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El Puente. León Molina

El grifo

El grifo

Bien, pues resulta que la Junta de Comunidades no paga, no suelta ni un duro a ninguno de sus acreedores y la región está llena de gente aterrada con el espadón encima de sus cabezas. Nadie desconoce que en los últimos años a los gobiernos regionales les pilló el rodillo de la crisis. Vale. Por otra parte, todo el mundo conoce la mala gestión del pasado reciente. Durante bastante tiempo recordaremos los grandes derroches vergonzosos como el aeropuerto de Ciudad Real, Ruta de El Quijote, la radiotelevisión regional, y tantos otros que convirtieron esta taifa en el reino de jauja. Con este despendole unido a  la crisis, no cabe duda de que las arcas de la región han quedado temblando. En esto llegaron las elecciones, cambió el partido gobernante y se cerró a cal y canto la caja en nuestro seudoestado innecesario en el que desgraciadamente las contrataciones y pagos del subgobierno de aquí tienen un peso muy grande en su economía. Para muchos surgen entonces un par de cuestiones inquietantes. La primera es si el gobierno saliente conocedor de la situación económica y la proximidad de las elecciones ocultó la realidad con la intención de pasarle el pufo al que llegara o en caso de ganar, decir la verdad con cuatro añitos más en el machito y ya veríamos. La segunda es si el gobierno entrante están utilizando el pufo para devolver la bofetada al enemigo y dentro de esa dinámica y la inminencia de nuevas elecciones (esta vez generales, ámbito propio de la nueva presidenta) aguantar con el grifo de los pagos cerrados para aumentar el dramatismo de la escena y decidir cuidadosamente el momento de ir abriendo la mano para ir de salvadores, conseguir cierta alegría y réditos electorales. ¿Es posible que sean ciertas esas operaciones políticas que tanto daño habrían hecho de ser ciertas?. Porque entretanto cada día los servicios públicos se resienten, cada día cientos de pequeñas empresas acreedoras de la administración regional quiebran y cada día miles de personas se quedan sin trabajo. Sólo pensar en la posibilidad de tener gobernantes tan desalmados, en el caso de confirmarse esas hipótesis, nos aterra. Y el silencio y mansedumbre de la gente nos desconcierta. Pero a lo mejor no pasa nada de eso que nos hemos preguntado y es que somos muy malos y muy malpensados. O una cosa o la otra. Tarde o temprano lo vamos a saber

Escepticismo

Escepticismo

El elegante escéptico inglés Bertrand Russell decía que el escepticismo podría llevarse hasta el extremo de no poder creer en nada en absoluto porque hasta la propia razón podría ser criticable y “desmontable”. Afirma también sin embargo que es la razón la única luz que puede guiarnos en el conocimiento y en el establecimiento de verdades aunque estas sean provisionales y que la “actitud científica” debe guiarnos y mantener el rigor y la razón alerta, fiando acaso en los que más saben cuando sea necesario pues no podemos llegar a todo. Y aunque todo aquello que establezcamos como cierto sepamos que es provisional. Con esto quizás no lleguemos a verdades absolutas, pero sí que estaremos bien armados mentalmente para desmontar todas las falacias, paparruchas y falsos saberes con que nos inundan iluminados esotéricos, políticos y fabricantes de engaños de toda laya. Es un empeño loable, un camino liberador. Hoy más que nunca está claro que sería muy recomendable redoblar ese esfuerzo de escepticismo hacia la política (como el mismo Russel recomienda), entendiendo la política como “esta” política de los partidos. Porque desde el escepticismo las paparruchas que cuentan se deshacen en segundos, porque los partidos han hurtado la soberanía al pueblo, porque han acaparado todo el poder que debería estar equilibradamente repartido con organizaciones ciudadanas, funcionarios expertos y por comisiones técnicas internacionales entre otras instancias y porque la inevitable lucha por el poder de los partidos se basa en el odio al contrario y ese odio ciega nuestra razón y nuestra crítica y lo incapacita para llevar a cabo análisis razonables fuera de la omnipresente propaganda y griterío estúpido de los partidos. El 99.9 de las cosas que dicen los partidos a través de sus políticos son estupideces, falacias y sobre todo torticeras denostaciones del contrario que no resisten un instante de reflexión. Nos dicen que no hay otro sistema y es mentira y si fuera verdad, habría que inventarlo. ¿Cómo podemos seguir soportando toda esta marea de estupidez tan peligrosa que pone en tan evidente riesgo nuestra libertad y nuestro bienestar? 

Vivir

Vivir

Hace unos días me encontré con un viejo conocido. Es uno de esos centenares de miles de personas a los que la crisis ha tratado muy mal, uno de esos rostros que ocultan las estadísticas. Su empresa quebró. Sobreponiéndose y con lo poco que pudo salvar del naufragio montó otra pequeña empresa que también quebró. Después, según me contaron,  su cuerpo y su cabeza no pudieron soportar la presión y su salud se fue al garete. Al verlo por sorpresa frente a mí, me sobrecogí un poco suponiendo que asistiría al doloroso espectáculo de la ruina y la tristeza. Sin embargo lo que recibí fue una amplia sonrisa y un enérgico apretón de manos. En realidad parecía estar bien de ánimos, alegre como siempre lo conocí. Como siempre también, repetimos el rito de sentarnos a fumar deleitosamente un purito de la marca rara que ambos usamos. Después de algunos chascarrillos y tonterías, me preguntó poniéndose serio que cómo estaba, y que si las cosas me iban bien. Al contestarle que todo más o menos bien, puso una cara de sincera alegría y me dijo “tú y yo hemos vivido una vida intensa y ajetreada y pasamos ya de los cincuenta, la muerte está más cerca, las posibilidades de la enfermedad también y, en cualquier caso, la vejez se acerca, de modo que estar ahora aquí fumando nuestros puritos con este vaso de vino es algo sencillamente estupendo, estar vivo es la hostia, tú…”. Charlamos un rato más y tras nuestra despedida pensaba en la sorpresa de encontrarlo tan bien de ánimos cuando yo esperaba justo lo contrario. Y sobre todo recordaba su cara y su voz entre las volutas de humo mientras decía “estar vivo es la hostia, tú”.  Y es que probablemente todo es así de sencillo frente al entramado de complejidades ilusorias que levantamos a nuestro alrededor. Yo no sé si mi viejo conocido en el fondo siempre fue así o esas ideas se las ha pasado su terapeuta, pero en cualquier caso, me parece que hoy en día es un hombre sabio. Él sabe que hasta que lleguemos a ser –según el verso de Góngora- tierra, humo, polvo, sombra, nada, estamos vivos y que estar vivo “es la hostia, tú”. Pues eso. 

