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El Puente. León Molina

Cein años

Cein años

En la mañana de sábado en que escribo estas líneas, - sábado plácido de vacaciones con el fondo emocionante de  unas lluvias de primavera derramándose mansamente sobre los campos-  contemplo frente a mi casa el cortijo de La Umbría, lugar en el que ya sólo viven cuatro personas. Veo a lo lejos un trajín de coches a la puerta de las casas en lo que constituye una escena nunca vista. Una de las vecinas del cortijo, la abuela Providencia, cumple hoy cien años y hasta su casa han llegado los medios de comunicación para desplegar la típica información de estos casos y algún representante institucional para felicitarla y hacerse la foto. En mis paseos por estos lugares me he detenido en alguna ocasión a charlar con Providencia mientras barría la calle con su siglo a cuestas. De prodigiosa memoria remota o remotísima, Providencia nos asombraba citando sin titubeos nombres, fechas y sucedidos de muchas décadas atrás. Pero después de esas conversaciones, el recuerdo de su edad y consecuentemente de sus vivencia de un periodo tan largo para la escala más frecuente de una vida humana, me dejaba un poso de extrañeza y de inevitables reflexiones acerca del paso del tiempo y de la peripecia de la vida de las personas y sus cambios turbulentos. Providencia ha vivido toda su vida en un medio rural de montañas perdidas y casi incomunicadas a los que apenas llegaba el trajín demencial de la historia. Incluso el trajín de los trajines, la Guerra Civil, se vivió aquí con cierta distancia. Providencia y los suyos fueron hasta hace muy poco tiempo algo menos que siervos de la gleba. Vivieron la aparente serenidad de una vida bien ordenada de señoritos que mandaban y braceros que obedecían. El mundo tranquilo en la injusticia de los que tenía todo y los que no tenían nada.  Cien años después, tras repúblicas, dictaduras, guerras, democracias, todo ha cambiado para que todo sigua igual. Ahora el señorito es un gañán empobrecido y no manda nada, en su lugar el poder se ha marchado a lugares ilocalizables y es detentado por personas sin rostro. Providencia y todos nosotros seguimos siendo esclavos de poderes hoy más difíciles de combatir. Pero los combatiremos, Providencia, mientras queden seres humanos que aspiren a la dignidad de la libertad. Bajo la lluvia hermosa de abril, te deseo feliz cumpleaños, abuela.

Subsistencia

Subsistencia

La economía normal es la economía sumergida. La economía reglada por el estado y contributiva es una economía artificial y no pocas veces más fraudulenta que la sumergida. Me refiero principalmente a la economía básica de supervivencia y de intercambio entre particulares, no a la economía más compleja que se nutre sobre todo la propiedad de los medios de producción y de las plusvalías del trabajo asalariado. Esta economía genera riquezas que en justicia deben contribuir al sostenimiento de los servicios públicos, de igual modo que la renta de las personas cuando sus ingresos comienzan a exceder la línea que marca el mero sostenimiento de una vida digna. Existe una gran bolsa, especialmente en los tiempo que corren, de actividad de intercambio económico que se mueve por debajo de ambos límites –el enriquecimiento personal y el beneficio sobre el trabajo de otros-, es un gran mundo de pequeñas chapuzas, de venta de pequeñas cantidades de productos artesanos o agrícolas, de prestación de servicios técnicos, de trabajos pequeños, mal pagados y a salto de mata aunque puedan ser sofisticados como dar una conferencia o dirigir un seminario profesional. En todos estos trabajos la mayoría de sus autores no hacen factura, trabajan en “b”, porque entre otras cosas ser autónomo cuesta una pasta al mes y no saldrían las cuentas. Hay que recordar que millones de personas hoy en nuestro país viven de estas chapuzas  y bolos y de la generosidad de sus familias. Sin embargo el gobierno anuncia una gran batalla para hacer aflorar esta economía llamada “sumergida”.  ¿A nadie se le ha ocurrido establecer un nivel no contributivo y sin cargas para aquél que es capaz de buscarse la vida sin la ayuda del estado? Si con las pensiones se entiende, ¿por qué no con la actividad económica de subsistencia? Con cinco millones de parados hay que plantearse si la economía sumergida es un fraude o un mecanismo de legítima defensa frente al estado amancebado cobardemente con los todopoderosos del dinero. A unos les buscan por ahí la pasta que les falta para seguir ganado muchos millones, a otros les pide una parte de los eurillos que se ganan con sus chapuzas. Si con su maravillosa economía liberal no pueden dar a trabajo a la gente, deberían al menos dejarlos en paz. elpuente.

