-Polaris por un adelantillo jaleado por el gobierno regional murciano que ha creado una asociación pública de protección de paletos. Merodean los paletos como lobos alrededor del rebaño en Cabo de Gata, en Águilas en Calblanque (único caso en que un gobierno intenta desproteger un territorio protegido para que un paletillo amigo haga sus paleterías esas de los “resorts”, aunque por suerte aquí intervino la UE y se fastidiaron).  Saben que no pasa nada. Dentro de poco todos en la calle viviendo de lo que robaron y rompieron. No corren peligro en tierra de paletos. Todos van hacia la más profunda miseria moral, sacudiéndose el dinero de sus ropas como si fuera la tierra de aquél campo que un día maldijeron.