Tener y no tener

Tener y no tener

Jugando con ideas de San Juan de la Cruz en su Subida al Monte Carmelo podría yo decir que todo aquello de lo que tengo escritura de propiedad es aquello precisamente que menos tengo, que menos poseo. Y aun también que lo que de verdad sé es lo que no sé, idea formulada muchos siglos antes por Sócrates en su famoso aforismo “sólo sé que no sé nada”. La propiedad tiene un cierto grado ilusorio, es accidental y pasajera. Lo que poseo de verdad es aquello de lo que no soy dueño; la amistad de mis amigos, la belleza de la naturaleza, la caricia que recibo. La propiedad es algo pequeño y hasta mezquino, también esclavizante y fuente de preocupación que lleva con frecuencia a la avaricia y a las muy diversas formas de agresividad y violencia. Y es sin embargo la propiedad el motor de nuestro tiempo, el dios al que rendimos culto. Este mundo es muy injusto y reparte la miseria y el dolor de forma exageradamente desigual –mientras escribo esto caen muertos como moscas los niños en el cuerno de África- porque el tener es un cáncer que devora al ser humano, pero también porque aun cuando existe en algunos o en muchos buena voluntad, es voluntad  que se manifiesta en la intención (casi imposible) de transferir las migajas de esa propiedad. Quizás algún día el ser humano aprenda a compartir lo que no tiene, lo que no es de nadie, lo que es gratis y proporciona con bastante mayor éxito satisfacción física y espiritual. Será, en su caso, un mundo muy distinto de éste. Somos hoy tan poco aptos para ello que los intentos que han habido de eliminar la propiedad han producido monstruos delirantes de dolor e injusticia no menores que los que pretendían evitar. Estamos muy lejos de saber compartir lo que no tenemos. Y todo posiblemente comienza en que no sabemos todo lo que no sabemos y por lo tanto no sabemos nada. Somos brutos y primarios. Seres engreídos que ocultamos nuestra dulce ignorancia tras un pesado andamiaje de certezas perentorias. Y no digo que tengamos que convertirnos todos en místicos como Juan de la Cruz (Dios nos libre de creer en él), sino acaso simplemente en levantar el pié del acelerador, pensar y amar, sencillamente. La vida de un ser humano es corta. Y no hay otra. Ninguna casa, pasados los años suficientes, se mantiene en pie. 

Viejas águilas

Viejas águilas

Mis amigos, la gente de mi generación, andamos la mayoría de nosotros rondando las bodas de plata de nuestras parejas. Alrededor de veinticinco años de convivencia con la costilla  o el costillo que entre otras muchas cosas ha dado para sacar adelante la camada; uno o dos zagales que han dado bastante guerra porque el ciclo de la crianza se ha alargado de una manera brutal, y ahí los tenemos grandes, fuertes y hermosos, con todo su vistoso plumaje completo desde hace diez años pero resistiéndose como lapas a abandonar el nido. Son bonicos y los queremos, pero se clavan. Puede que surja dentro de poco tiempo la fiesta familiar del “relevo”. Una fiesta en la que se celebra al mismo tiempo el primer trabajo de la criatura y la jubilación de los padres. Veinticinco años que dan lógicamente para conocerse muy bien. Ese conocimiento a veces es algo confortable; la sensación de alguien cercano que nos comprende, que disculpa nuestros defectos y fallos, que adivina cuándo nos sentimos mal y nos tira un capote, alguien que se ríe de las mismas cosas con nosotros, que se recoge a nuestro lado compartiendo nuestras lástimas y disgustos. Pero ese conocimiento a veces también es como la etiqueta de una camisa nueva que nos roza en el cuello, una fuente de malestar difuso que nos irrita sin que sepamos muy bien por qué, aunque probablemente a veces sea porque le echamos al otro unas cuantas culpas que ya no nos caben en la mochila. Una de las expresiones de una larga convivencia en pareja que muchos tienen por tristeza, la tengo yo por gozosa tranquilidad, tal cual es el compartir los silencios, cosa que en la juventud o en los primeros años de pareja parece poco menos que imposible con toda la cháchara del amor y los proyectos. Siendo con frecuencia, desde mi punto de vista, el silencio el adobe que rejunta los tabiques de la convivencia y la serenidad de los tiempos maduros. En cualquier caso pasa la vida y si hemos llegado hasta aquí sin heridas graves y sin habernos mandado a tomar horchata a Pernambuco pues va a ser que a lo mejor ya no tiene remedio ni lo necesita. Y a nuestro chano chano acabamos por ser como las águilas silenciosas que surcan juntas el cielo para siempre. 