Lecciones de primavera

Lecciones de primavera

En estos días se está produciendo con toda su fuerza el reventón de la primavera. Los árboles que han estado mostrando durante meses su esqueleto se cubren de hojas, los montes pardos y grises lucen toda la gama de los verdes, han vuelto los pájaros que se marcharon durante el invierno a lugares más cálidos y llenan el cielo con sus cantos y sus ritos de apareamiento. Hay una pujante renovación en todo llenando nuestros ojos.  A cierta edad –a una edad como la mía- la primavera tiene como siempre ese cierto aire jubiloso, pero también algo de melancolía. Nada como la primavera nos muestra el paso del tiempo. Para los que hace tiempo cruzamos el ecuador de nuestra vida, es un año más, pero también un año menos. Con una alegría tranquila y con agradecimiento observamos en la primavera que estamos vivos, que seguimos participando de este raro y muy interesante experimento del Universo. Pero somos conscientes también de que hemos descontado un año más de nuestro saldo y ello nos conduce irremediablemente a la melancolía. Tengo para mí que dejarse llevar por ambos sentimientos a través de la aceptación armónica de la profunda verdad que hay en ellos dos nos hace más lúcidos y nos puede conducir a la calma interior. Caer unilateralmente de modo exclusivo en uno de ellos y aun más luchar contra el otro, es negarnos a nosotros mismos y al mundo y quedar abocados a la tristeza que es el sentimiento más estúpido y destructivo que podemos albergar los seres humanos.  Claro que para saborear en toda su plenitud estos sentimientos hay que venirse al campo. En la ciudad no hay primavera, sólo un cambio de temperatura. En el campo la renovación del ciclo invade los sentidos y a través de ellos nos penetra esa alegría y esa melancolía  que  nos hablan en voz baja de nosotros mismos y nos ayuda a conocernos y sobre todo a aceptarnos sin lucha ni agitación. Algún día yo volveré a ser parte de esa realidad, de esa naturaleza, y de algún modo habitaré en los pensamientos de otros.  La vida es una rueda de conciencia y pensamiento. Y nuestro paso por ella algo más sencillo y menos trágico de lo que por lo común pensamos. La primavera así lo muestra a quien quiera mirar.

El circo

El circo

Ya sabemos lo que repetirá machaconamente el PP durante los próximos, largos y cargantes meses: España está sin gobierno, el PSOE no se ocupa de los problemas de España y sólo se dedica a resolver la  sucesión del presidente mientras ellos trabajan abnegadamente por resolver los problemas del país.  Y ya que Zapatero no estará más arremeterán contra el PSOE en su conjunto por haber sostenido a Zapatero. Escribo esto el mismo día en que se ha producido el anuncio del Zapatero y ya todos los dirigentes del PP han repetido lo mismo pocas horas después de ese anuncio, con lo que resulta evidente que es una consigna preelaborada ante la contingencia de ese anuncio. Haga lo que haga ZP y el gobierno eso es lo que van a repetir sin descanso. El juego de los partidos es así; si ellos dicen esto, le atizaremos con aquello y si dicen esto otro, les atizaremos con aquello otro, niegan hasta las cifras y las matemáticas, da igual la realidad, la verdad, son especialistas en retorcerla e ignorarla, como prueba que permanentemente cada uno de ellos dice negro a lo que el otro dice blanco, ante lo cual hasta el más tonto puede deducir que se pasan la vida mintiendo interesadamente, porque simplemente no existe contrincante dialéctico que no lleva razón jamás. Va a ser una pesadez. Y se han estrenado con algunas patochadas víctimas de la excitación. Camps ha dicho “hemos ganado”, ¿qué han ganado?, la respuesta asusta. Cospedal ha dicho que hacen falta elecciones anticipadas (están rabiosos con eso pues saben que en un año el PSOE sólo puede acercárseles) y que  “tienen que dejar elegir a los españoles”. Habrá que recordarle cómo funciona esto de las elecciones.  Gallardón ha dicho que “Zapatero ha decidido prolongar la agonía un años más y es desleal con el país”. Y es que están ansiosos por salvarnos. Por desgracia creo que será fácil que tengan esa oportunidad. Yo ya voy a ir haciendo testamento por si son estos los que van a venir a salvarme. Pillarán su sillón y su coche oficial y seguirán en la obediencia a aquellos que nos empobrecen y esclavizan mientras se forran. Es un triste circo decadente.

Hipotecas

Hipotecas

En el momento actual en que tanta gente que ha perdido su empleo y muchos de ellos no pueden pagar la hipoteca de su casa, Zapatero no ve con buenos ojos que la dación (entregar la vivienda hipotecada) sea suficiente para cancelar la deuda con el banco. Dice que esto “pondría en peligro la solvencia del sistema financiero”. Supongo que ya habrán adivinado ustedes que se refiere al sistema financiero de los bancos, no al sistema financiero del ciudadano que no puede pagar su casa. Quizás piense que como las finanzas privadas del ciudadano ya se han ido a la mierda completamente, pues vamos a salvar las de los bancos que están ganando poquísimo últimamente –en 2010 por ejemplo los cinco grandes bancos se dieron un batacazo tremendo los pobrecillos bajando sus beneficios en casi un once por ciento y sólo ganaron la ridícula cifra de 14.000 millones de euros-. A estos pobrecillos bancos el estado le ha prestado 100.000 millones de euros para que no vayan tan justos. Y estos bancos no admiten el piso de un señor en pago de la hipoteca, la ejecutan y cuando se llega a la subasta la ley les permite adjudicárselo por la mitad de lo que vale y ponerlo otra vez a la venta por lo que vale de verdad. Y estos bancos con toda esa pasta de ciudadanos como ese en el bolsillo recortan la financiación de pimes y autónomos hasta asfixiarlos y hacerlos cerrar dejando a gente hipotecada en la calle y vuelta a empezar. Pero Zapatero tiene la solución de lo de las hipotecas, dice que hay que “prevenir el sobreendeudamiento de los ciudadanos”. Y es que, claro, pudiendo comprar pisos de 6.000 euros, la gente se vuelve loca y se tira a comprar pisazos de 240.000. Llevas razón, Zapa, somos unos inconscientes.  Y la Salgado dice con rotundidad que “desde luego que no, no es en absoluto el momento de plantear estas cosas”, que vienen los de los estrés test con el mocho. Pensará que el momento adecuado será cuando la gente pague sus hipotecas sin problemas. Por algo los ministros son ministros; nos iluminan con su inteligencia y sagacidad. ¡Qué grandes son estos gobernantes del Partido Socialista Ultraliberal Español! Nos hacen llorar de la emoción.