Tigres y bueyes

Tigres y bueyes

Me da la sensación de que las personas somos lo que somos y que lo que no somos forma también parte de nosotros. Lo que no somos a su vez lo podríamos subdividir en aquello que sencillamente no somos ni seremos ni nunca y por otra parte en aquello que podríamos ser y no nos atrevemos a ser. Y una vez soltada la frasezota metafísica, me explico. Somos lo que somos, la suma de nuestra historia y nuestras circunstancias como dijera Ortega, y del modo en que aceptemos eso seremos más o menos felices, tendremos más o menos alegría. También somos lo que no somos y no podemos ser. Yo quisiera quizás por encima de todo ser un gran poeta y escribir como los ángeles, pero no lo seré, no tengo talento suficiente. Aquí, sin duda, lo mejor es conformarse y elegir; o dejarlo o disfrutar del juego aunque uno no dé más que para la segunda división o la segunda be. Y como decía también, somos lo que podemos ser y hasta queremos ser pero no nos atrevemos, fundamentalmente por los distintos miedos que de suyo tiene el ser humano y todos aquellos que nuestra sociedad tan colonizadora del individuo nos graba a fuego en el ánimo.  La alegría en nuestra vida o la falta de ella viene en buena medida de aquí, de lo mucho o de lo poco que nos atrevamos, de en qué medida hagamos lo que podemos y queremos hacer. ¿Cómo se puede medir la alegría de alguien que tiene un jefe indigno y que un día le dice serenamente que es un soplapollas y que ahí se queda?, ¿cómo se puede medir la tristeza de no hacerlo?. Y valga el ejemplo pedestre para ilustrar lo que digo. Claro que el valor se paga con esfuerzo, con batalla y con heridas y ahí está el problema. Hay un mundo de tigres y un mundo de bueyes. Si quieren pueden ustedes conectar toda la parrafada anterior con nuestro mundo y con la situación económica y social actual y a ver qué se les ocurre cocluir, que por eso lo contaba yo.  Podemos vivir libres en la selva silenciosa afrontando el peligro de los cazadores, o podemos vivir en el tranquilo bullicio del arado y del yugo. Todo está en función de lo que cada uno se atreva a hacer. De lo que sea y de lo que quiera ser.

Mi pueblo

Mi pueblo

Desde hace años paso buena parte de mi tiempo en un pequeño pueblo que he acabado por sentir como mío. De hecho me sorprende cuando me escucho a mí mismo hablando de “mi pueblo” para referirme a él, cuando en realidad mi relación con este pueblo viene por la vía de mi familia política y durante muchos años fue una relación escasísima.  Quiero explicarme esta situación y estos sentimientos en el hecho de que yo no tengo pueblo, de que perdí mi pueblo para siempre a los nueve años cuando mis padres consiguieron sacar a la familia de una asfixiante dictadura y decidieron no mirar atrás. De este modo, mi pueblo se fue convirtiendo con el tiempo en un pueblo mítico, irreal, un pueblo que acabó por existir tan solo en nuestros recuerdos y nuestra imaginación y se convirtió en una patria sin himnos ni banderas que nos acogía a todos en un amoroso recuerdo. Pero lo cierto es que ese pueblo no estaba ahí físicamente, no podía uno irse al pueblo el fin de semana y cierto sentimiento de orfandad se apropiaba a veces de los veranos y de las oscuras tardes de los domingos. Mi amigo Antonio escribió una vez refiriéndose a mí afirmando que poseía “la nostalgia propia de aquellos que no han vuelto nunca al lugar en que nacieron”; nada como tener amigos inteligentes y que te conocen bien para conocerte mejor a ti mismo. Pero la vida con sus regates, revolcones y sorpresas te lleva a escenarios inesperados y ahora, bien entrada la edad de la madurez, resulta que tengo un pueblo. En agosto veo pasar las vaquillas de los encierros como si las hubiera visto cada año de mi vida, saludo a gente que conozco hace unos pocos años y me parece que los conozco de toda la vida e incluso me sorprende que no sepa de qué están hablando cuando refieren acontecimientos lejanos en el tiempo. Cuando conozco alguno de los nuevos inagotables rincones de estas sierras, tengo la rara e inexplicable sensación de estarlos recordando más que viéndolos por primera vez. Desde luego no caeré en tentaciones esotéricas, sino que entiendo que la inteligencia es capaz de tendernos dulces trampas para acunarnos en medio de la vida tan efímera, tan rara. Y esa inteligencia sabe que nuestro espíritu necesita un pueblo al que poder llamar “mi pueblo”. 

Bohemia

Bohemia

La novela de un literato, de Rafael Cansinos Assens, es un larguísimo y entretenidísimo libro de memorias por el que desfilan cientos de personajes de finales del S. XIX y primer tercio del S. XX, especialmente del mundo de la literatura. Especial atención merece en las páginas de este libro la continua presencia de los miembros de la bohemia. Un mundo realmente curioso. Conozco yo una pareja de individuos de Albacete, que  muchos años después practicaron una bohemia muy efímera pero que dio pie a experiencias cuando menos curiosas. Muchas madrugadas se les pudo ver bebiendo Tio de la bota y comiendo de una hogaza de pan a la puerta del horno del Rosario mientras hablaban interminablemente de poesía. En ocasiones los invitaba una amiga medio loca y bellísma a cenas muy particulares en la que la anfitriona los esperaba completamente desnuda y a sus requerimientos la ayudaban y mimaban en un baño que duraba toda la madrugada mientras al tiempo le leían los versos que ella pedía. Más de una noche, uno de ellos que tocaba la guitarra primorosamente dio conciertos  de música antigua a un grupo de borrachos que acampaban en El parque mientras les decía “dormid hijos míos sobre estos nenúfares musicales” y se tronchaba de la risa, al igual que los borrachos. Algunas serenatas dieron de las que tuvieron que salir por piernas. De alguna sala de fiestas los echaron de día teniéndolos que despertar porque se habían quedado dormidos mientras escribían poemas al alimón en un rollo de papel de water. En otra ocasión embromaron a un pedantuelo dándole amplia información de un escritor poco conocido, Álvaro de Gaude y le recitaron sus poemas siendo todo un invento y el pedantuelo llegó a escribir algo de ello, lo que supuso unas cuantas borracheras de celebración del embolado. Me dicen estos personajes que lo pasaron realmente bien en aquel tiempo, pero que no desvele sus nombre, que ahora son gente respetable. Arte y juventud, locura. Lean ustedes La novela de un literato de Cansinos, que no es nada cansino y me lo agradecerán. 

Pijólares

Pijólares

A veces las cosas se entienden mejor llevándolas a dimensiones más pequeñas que nos sea más fácil imaginar. Bien, pues imaginen ustedes que las comarcas de Albacete decidimos crear una auténtica comunidad, nos ponemos más o menos de acuerdo para ello y firmamos un grandioso tratado. La primera decisión es crear nuestra moneda –el pijolar, pongamos por caso-, y montamos un tinglado de miles de políticos y funcionarios que no sabemos muy bien qué hacen, después tendríamos que crear un gobierno económico común, pero lo dejamos porque los de La Manchuela no se enrollan desde el eje que han creado con los del Altiplano de Almansa que ni siquiera están en el pijolar, de modo que cada comarca va con su pellica. De ahí en adelante pues la idea de fomentar nuestra cultura común, nuestra presencia fuerte en el mundo – estando con los de arriba para influir y con los de abajo para cooperar- , nuestra fortaleza unitaria para pararle los pies a los especuladores que aparecen por aquí etc, pues lo seguimos dejando siempre. Eso sí, ya no pedimos el pasaporte en Elche de la Sierra para llegar a Yeste, ni en Barrax para llegar a Ossa de Montiel. Y resulta que un día la cosa se pone chunga y la Sierra de Alcaraz está temblando. Entonces los del llano le prestan pasta cobrándole un interés nada despreciable que los deja más o menos en la misma ruina. Los señores de los bancos ven que los de la Sierra del Segura y los de los Campos de Hellín van también justos y los funden con los intereses por sus préstamos hasta dejarlos al borde de la bancarrota. Mientras, los cientos de políticos de las comarcas no paran de hablar pero acuerdan más  bien poco, entre otras cosas porque después de tanto tiempo en realidad no existe ese Albacete Unido tan bonito que nos contaron. Han sido todos egoístas y cobardes. No pueden hacer algo tan sencillo como ir todos juntos a negociar con los bancos dándose a respetar con lo único que entienden que es la fuerza y los billetes y contándoles cuáles serán las reglas del juego a partir de ese momento. Todo ha sido hasta ahora palabrería y seguimos fragmentados, aferrados a nuestras pequeñas comarcas con sus banderas, sus himnos y su resto de tonterías. Unos quebrados, otros temblando y todos con cara de tontos tocándonos los menguantes pijólares que van quedando después de los que nos quitan esos mismos políticos para pagar la púa de su ineficacia. Menos mal que nada de esto existe, que ha sido un delirio. ¡Qué susto, pijo!. 

Treinta años

Treinta años

Hace ya más de treinta años, un grupo de chavales nos reuníamos de vez en cuando en una cafetería de Albacete para hablar de poesía y leernos nuestros últimos versos grandiosos. Con apenas un puñado de lecturas creíamos que sabíamos mucho del tema. Creo que saboreábamos con cierto deleite la idea de ser de los poquísimos en esta ciudad que estábamos metidos en eso de la poesía y ser tan poquitos y conocernos nos hacía vivir algo misterioso y reconfortante también para nuestra imaginación de poco más que adolescentes. Nos turbaba el panorama poético de nuestro tiempo en nuestra ciudad dominado por vates de vuelo rasante todavía con la cosa de la espiga, el serón, el molino y el terruño. Recuerdo que por curiosidad fuimos a una conferencia de uno de estos poetas sobre Juan Ramón Jiménez y en la que no pudimos contener la risa cuando después de un largo silencio ceremonioso el conferenciante se arrancó diciendo “Juan Ramón…Juan Ramón, señores, es un poeta como lacopaunpino”. Nosotros íbamos a arreglar esa tristeza de una ciudad sin poesía. Baudelaire y Vallejo se iban a quedar en mantillas. Luego la vida nos separó durante bastante años y cada uno de nosotros como es lógico tomó su camino. Alguno de aquellos poetas acabó siendo una celebridad, pero no por la poesía, sino por otras actividades. Los demás hemos llevado vidas más o menos normales, más o menos vulgares y no sé si hemos cambiado algo en la poesía de esta ciudad, que creo que no o que poco, a pesar de que algunos de aquél grupo han acabado con los años por escribir realmente muy bien. Lo cierto es que todos hemos seguido leyendo y escribiendo poesía de manera continuada durante toda nuestra vida. Algunos ahora, con la serenidad que aportan los años, vamos comprendiendo que estamos triunfando de una manera rotunda. No por haber obtenido gloria o fama –que sinceramente era lo que queríamos de chavales – sino precisamente porque con las actividades y trabajos de cada uno, hemos hecho de la poesía una compañera inseparable de nuestras vidas. No hay ningún sitio a donde llegar y por eso nuestro triunfo es el largo, venturoso y magnífico. Era hermoso no saber esto entonces. Es hermoso saberlo ahora.