No estaba tan lejos, no era difícil

No estaba tan lejos, no era difícil

El pasado fin de semana tuve la suerte de llevar a cabo distintas actividades realmente placenteras en mi casa en el campo, esas sencillas cosas que nos proporcionan una alegría tranquila que, quizás, es lo mejor que podemos obtener de la vida. Compartí con amigos charla amena, con mi compañera anduve perdido por las profundas serranías, pasé también largas horas solitarias fotografiando pájaros esquivos, el primer sol primaveral me abrazó como un familiar que vuelve de un largo viaje mientras hacía leves faenas en el jardín. Pero lo bueno a veces puede ser todavía mejor. Por la noche, frente a la chimenea abrí el nuevo libro del poeta Joan Margarit titulado No estaba lejos, no era difícil. Desde el primero hasta el último poema sentí la profunda conmoción de la gran poesía, aquella que no pasa por delante de nuestros ojos solamente como un ejercicio más o menos conseguido de destreza, sino como profunda verdad que nos conmueve y que nos hace repensar la vida. Es uno de esos libros que no nos dejan seguir siendo quienes creemos ser y nos hacen cambiar, aprender, crecer. Margarit ha escrito este libro a los setenta y cuatro años y es un libro sobre la llegada al último tramo de la vida. Margarit siente que esa edad no estaba lejos al contrario de lo que solemos pensar a lo largo de nuestra vida aferrada por lo general a valores de juventud tiránicamente excluyentes en nuestra sociedad. Y piensa que no era difícil aceptar esa edad con naturalidad. Para ello encuentra que el miedo no es más que falta de amor, un amor que bien entendido debe ser también aprecio por uno mismo, lo que él llama “dignidad” que no es entendible sin la inteligencia, inteligencia que en la vejez puede sustituir el aprendizaje por la exploración de todo lo aprendido. Un canto de esperanza en lo que él llama “acogedora tristeza”. Y todo ello dicho a través de poemas ciertos, sencillos y muy bellos. Utilizando interesadamente el título de su libro, yo podría hoy decir también que la alegría no estaba lejos ni era difícil, bastaba sincronizar el amor con la inteligencia. No falta tanto para que yo sea viejo según señala la melancólica belleza de estos montes y la emoción que he sentido al leer este libro.  Sólo se me ocurre decir con emoción y en voz baja “gracias”.

Productividad

Productividad

Estoy plenamente convencido de que a los dirigentes de la UE, Europa como ámbito social y cultural les importa un pimiento. Sólo les interesa aquello que tiene que ver directamente con el crecimiento económico que es el nuevo dios del continente y del mundo desarrollado. Y por tanto la prioridad es salvar el euro que es casi la única realidad tangible de la Europa unida. Dentro de las reformas que se proponen actualmente para responder a la crisis no se hace nada para revisar el modelo económico, pero lo que haga falta para salvar el sistema de moneda única y, en general los beneficios del gran capital. Últimamente se empieza a hablar de adaptar los salarios a la productividad, o más bien, es la condición que pone Merkel –seguida lacayunamente por Sarkozy-  para que Alemania siga tirando del carro. En principio a la mayoría no le parece tan mal eso de adaptar el salario a la productividad. Pero enseguida se plantean preguntas clave. ¿Quién va a medir y cómo la productividad?, ¿La productividad será una media o una medida individual de resultados para cada trabajador? Yo desde luego no quiero ni de coña que me hagan la media de esfuerzo laboral con alguna administración que yo me sé. Adecuar el salario a la productividad se puede hacer y de hecho se hace  al interior de las empresas; en las empresas privadas de hecho quien se esferaza más y aporta más, gana más y sólo existen excepciones en las plantillas de las grandes corporaciones y sobre todo en los empleados del sector público. En este sector no es raro que un gandul improductivo se convierta en jefe mejor pagado que un buen trabajador sólo porque tiene más antigüedad por poner sólo un ejemplo de norma arbitraria. En la empresa privada es mucho más difícil que esto ocurra por la pura lógica de la defensa de los resultados y el beneficio. En fin es una bonita idea de difícil aplicación.  Más bien me temo que será un coladero bien diseñado para seguir recortando a los trabajadores. Ya saben, que trabajemos más por menos durante más tiempo para conservar las bienaventuranzas de la sociedad del bienestar y sus juguetes envenenados, mientras la lista Forbes de megamillonarios crece a una velocidad sólo comparable a la miseria del tercer mundo.