Teddy

Teddy

Aun recuerdo la profunda conmoción que me produjo escuchar el disco Ciclos, de Los Canarios, con Teddy Bautista al frente. Ese disco en el que hacían una versión rockera  (lo que entonces se llamaba rock progresivo) de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Fue una enorme pirueta creativa del grupo cuando Teddy regresó de la mili a principios de los 70, mi década de chaval cuando empezaba a escuchar música como quien descubre secretos arcanos y conocimientos que si no iban a cambiar el mundo, por lo menos nos hacían pensar a algunos que estábamos descubriendo nuevos mundos posibles lejos de aquel feote que entonces imperaba en el arte y en muchas otras manifestaciones de la sociedad de entonces. Los Canarios, como digo, ya habían triunfado con uno de los mejores temas de rock que se hayan compuesto en este país, Get on your knees, de aire soul. En definitiva, que durante mucho tiempo Teddy Bautista fue para mí un héroe artístico que ocupaba un lugar importante en mi descubrimiento estético del mundo. Continuó la vida y hubieron años para mí de silencio acerca de Teddy Bautista porque comencé a caminar por otras sendas musicales y porque descubrí la poesía que me embargó y ocupó buena parte de mi tiempo hasta hoy. Y de pronto, hace ya años de esto, me empiezo a encontrar de nuevo a Teddy Bautista hasta en la sopa como mandamás absoluto de la SGAE. Esa fue otra gran pirueta por la que Teddy se reinventó según narró el otro día en un periódico el sabio Diego Manrique. Teddy se había granjeado la antipatía de muchos ciudadanos que no entendían el ansia voraz – y hasta a veces algo demente- de recaudación de la SGAE ni que esta funcionara casi como un organismo público. También se granjeó la antipatía de muchos artistas. Y yo, sinceramente, estaba hasta el gorro de verlo. Hasta tal punto que para mí aquel Teddy músico y este Teddy ejecutivo eran como dos personas distintas. Quizá lo sean. ¿Qué diría aquel Teddy de este que camina detenido entre guardias civiles con cara ausente?. En la foto se le veía muy viejo. Todos estamos rematadamente viejos. Y cansados. Y hartos. Con un montón de discos en la estantería que ya ni suenan.

Autonomías

Autonomías

La machaconería de políticos y medios de comunicación ha llegado a convencer a mucha gente de las bondades de nuestro sistema de autonomías regionales. Yo discrepo de ello. En primer lugar, el estado de las autonomías no es una conquista democrática del pueblo, sino un modo de conseguir encuadrar, al menos de momento, a las regiones con aspiraciones independentistas dentro del marco del estado. Y como crear dos o tres regiones autónomas dentro del estado “quedaba feo”, pues café para todos. Ya me dirán ustedes la preocupación o las ganas de autonomía que podían tener los manchegos o los extremeños o los castellanos o los andaluces. En segundo lugar, estas autonomías se crean paradójicamente desde una profunda mentalidad centralista que no hace más que reproducir la idea romántica de estado en la que aun vivimos. Y así esta supuesta descentralización se hace de arriba hacia abajo. Es el estado el que crea réplicas de sí mismo y funda un montón de nuevos gobiernos con sus parlamentos, sus presidentes, etc. y se transfieren competencias que no sé para qué hay que transferir pues seguramente son las que necesitan tamaño y músculo para funcionar bien y de modo igualitario para todos, tal cual son singularmente la educación y la sanidad. Y aquellas que precisamente sí se podrían transferir de un modo mucho más beneficioso para la población como buena parte de la fiscalidad, no se transfiere, porque transferir dinero es transferir poder. Y hasta ahí podíamos llegar. Yo creería en una descentralización hecha de abajo hacia arriba. Una descentralización que partiera de la municipalidad (municipios y comarcas) que es donde vive, convive y se desarrolla la gente. Fuera las diputaciones, fuera las provincias y construcción de comarcas que se federaran y que estas federaciones no fueran más que una especie de coordinadoras, prestadores de servicios básicos por economía de escala y logística e interlocutoras con la superfederación central y poco más.  La vida del ciudadano sigue estando regida por gentes en lejanos palacios, los nuevos señoritos a los que hay que hay que ir a mendigar perras para poner farolas en el pueblo mientras ellos hacen aeropuertos vacíos y esas cosas. La descentralización democrática de la organización política y administrativa de España hoy es mentira, lo que hay en realidad es un centralismo multiplicado por dos,  un engañabobos para gente sin criterio machacada por la propaganda.

Con el agua al cuello

Con el agua al cuello

Charlaba ayer con un amigo socio de una cooperativa de un pueblo de Albacete. Está muy preocupado y no es para menos. La administración (sobre todo la autonómica) le debe una cantidad de dinero enorme. Los vencimientos de los instrumentos de financiación que no han tenido más remedio que suscribir se acercan. Si ese dinero no llega la quiebra sería más que probable, porque los bancos les dicen que ganan muy poquito y que no les piensan renovar. Esta cooperativa fundada por personas emprendedoras y muy trabajadoras, es la empresa que mantiene más empleo en su pueblo. Si quiebra, sería un duro golpe para ese municipio. Pero sería sobre todo una sangrante injusticia. Porque el dinero de trabajos encargados y realizados no llega, pero nadie desconoce que sí llegó el dinero para el aeropuerto de Ciudad Real, para el delirio de la ruta turística de El Quijote o para pagar la gilipollez de regalar un ordenador a todos lo profesores de instituto de la región por poner sólo tres ejemplos cogidos al vuelo de la memoria en lo autonómico, porque en otras administraciones también podríamos hincharnos a citar derroches disparatados y aquí sólo un ejemplo: hace unos días debía tomar un tren hacia Madrid, comprobé que había un tren a la hora que más o menos que me convenía, veinte minutos después había un AVE que costaba bastante más y que tardaba diez minutos menos, y para que ese AVE funcione se ha gastado una cantidad de dinero indecente. ¿Cómo se sentirán mis amigos y su empleados y todos sus familiares que dependen de ello?. Pues indignados, seguramente. Por esto entre otras cosas se han llenado las calles de España el pasado fin de semana. Y todavía hay muchos políticos tontos o indecentes que están buscando el modo de desacreditar ese movimiento.  Si quiebra la empresa de mis amigos no será ni noticia, pues otra de las  más de cuatrocientas mil PYMES que la situación actual se ha llevado por delante. En cada una de las casas de esos cooperativistas y sus empleados sí que será noticia. Una noticia muy amarga. Espero de corazón que puedan capear el temporal. Y que podamos todos librarnos algún día de toda esta insensatez. Entretanto, seguiremos indignados.

Los toros

Los toros

El tema de la llamada “fiesta nacional”, o más concretamente el estar a favor  o en contra de sus celebración, es un tema lleno de visceralidad. Como en tantos otros temas en general se razona poco y se tiende a tomar partido por uno de los bandos, porque en todo acaba casi siempre por haber dos bandos, lo cual a su vez prueba que se razona poco. Porque la realidad suele tener muchas facetas y las más de las veces las soluciones y las posiciones más justas y eficaces deberían tomar en cuenta parte de las consideraciones de más de un bando, pues creo que las más de las veces no se da la situación de que alguien lleve toda la razón y el otro ninguna. Por el contrario lo que suele suceder es que alguien, con más o menos reflexión, llega a una conclusión y hace una perversa vuelta atrás borrando todos los juicios desfavorables a esa conclusión y exacerbando y engordando los juicios que le son favorables. Y el tercer paso suele ser el de buscar otras personas que sostengan la misma posición para tener la ilusión de ser más cierta esa posición por el bulto, cosa que no es así en modo alguno. Y de ahí a la burrería ya no queda más que un paso. El asunto de los toros yo he querido analizarlo a fondo y durante tiempo he tratado de informarme y de escuchar las razones de defensores y detractores. Después de todo ese análisis –con el que no les voy a aburrir- he llegado a la conclusión de que son más y de más peso las razones de los que se muestran en contra de las corridas o por lo menos de las corridas como en hoy en día se llevan a cabo.  Lo cual no quita que reconozca algunas de las cosas que manifiestan los protaurinos y que muchas antitaurinos niegan. Reconozco también que, sin ser aficionado, el otro día vi un fragmento de una faena de José Tomás que me pareció de una belleza plástica realmente emocionante. Sólo que al final de todo no me salen las cuentas, hay demasiada sangre, casquería, y brutalidad hacia el  animal para que la belleza que sólo a veces ocurre quede, desde mi punto de vista justificada. Pero no seré  yo quien denigre globalmente a los protaurinos, sólo intentaría, si se tercia, convencerles con respeto. Con el respeto que merecemos todos.

Goyo

Goyo

Al atardecer llega hasta mi porche Goyo. Trae en una bolsa unas cuantas lechugas recién cortadas en su huerto. “ Te dije que te traería unas lechugas, aquí las tienes”. Invitamos a Goyo a sentarse con nosotros. La tarde es inusualmente fresca para esta época del año, así que le saco un jersey y comenzamos una charla tranquila, pausada, llena de silencios sobre esta primavera loca y el pedrisco del otro día que le estropeó parte de sus pepinos y sus tomates, sobre los itinerarios por senderos para llegar a la Presa de la Toma, sobre la abundancia enorme este año de ruiseñores y autillos cantando en las noches y otros temas deleitosos como estos mientras miramos a lo lejos las profusión de nubes redondeando  la imagen poderosa del monte Alcaboche. Goyo es un buen amigo, un hombre de mediana edad y de eso que antes llamaban “un hombre de respeto”, callado, prudente, sensato. Yo siento una cierta admiración por Goyo justo por aquello que quizás otros considerarían denostable, y es que Goyo, sin ser para nada un gandul,  trabaja poquito. Y es así porque necesita muy poco. Tiene una casa confortable pero sencilla, tiene carnet y un coche por si acaso viene bien para alguna faena o alguna emergencia, pero casi nunca lo usa, come sabrosos platos tradicionales hechos en el puchero y gasta en el bar el cafelito diario con su aguardiente, alguna vez al año una cena entre amigos y  pagar su ronda cuando toca, ropa sencilla, la justa, aprovechada y estirada razonablemente. Y por más que le doy vueltas, no sé si necesita algo más. ¡Ah!, sí. Necesita tranquilidad y silencio, pasear por lo montes que rodean su casa, coger setas aspirando el olor del campo, charlar con los amigos un rato cada día, echar un ratillo en el huerto, dar el paseo cada día desde su cortijo hasta el bar, y sobre todo que no le agobien y le metan prisa. Cosas todas ellas que son gratis. Goyo, para su tranquilidad y mi envidia, no pertenece a este mundo. Goyo es una persona que disfruta de la vida, que con muy poco tiene mucho. Cuando se marcha ya anocheciendo, yo me quedo en el porche agradecido por su visita y sintiéndome un poco inútil y preguntándome si no estaré haciendo un poco o un mucho el gilipollas con mi vida.