Contrato sospechoso

Contrato sospechoso

En sus paseos mitineros por Cataluña Rajoy ataca de nuevo con su propuesta del llamado contrato de integración para los inmigrantes. Dijo Rajoy que “hace falta control y orden” y sin dificultad puede entenderse que habla de “su” orden, o lo que es lo mismo del orden de los que viven bien y  quieren blindar sus privilegios en un mundo abarrotado de gente que lo pasa mal. Y el “control” en este tema y en su boca no puede significar más que policía y fronteras contra los inmigrantes. Dice Rajoy que “no hay nada peor que el hecho de que no haya integración”. De las muchas cosas peores que la no integración sólo le citaré una: la miseria (bueno, sin querer dos, porque la miseria lleva implícita la injusticia) y además Rajoy por su ideología no puede comprender que muchos de los aspectos de la integración o no integración atraviesan los territorios de libertades individuales que el estado no es quién para coartar.  El PP no ha detallado a fondo la letra de ese contrato sin duda por cuestiones tácticas, pero ha esbozado sus líneas generales.  Dice el PP que los inmigrantes deben comprometerse a cumplir las leyes (idiotez supina que se demuestra sólo si se imagina que se le pidiera lo mismo a un español; yo jamás me he comprometido a cumplir las leyes, unas las cumplo por convicción, otras por miedo y otras me la juego, me las salto y afronto el riesgo, como todo el mundo),  que deben respetar las costumbres de los españoles (¿cuáles, berrear en los bares, mear en la calle, colarse en las colas, despreciar a los científicos, pedir que quiten el IVA de las facturas, cuáles?, porque me parece evidente que aquellas que traigan de sus países de origen y que atenten contra la dignidad de las personas –véase burka- no se pueden admitir de igual modo que cualquier otro daño a los demás), que aprendan la lengua (y si están en Murcia el acento murciano, ¿no?), que paguen sus impuestos (¿se refiere a los impuestos que han ayudado a pagar la pensión de nuestros padres en este país sin crecimiento demográfico?, esos ya los pagaban, ¿no? y hay leyes y jueces para eso, ¿o quiere impuestos especiales para  los inmigrantes?). Parecen tonterías. Y lo son. La xenofobia es tonta. Además de humillante para quien la sufre y denigrante para quien la tolera.

La aldea

La aldea

La vida en las aldeas de la sierra albaceteña fue bastante dura durante muchos años. Probablemente esto propició un tipo de vida donde la comunidad era imprescindible para salir adelante. La ayuda no podía venir de fuera porque la incomunicación era enorme y porque no había dinero para abastecerse de casi nada, de modo que forzosamente los vecinos debían ayudarse y esforzarse por mantener unas buenas relaciones. En algunos lugares esta vida en común era tan fuerte que la totalidad de los vecinos eran como un clan, casi una familia. En este sentido en algunos sitios las cosas irían mejor que en otros, pero todos necesitaban el auxilio de los demás. Como es lógico, estos lazos iban más allá de la ayuda en los trabajos y faenas de cada cual y se compartía también el tiempo libre, las confidencias, el cuidado de los hijos, y en general, la vida. En Yetas, que es el lugar que más conozco de una de estas localidades, Nerpio, estas relaciones estrechas han sobrevivido hasta hoy y se desarrollan de un modo armónico por el que es realmente un placer echar raíces de algún modo en la aldea. Porque los que hemos llegado de fuera hemos sido recibidos con los brazos abiertos y hemos entrado con naturalidad dentro de la “familia”. En Yetas la gente se preocupa por sus vecinos y siempre hay alguien dispuesto a echar una mano a quien lo necesita. Cuando llegan las cosechas la gente se intercambia  productos de la huerta,  cuando se destila a nadie le falta su botellita de aguardiente,  al bar puede llegar Gregorio, el rey de la huerta, y poner en la barra un montón de tomates para invitar a todo el mundo, o puede llegar otro día con guíscanos para hacer un almuerzo para quien esté allí. Porque el bar de la aldea, es mucho más que un bar, es la casa de todos. Una vida comunitaria que ya se está perdiendo y aun con toda su dureza proporcionaba a la gente tranquilidad y un cierto sentimiento de seguridad a pesar de tener muy poco. Nuestro estilo de vida está devorando a estas aldeas y con ellas un poco a todos nosotros. La aldea no es el paraíso, es cierto, pero cada vez más el mundo es un infierno. 

El mazo

El mazo

Cuando definitivamente el mal ya está hecho y hay que afrontar la salida de la crisis, en efecto hay que hacer reajustes en el gasto para salir del hoyo. Estos reajustes deberían cumplir dos objetivos; eliminar gastos de los que se pueda prescindir y que sirvan para empezar a caminar en una dirección que cambie la estructura que nos ha llevado a la situación actual. Resulta evidente que los gobernantes no están mínimamente decididos a dar pasos para cambiar el modelo y no ponen en cuestión el origen del mal, tal cual es una economía liberal a ultranza. El peso de los recortes se ha cargado fundamentalmente sobre los hombros de los trabajadores mientras por ejemplo los bancos nos dicen que han ganado “sólo” no sé que burrada de millones. Recortar el gasto social es fácil, una idea accesible para tontos, pero ahorrar en todos los recovecos de la administración pública y sus derroches necesita un esfuerzo analítico, determinación, vergüenza y generosidad políticas que desde luego no sobra en estos tiempos. Ejemplo típico podría ser la locura del AVE. Inversiones públicas tremebundas para crear  un tren de Albacete a Madrid que ahorra veinte minutos, con un billete carísimo que hace que vaya vacío. ¿A quién le reclamamos ante este dislate?. Pero donde esta dirección política resulta desastrosa para nuestro futuro es en educación e investigación. Ya han empezado los recortes en educación, que ya estaba mal,  justo donde no hay que recortar sino justamente invertir más para sembrar un futuro mejor. Y en investigación… Hace unos días unos chavales universitarios que tienen un proyecto capaz de competir en un concurso en el Instituto Tecnológico de Massachussets buscaban como locos unos seis mil euros para los gastos que le ocasiona esa participación. No les hicieron ni caso. Lo pidieron en Internet y los sacaron en la televisión y allá que se presentó la ministra del ramo sonriente diciendo que apoyaban a los jóvenes y que el ministerio les daría una cantidad igual a lo que consiguieran en su campaña. Lleno de vergüenza e indignación apagué la tele. Se perpetúa el modelo de economía salvaje, de la cutrez y la desfachatez mientras nosotros aguantemos. Porque al loro con los que vienen detrás; están esperando a que les den el mazo para remachar el clavo.