La mala ostia

La mala ostia

Los españoles saldrán adelante. Siempre lo ha hecho. Pero por el camino pueden verse en la necesidad de tener que soportar grandes penurias. Las están soportando ya. La historia de España es una historia de picos en la que a momentos de brillantez y prosperidad han seguido grandes desplomes. Quizás tengan los españoles una idiosincrasia que los inclina a la creatividad, al desarrollo de importantes desempeños con tozudez y habilidad. Pero desde luego también está en su cultura la falta de planificación y previsión. El carpe diem, el vivir el momento parece la ley universal de los habitantes de este extremo de Europa. Nos esforzamos por lo inmediato, no más. País de arrancadas de caballo y paradas de burro. En esos momentos difíciles, además no tenemos precisamente una paciencia oriental, sino que nos ponemos muy nerviosos y pasamos de la buena vida a la mala ostia en un plisplás. Y se nos calienta la sangre; pocos países habrán tenido en su historia tantas guerras internas y follones como España. Estamos hoy en un momento difícil. Aun no nos hemos “encendido”, seguimos tranquis echando la cañita antes de que el mundo se acabe. Y aquí de nuevo, ni tanto ni tan calvo. Antes de “saltar” es justo el momento de expresar la indignación con todo aquello a donde nos está llevando la parada del burro. Hay que expresar la indignación y decir bien fuerte que el recorte social, los cinco millones de parados, el sobreenriquecimiento de los más ricos mientras se empobrecen todos los demás, el embrutecimiento y desvergüenza de políticos lacayos y toda la sociedad tomada como rehén por los poderosos es una enorme estafa y una indignidad contra la que nos plantaremos decididamente. Conviene despertar, levantar la voz y decirlo ahora. Que luego, sin saber ni cómo, viene la mala ostia. Y la liamos. Los jóvenes del 15M lo están haciendo. Les invito a conocer las propuestas que han salido de este movimiento (http://www.democraciarealya.es/?page_id=234). La mayor parte de ellas están llenas de sentido común, de aspiración a una regeneración moral, de amor a la democracia. Deberíamos escucharles y apoyar muchas de esas demandas. La clase dirigente es cobarde y aunque sea por instinto de conservación, si hay presión, no duden que al menos en alguna medida tendrán que escuchar y actuar en consecuencia. 

Indignados, gracias

Indignados, gracias

Las elecciones han concluido con los resultados conocidos. Pues bien, felicitaciones a los ganadores y compadecimientos a los perdedores. Nuestra vida en realidad va a cambiar poco en lo sustancial. Lo más interesante para mí de este proceso electoral ha estado sin duda en el despertar de una cantidad nada despreciable de ciudadanos, los llamados “indignados” que se han concentrado en las plazas de muchas de nuestras ciudades. Por más que muchos desde los más variopintos estercoleros ideológicos hayan intentado descalificar a sus protagonistas de los modos más infamantes, la realidad es que estos ciudadanos, en su mayoría jóvenes, han demostrado inteligencia y sentido crítico y se han comportado con un sentido cívico que ya quisiéramos demostrara el resto de la sociedad. Lo que ellos han hecho es política de verdad, esa que venimos reclamando cansinamente desde esta misma columna; crítica sin los corsés de las ideologías o de las disciplinas de partidos, discusión abierta, libre y directa de los ciudadanos tomando la calle pacífica y ordenadamente.  Ellos han demostrado un respeto por la democracia mucho más profundo de lo que se estila en nuestra sociedad tanto entre los políticos como en buena parte de Los ciudadanos. Ante este fenómeno, los partidos que secuestran cada día la política han quedado muy sorprendidos y así lo han mostrado en sus reacciones; el PSOE con paternalismos fuera de lugar para unos jóvenes que han mostrado su emancipación, el PP retratado en el gesto grosero que les dedicó el inefable Trillo, e IU babeando por hacerse con el movimiento (la candidata a la alcaldía por Albacete lo dijo con toda claridad: “los indignados deben votar a IU”). Ninguno de los tres ha entendido nada. Todos siguen en su película, su ceguera y su soberbia. Y un posterior análisis de las propuestas surgidas de ese movimiento lo demostrará con precisión. Esa fuerza incipiente debería crecer si aspiramos sinceramente a una mejora de nuestra democracia. El gran peligro será lo que hagan precisamente los partidos a partir de ahora con más tiempo. Lucharán por desactivarlos y/o por engullirlos. Pero pase lo que pase, desde aquí, mi respeto y gratitud a todos esos jóvenes que a muchos nos devuelven un poco de esperanza. Gracias y suerte que os hará, nos hará, falta.