Paz y partidos

Paz y partidos

Los partidarios de la izquierda abertzale han fundado un nuevo partido y han declarado que este partido es contrario al uso de la violencia con fines políticos y ha incluido explícitamente en esas manifestaciones a la violencia de ETA. Es comprensible la desconfianza. Sin embargo hay un hecho diferencial respecto a maniobras anteriores que es precisamente esa manifestación. Ante esto el PP ha contestado con furia negando cualquier posibilidad de cambio en el mundo abertzale y exigiendo al gobierno cosas que el gobierno no puede hacer como ilegalizar al nuevo partido (sólo lo pueden hacer los jueces). Estoy seguro que en el PP la mayoría de las personas detestan la violencia etarra y desean su fin, pero también es cierto que ese partido ha luchado siempre por hacerse dueño y capitalizar el sentimiento antiterrorista, como si fueran ellos los únicos que se oponen realmente al terrorismo, por mucho que tanto la lucha policial contra ETA como la negociación con ella esté perfectamente repartida entre ellos y el PSOE.  Por su parte el PSOE (en cuyo mundo también estoy convencido que todos quieren el fin de la violencia) capitaliza a futuro ese fin de la violencia bajo el supuesto de que su adversario político por su radicalismo antiizquierdista no será capaz de conseguirlo y le corresponde a él poner el sello y conquistar las mieles de la consiguiente alegría popular.  Por eso, porque no quieren patinar de nuevo van a ser muy cautos y muy duros. Estas actitudes, que si estoy en lo cierto existen en ambas formaciones, pueden llegar a ser una sombra importante, un obstáculo fruto de la mezquindad de la lucha partidista que retrasaría inútil y peligrosamente el fin definitivo de la violencia. IU (Ezker Batua) tendrá que desliar su cabeza tras olvidar que el universalismo inherente necesariamente a un pensamiento de izquierdas es incompatible con el apoyo a los nacionalismos cejijuntos de izquierda y de derecha y han estado en la política vasca que no sabían si tirarse al tren o tirarse al revisor. Hay que decirle a todos los partidos que si no saben a quién tirarse que se alivien como puedan, pero que pongan la consecución de la paz por encima de cualquier otra consideración. Los estaremos vigilando.

Ajedrez maldito

Ajedrez maldito

Hace unos días escuché en Radio Nacional una entrevista a la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, en la que habló ampliamente de los últimos acontecimientos en los países árabes del Mediterráneo. En sus palabras se dejaba ver una de las caras más despreciables de la política internacional; la preeminencia de los “intereses nacionales” a la justicia. El gobierno español, al igual que el resto de gobiernos de los países occidentales, ha descubierto de pronto que en Túnez y en Egipto no hay democracia y manifiestan la urgente necesidad de cambios que lleven a los ciudadanos de estos países a su consecución. De pronto han olvidado que durante décadas apoyaron a estas dictaduras porque según su posición en el ajedrez maldito eran un tapón al integrismo islámico. Y cuando el entrevistador le habla de Marruecos, ahí se le aflojan las rodillas a la ministra y, casi balbuceando, dice que Marruecos es diferente, que en Marruecos se han registrado avances y que los niveles de libertad eran mayores que en Túnez o Egipto. Sagazmente el entrevistador le dice que prefiere que la comparación la haga con nosotros o cualquier país europeo y la ministra se enroca en su discurso. Que además es vergonzosamente falso; en Marruecos las elecciones son amañadas,  el parlamento está abarrotado de diputados por designación real – la camarilla de la corona-, la corona posee una de las grandes fortunas del mundo custodiada en bancos europeos, dinero hurtado al pueblo a través de la venta corrupta de contratas y ventajas desleales a terceros, tiene una gran cantidad de presos políticos, una libertad de prensa machacada, un pueblo saharaui sojuzgado. Y es que Hassan además de rey es dios, la pera. Pero Marruecos es diferente, dice la ministra. Si se levanta el pueblo marroquí, con la misma cara dura dirá al día siguiente que son urgentes las reformas para que el país alcance la democracia. En política internacional la ética, la justicia, los valores, la solidaridad y cooperación no cuentan para nada. Como ser humano pertenezco al mismo único país que un marroquí, el de la humanidad entera, y escuchar a la ministra me produce dolor y vergüenza. Hermanos marroquíes, o guineanos o papuenses o de cualquier parte, sabed al menos que no es la voz de muchos de nosotros la que sale por la boca de nuestra simpática ministra.

Me se saltan la lágrimas

Me se saltan la lágrimas

Desde hace tiempo ha venido decayendo mi aprecio por nuestros sindicatos. Son organizaciones mastodónticas y por tanto burocratizadas y que favorecen un sistema de castas internas. Son organizaciones verticales de arriba hacia abajo por mucho que pretendan aparentar lo contrario. Los grandes jefes dan las instrucciones y la organización obedece,  lo que propicia la sumisión de la organización y el alejamiento de las bases. Son organizaciones que reciben dinero público por lo que su combatividad siempre se verá mediatizada por el dinero del que en buena medida dependen para mantener sus grandes organizaciones. Recuerdo aquí que mi padre, que era secretario de finanzas local de su sindicato, me contaba  que la aceptación de fondos de cualquier institución pública o privada simplemente estaba prohibida estatutariamente (y hablo de los años 40). Son organizaciones con montones de liberados, lo que produce que esos liberados no podrán actuar del mismo modo que si no se estuvieran jugando sus habichuelas en su actividad sindical.  Son organizaciones que han entrado en asuntos poco éticos como el enjuague de ganar dinero con los fondos europeos para la formación. En resumen, organizaciones lejanas ya del espíritu del sindicalismo de base, de acción directa, edificado sobre bases de democracia participativa y asamblearia y dotada de un espíritu cooperativo y combativo. El movimiento sindical es de una importancia crítica en una sociedad democrática para permitir que se  atocine de este modo. Y llega ahora la guinda; la desfachatez de acordar con el gobierno la rebaja de derechos sociales de jubilación. No tengo otro nombre para eso que “complicidad”. Y además pretenden tomarnos el pelo repitiendo el discurso de la insostenibilidad del sistema de pensiones que es demagógico, falso y al servicio de los culpables de la situación actual (en otro artículo hablaremos de ello) y pretenden hacernos creer que han salvado la situación. Es como si nos dijeran: “te iban a dar dos ostias y yo, pragmático, posibilista y razonable, he conseguido que te den sólo ostia y media, lo que debes valorar y agradecer como un gran triunfo para tu jeta”. Pues gracias hermanos, pero no me queráis tanto que  me se saltan las lágrimas.