Algo triste

Algo triste

Llevamos ya  dieciséis días de campaña electoral y seguimos sin noticias de las ideas, los proyectos y las propuestas de modelos de gobierno. En su lugar sufrimos por todas partes y a todos horas la perorata vacía de los candidatos. Todo se resume en el antagonismo más fulero en el que los candidatos descalifican a sus oponentes en base a meter miedo sobre ellos, en insultarlos, en tergiversar lo que dicen y sacarle punta hasta a la más pequeña nimiedad si puede arañar de algún modo al oponente. Y todo ello trufado de frases pretendidamente ingeniosas, de chascarrillos de taberna, de bravuconadas, que convierten a la mayoría de ellos en eso tan castizo como es el voceras; aquel que habla mucho, en voz alta y molesta y no dice más que tonterías. PP y PSOE no hablan de ideas además porque casi cualquiera de ellas podría dar puntos al enemigo por lo mucho que están acabando por parecerse los modelos de ambos sumidos en el neoliberalismo que presentan clara o veladamente  como única vía política posible. Es un espectáculo aberrante y vergonzoso. Traten de recordar las propuestas de estos partidos y los modelos de sociedad que ofrecen y los caminos que marcan para llegar a ellas. ¿Nada, verdad? La discusión no excede el límite de que debo gobernar yo porque el contrario es un manta. El poder más que nunca es el fin y no el medio. El modelo social y la economía queda para las instancias del poder internacional que con arquear sólo un poco la ceja ya los llena de pavor, y los empuja a recortar cualquier desmán presupuestario que ponga en dificultades a los grandes capitales que mueven nuestro mundo. Y que todo ello no se traduzca en una abstención del 80% no es sino el signo de una sociedad atiborrada de ruido, acojonada y mansa. Y con ser malo, lo peor no es el descenso del poder adquisitivo o los niveles de renta (salvo los parados, claro, que la pierden toda) sino la pérdida de libertad y entusiasmo de las personas que sume nuestro mundo en la banalidad,  en la vulgaridad y hasta en la indignidad. La estulticia chillona de los candidatos se nutre de nuestro silencio y de nuestra marcha cabizbajos hacia las urnas. Consiguen hacer de la democracia algo triste.

Jardín de crisis

Jardín de crisis

Alemania produce el 41 por ciento de las patentes solicitadas a la Oficina de Patentes Europeas, España el 1 por ciento. Claro que España lleva cuatro años reduciendo la  inversión en investigación y desarrollo –cuando ya partía de cifres ridículas-  mientras que Alemania no ha cesado de incrementarlo, sin ir más lejos nada menos que un 7,2 %  en el último año. Algún incauto dirá que ellos dedican mucho dinero a investigar  y desarrollar tecnología porque tienen mucho. Pero si este incauto pensara un poco sin mucha dificultad podría llegar a la conclusión de que es justo al revés; que tiene mucho dinero porque investiga y desarrolla mucha tecnología. Por otra parte, la innovación, que se genera con frecuencia al margen de la investigación de un país, desarrolla con agilidad productos nuevos o renovados que hacen a sus empresas más fuertes y consecuentemente también a sus países. Citando un caso real que tengo cercano, una empresa pequeña de Albacete había comenzado antes de la crisis a diseñar y desarrollar productos mejorados sobre lo que existe en el mercado. Para ello sabía que debía crear un departamento de innovación que se encargara de estos procesos. Así lo hizo y pidió ayuda a la administración que no le prestó ninguna. Esta empresa asumió el empeño sola con gran esfuerzo. Cuando llegó la crisis ese departamento aceleró sus desarrollos y puede que esto haya salvado las decenas de puestos de trabajo que mantiene gracias a ese esfuerzo solitario, sufriendo la burla de que entretanto el gobierno entregó casi todo su dinero para innovación a oscuras fundaciones públicas llenas de funcionarios y de la mayoría de las cuales no se conoce aportación alguna. Y entretanto también entregó ingentes cantidades de dinero para la salvación de bancos que luego negaban la financiación a esta empresa.  De modo que en España no se favorece –no se invierte- ni en ciencia ni en innovación. En Alemania y en los países escandinavos sí y ya han salido de la crisis. Pelotazo inmobiliario y paraíso especulativo para empresas que son reinas mundiales en la evasión fiscal a través de los paraísos fiscales. ¿Hasta cuando seguiremos sembrando crisis en nuestro jardín?

¡Vaya semanita!

¡Vaya semanita!

¡Vaya semanita, cuánto acontecimiento, qué despliegue de medios de comunicación! El Barça y el Madrid, durante la primera parte de la semana han estado entreteniendo a los millones de parados de este país y haciéndoles olvidar su situación y sus penas. Qué buena gente son. Mourinho, que gana casi toda la pasta que han dejado de ganar esos parados, es fantástico. Yo creo que es un tío inteligente, un gran pensador, pero no para de decir gilipolleces porque es consciente de la labor social que cumple ante las cámaras. Debemos estarle agradecidos. A él y a los periodistas que nos regalan cientos de horas con las cosas de Mou y otros artistas del elenco como el mudito Messi y mascachapas delantero del Madrid. En la mitad de la semana pasamos del pantalón corto a la larguísima cola del traje de novia de una señorita pija que se casaba con un nieto de la presidenta de la organización de las colonias inglesas del S XIX, a la sazón reina del reino unido de normandos y sajones. No cayeron en pedirle su análisis a Mou, que hubiera quedado muy bien. Con el anacrónico espectáculo de reyes, príncipes y “acoplados”, se le saltaban las lágrimas a los súbditos anglosajones y anglicanos y a los católicos. Éstos últimos estaban entrenando, no sé si secretamente a las órdenes de Mou, para el gran espectáculo del Vaticano apenas repuestos un par de días después. El papa polaco ascendía de nuevo de categoría como un cohete,  en una carrera  que le ha llevado en tiempo récord desde la regional preferente en su pueblo hasta la premier league de la santidad. Aquí sí que de verdad veo yo que de algún modo ha debido de estar presente  la mano de Mou, porque la vertiginosa carrera de Karol se ha construido sobre una sólida defensa, con todo el equipo cerrado atrás y saliendo a la contra de modo fulminante por todo el mundo. En el final de la semana, toda la información se centró en los datos de la EPA; casi cinco millones de parados. Esto ha tenido bastante menos gracia. Sobre todo porque nadie estamos seguros en realidad de que Mou esté dispuesto a hacerse cargo de la situación. Si se confirma el temor y Mou no interviene, lo tenemos realmente crudo. Esta semana la tele ha sido de verdad un manantial emocionante.