Kali tuxi

Kali tuxi

El pasado fin de semana mi hijo trajo a nuestra casa en el campo a unos amigos griegos que andan por aquí estudiando con una Erasmus y con algunos de los cuales  comparte piso. Lo de las becas Erasmus son algo que bien mirado resulta barato y puede que sea de los mayores logros tangibles de la UE para las futuras generaciones de europeos, pues todo lo demás ha sido más bien hasta ahora grandilocuencia y negocio para enriquecer más aun a los mismos. Estos chicos son buena gente, son listos y hasta guapos. Vienen de un país al que los mercaderes del dinero y unos políticos mediocres y sumisos han arrojado a una situación complicada, un país intervenido, con menos libertad y donde el futuro para ellos se presenta sombrío. Me dicen que ni siquiera aspiran a poder alcanzar un puesto de trabajo relacionado con aquellas disciplinas que están estudiando.  Pero la juventud es una fuerza desbordante que resiste todos los obstáculos, y son felices –algún día comprenderán que mucho más felices de lo que ahora piensan que son-, viven en un mundo de amistades, de entendimiento al que los idiomas no dificultan ni un ápice, de música, de enamoramientos, y de aprendizajes y estudios. Son seres humanos que están poniendo de su parte con alegría todo aquello que es necesario para alcanzar la dignidad de ser personas y la decencia de ser ciudadanos. Y son además, por su esfuerzo y con todas las de la ley, europeos y ciudadanos del mundo. Es magnífico lo que podría llegar a construirse con estos chicos y tantos otros como ellos. Pero tienen veintitantos años en la Grecia arruinada por los avariciosos, en la Europa desconfiada de sí misma y en el mundo injusto, destrozado y hambriento. En un momento, mientras charlaban y reían, un frío desagradable me ha recorrido la espalda al pensar en el mundo que yo y la gente de mi edad les vamos a dejar para que vivan en él. ¿Cómo hemos sido tan tontos, tan inconscientes, tan cobardes? Isidoros, Anna, Natassa, Eva, lo siento mucho, de verdad. Os deseo lo mejor y que vuestra espléndida sonrisa siga brillando por encima de nuestras miserias. Buena suerte- Kali tuxi.

Indignación y carretera

Indignación y carretera

Nuestro país y el mundo necesita de la indignación de los ciudadanos. Nuestro país porque el sometimiento perruno de nuestra clase política a los dictados de los poderes económicos y financieros está atacando profundamente el bienestar y las libertades que han costado mucho esfuerzo conseguir. Y al mundo también le hace falta porque la rapiña que lo gobierna ahonda las desigualdades planetarias de manera feroz y consigue incluso que el ciudadano del mundo rico ni se acuerde de que eso es así. Quisiera dejar muy claro que cuando hablo de indignación no quiero decir de ningún modo violencia. Al contrario, la indignación que se muestra pacíficamente a través de manifestaciones, desobediencia, asociacionismo, etc,  puede precisamente evitar la aparición de la violencia que fácilmente puede asomar cuando la injusticia ha infligido un daño excesivo o irreparable. Esperemos que pueda ser esperanzador el hecho de que el actual best seller en Francia sea el libro de Stéphane Hessel  “Indgnaos”  en el que apela especialmente a la juventud a indignarse por un mundo “gobernado por poderes financieros que lo acaparan todo”. Es una idea relacionada directamente con el concepto de “dictadura de la indiferencia” de Josep Ramoneda que he citado algunas veces en estos artículos. Existe un ejemplo muy reciente que a pequeña escala muestra que la indignación es la base para conseguir reparar injusticias: En Albacete existe una carretera –la del Puente de Híjar- que estaba destrozada y en la que habían sucedido diversos accidentes con muerte. Una plataforma ciudadana de vecinos indignados protestó, se manifestó y amenazó con estar presente en todos los actos políticos de las próximas elecciones y , voilá, el señor presidente regional resuelve lo irresoluble en plisplás ante de que le toquen las narices en los mítines. Sin indignación y habiendo permanecidos callados, la carretera seguiría igual. Igual que con la carretera lo mismo podría hacerse con cuestiones de más alcance. No ser indiferentes, indignarnos y decirlo machaconamente, ese es el camino.

Un brillo salvaje

Un brillo salvaje

Se suele decir que una sociedad es tanto más perfecta cuanto más compleja es la trama organizativa y normativa que la sostiene. Se dice que es al fin y al cabo un camino que nos trae a la civilización y el orden desde la selva, el salvajismo y el caos. Y no es una idea carente de cierto grado de verdad, pero que encierra multitud de peligros y trampas. Perdemos el salvajismo y sus crueldades, pero también con él la espontaneidad y el carácter más estimulante de la vida como aventura convirtiéndonos a todos en animalillos asustados que no soportamos el más mínimo sobresalto. Y eso sin contar que la vida civilizada acarrea no pocas nuevas crueldades, no por más sofisticadas menos dolorosas como la exclusión intrínseca del dinero, o la pesada losa de una hiperinflación de normas, imposiciones y prohibiciones. Uno de los efectos más perversos de esta situación es el carácter funcionarial de la política que convierte a sus agentes en casta propietaria de sus empleos que defiende con uñas y dientes, tratando en primer lugar de alejar al resto de ciudadanos de la actividad política. Así,  el estado arma sus gobiernos en alto grado prescindibles dejando al margen a la gente una vez que ha votado y queda despojada de su legítimo poder. Y emplean su poder en primer lugar en convencer a la gente que son ellos los que deben ocuparse de los asuntos públicos. E intentan legitimarse por algo de tan de dudosa legitimación como es el voto en un sistema de dictaduras de las mayorías. En este sistema, con el voto de la cuarta parte de los ciudadanos, se obtiene licencia para magonearnos a placer a todos. De igual modo, sus primos los sindicalistas reclaman para sí la tarea de defendernos  frente a los abusos de ese poder del que no son más que parte subvencionada, llamándonos alborotadores a aquellos que desestimamos su ayuda. La acusación demagógica de “antisistema” en boca de un sindicalista en estos tiempos me sonó a elogio.  Habiendo llegado a donde hemos llegado, creo que es tiempo de denunciar al civilizado opresor doméstico, de pedirle cuentas, de empezar a desobeceder pacíficamente sí, pero con cierto brillo salvaje en la mirada. O seguir siendo ganado en el confort de los establos. 

La calidad del día

La calidad del día

El visionario escritor, filósofo y naturalista norteamericano del S XIX Henry Thoreau dejó escrito: “No sé de nada más estimulante que la incuestionable capacidad del hombre para elevar su vida por medio del esfuerzo consciente. Es algo ciertamente pintar un cuadro, esculpir una estatua, o en fin, hacer bellos objetos; sin embargo, es mucho más glorioso esculpir o pintar la atmósfera misma, el medio  a través del que miramos, lo cual es factible moralmente. Influir en la calidad del día, ésa es la más bella de las artes”. Estamos tan lejos de este ideal que realmente asusta. Enredados ciegamente en nuestros monotemáticos quehaceres los días nos vienen dados, prefabricados y nos conformamos con el estrecho margen de acción que nos dejan; la falta de libertad ha penetrado nuestros corazones. Hoy más que nunca en nuestras opulentas sociedades cambiamos seguridad por libertad. Esto trae como consecuencia la supervaloración de esa seguridad tan cara y consecuentemente el miedo mina nuestra existencia. Los poderes que se lucran de nuestra esclavitud saben manejar sutilmente estos mecanismos y potencian ese miedo hasta convertirnos en ratones aterrorizados en un rincón de la casa.  Todo nos empuja al miedo, el pánico a perder el empleo, el miedo a la infinita lista de castigos posibles  como sujetos pasivos del estado, miedo al integrismo violento (do otros, no del nuestro), miedo a la pesada condena de ser excluidos de la sociedad de los “normales”, miedo a no ser lo suficientemente competitivos para alcanzar a comprar toda la basura que acabamos por desear por la fuerza del mercado.  Y así, nuestros días son una caminata en la cuerda de presos en la que aspiramos a picar sin más problemas la piedra que nos toca para que nos den nuestra celda y nuestra comida. En la actual situación de decadencia de nuestra civilización quizás sólo cabe albergar la esperanza de que muchos despierten y alcancen a comprender que “influir en la calidad del día es la más bella de las artes”. No en vano fue también Thoreau quien escribió el manifiesto llamado Del deber de la desobediencia civil que amó y utilizó Ghandi más tarde. Esperemos que así sea, porque la alternativa es el caos.

Harticos

Harticos

Dice el Zapatero que va a prolongar la edad de jubilación hasta los 67 años. Hasta el gorro me tiene este hombre. Después de Aznar, creí inocentemente que no iba a llegar a estar tan harto de un presidente, pero el Zapa está haciendo méritos. Y además se desenvuelve el hombre en ese lenguaje ambiguo y tramposo del “yo no digo ná pero algo digo”. Así por ejemplo dice que sacará la ley “con todas sus consecuencias” (que a mí me suena como la chulería aquella de Aznar del “sin complejos”) y hasta le pone fecha de aprobación en consejo de ministros; el 28 de enero. Y al mismo tiempo dice que quiere una base de consenso amplia. Eso son chocotajás, hermano. O impones o negocias y buscas consenso. No vale que me pongas la pistola en la cabeza y que pretendas al mismo tiempo que lleguemos a un acuerdo para que te de mi dinero, tramposillo. Pero lo peor de todo esto, hartazgo aparte, es ver al presidente que se presentó como adalid del estado social arremetiendo contra el mismo como un títere cuyos hilos mueven los sargentos chusqueros de ese conglomerado de poder que escribe la obra. Ni él, que se presenta a sí mismo como “izquierda” ni ningún otro de los dirigentes del mundo desarrollado mueven un dedo ni dicen ni mu para intentar caminar en otra dirección que el neoliberalismo ultraconservador que nos ha metido en este callejón sin salida de un crecimiento al infinito imposible y destructor. Dice Zapatero que hay que cambiar la ley de jubilación porque el sistema actual es “insostenible” –noble palabra prostituida  por completo que usan los políticos para tirar por tierra sin más explicaciones aquello que les parece-. Puede ser que las cuentas no salgan, pero para cuadrarlas, pues tiramos de los trabajadores. Le podemos dar algunas ideas de vías de financiación: tasa a los movimientos de capital especulativo,  liquidación de instituciones inoperantes y muy gravosas, impuestos especiales al consumo de lujo, reestructuración de la Seguridad social, y tantas otras. Pero claro, ahí estamos a mano los trabajadores, fichados y sin un pijo de poder en los mercados para meterle miedo. En todas las decadencias de los imperios han sido siempre los soldaditos de a pie los que han pagado el pato. Ya nos tienen formados para ir al matadero. ¡Qué hartico, pero qué hartico me tenéis, Zapa y toda la recua de trajes grises y corbatas azules!.

Dopantes

Dopantes

Siempre me ha gustado mucho el deporte y en mi juventud lo practiqué con intensidad. Por eso desde hace tiempo cada vez me gustan menos los grandes espectáculos deportivos actuales; olimpiadas, mundiales de futbol y atletismo, campeonatos de F1, etc., por más que me encante ver el prodigioso tiqui-taca del Barcelona, por poner un ejemplo. Son eso, espectáculos, que se apartan en mi criterio de las mejores cualidades del deporte. El problema es que al mercantilizar su actividad están convirtiendo el deporte en mercancía, y de aquí derivan toda una serie de perversiones. Ganar, por ejemplo, deja de ser un accidente grato sin más de la actividad deportiva y se convierte en la medida de la productividad y consecución de objetivos de la empresa, los deportistas se transmuta de personas a “recursos humanos” de una empresa que se desenvuelve en un mercado hipercompetitivo, se convierten en un currantes estresado en una empresa histérica. Y los espectadores nos convertimos en clientes y, como tales, en exigentes casi rabiosos de resultados. Y esto empieza a alejarse de lo que es o debería ser el deporte (disfrute, alegría, serenidad, compañerismo…). De modo que si  juego al “si yo fuera presidente”, haría que todos los beneficios de las sociedades deportivas, así como la mayor parte de los sueldos astronómicos de las estrellas, se ingresaran íntegramente en el sistema público de deporte para la creación de infraestructuras, entrenadores, gastos de equipamientos, viajes, etc., apoyando sistemas de competición amateur sólidos y asequibles para la mayoría. Y viene todo esto a cuento de las repetidas noticias de casos de dopaje en el deporte. Además de los delitos que cometen, la gente siente que se traiciona un cierto espíritu del deporte. Lo que no nos damos cuenta quizás es que ya está traicionado desde antes de que los competidores salten al terreno, las pistas, circuitos  y carreteras. El deporte entero –favorecido por el estado y la sociedad en su conjunto- vive en un permanente doping de dinero, ansiedad histérica por las marcas y proezas, complacencia patriotera paleta por las medallas y un forofismo vociferante propio de masas maleducadas. Y nos extraña que Marta Domínguez se dope y dope a otros. Es sólo un puntito más de lo que hacemos todos con el deporte.  

Primeras nieves

Primeras nieves

Las primeras nieves tímidas han pintado de blanco los picos de los montes alrededor de mi casa. Vendrán fríos y borrascas mayores y la nieve descenderá hasta la aldea preparando el decorado para los ritos navideños. Aquí esos ritos no serán calles llenas de luces, ni los villancicos sonando por todos lados, ni el frenético trajín de las compras abarrotando aceras y tiendas. Aquí tendremos la matanza, unas nueces con miel y aguardiente compartido con los amigos y abrazos, cientos de abrazos a los que se fueron a buscarse la vida lejos y en estas fechas vuelven. Aquí la vida rural, aunque tengamos ADSL y wifi, sobrevive componiendo un reducto aislado. A veces pienso que de igual modo que se protegen los parajes valiosos para la conservación de la biodiversidad, un día les va a dar por proteger los espacios donde queda algo de aquello que fue la vida rural. Estas aldeas se están convirtiendo en reliquias de otro tiempo. Nuestro modelo económico y social las ido devorando hasta dejarlas con el espinazo de sus ruinas a la vista. Dejando de lado romanticismos con ojos en blanco, que a veces además son injustos porque desean para los aldeanos cosas que para nosotros mismos no querríamos ni en pintura, sí es cierto que en todos estos cambios habitan pérdidas irreparables que son muy de lamentar. Algunas tan ligadas a una vida buena como puede ser el vivir sin la ansiedad de la prisa, o la vida en común compartiendo muchas cosas en amplias redes de vecinos y familiares, o el contacto  y vida en equilibrio con la naturaleza. Bien es verdad que cuando todo eso era así en esta zona, todo era propiedad de caciquillos feudales que sometían a las gentes a su voluntad y a través de ella a la miseria.  Por tanto si uno se para a pensar, lo más probable es que nos conquiste la melancolía o la tristeza al comprobar que si hemos sido tan determinados y audaces para mejorar tantas cosas, al mismo tiempo hayamos sido tan torpes para perder por ese camino tanto de lo bueno que ya teníamos antes de irnos todos en masa a ese invento que es la ciudad abarrotada, a una economía que nos esclaviza con mejores modales pero no con menor intensidad que a nuestros abuelos. Esta navidad, cuando esté frente a la lumbre echando unos carrasqueños con algunos amigos, procuraré darme un descanso y no pensar mucho en todo ello. Porque la melancolía sostenida en el tiempo acaba por convertirse en cobardía, y hay hucha caña que dar todavía.