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El Puente. León Molina

El conde

El conde

El Conde de Villamediana fue un poeta de enorme calidad e inspiración que, como les sucedió a otros, tuvieron la quizás mala suerte de ser contemporáneos de una lista que incluye nombres como Cervantes, Quevedo, Góngora, Calderón, Fray  Luis, Lope de Vega… La vida del conde es en sí misma una novela de aventuras. Es uno de esos personajes que si cayera a nuestro lado probablemente acabaríamos no pudiendo soportar, pero que así en la distancia, en nuestra época y vida tan rasa, plana y sedentaria, nos produce esa atracción típica de los que viven con ingenio y valor al borde siempre del peligro. El conde era jugador, pendenciero, mujeriego, atrevido, ocurrente y poseedor de un enorme bagaje cultural. De modo que lo mismo podía tener una profunda conversación sobre los clásicos, que estar saltando una tapia para adentrarse en la alcoba de una mujer casada, que perder una fortuna en el juego, o batirse con cualquier desgraciado por un quítame allá esas pajas. Y a veces todo ello en el mismo día. Fue desterrado en dos ocasiones, hizo fortuna y la dilapidó, se jugó la vida seduciendo a la querida de Felipe IV y tirándole los tejos a la reina, vestía de un modo estrambótico y escribió coplillas lacerantes contra todos lo poderosos. Se cree que la expresión “picar muy alto” se debe a lo dicho por el  rey cuando alguien habló de lo bien que picaba los toros y éste con doble sentido dijo “pica bien, pero pica muy alto”.  Se cuenta que en unos toros en la Plaza Mayor, con asistencia de los reyes, se presentó con una capa llena de monedas de real cosidas y cuando le preguntaban por ello decía con el evidente doble sentido “son reales mis amores”. En una ocasión prendió fuego al escenario en que actuaba la reina en un cumpleaños del rey para lanzarse a rescatarla y tomarla en sus brazos. En fin, un pinta total de esos que nos son por definición simpáticos. Y que encima escribía cosas como ésta. “ El que fuere dichoso será amado/ y yo en amor no quiero ser dichoso,/ teniendo mi desvelo generoso/a dicha ser por vos tan desdichado./  Sólo es servir, servir sin ser premiado; /cerca está de grosero el venturoso;/ seguir el bien a todos es forzoso,/ yo sólo sigo el bien sin ser forzado./  No he menester ventura para amaros;/ amo de vos lo que de vos entiendo,/no lo que espero, porque nada espero;/ llévame el conoceros a adoraros;/ servir más, por servir, sólo pretendo;/ de vos no quiero más que lo que os quiero. “.  Murió, supongo que ya lo han adivinado, asesinado.

Don Antonio

Don Antonio

Nuestra vida es tanto todo lo que hemos hecho como lo que nunca hicimos y pudiéramos haber hecho, tanto lo que hemos tenido como aquello que para bien o para mal no hemos tenido nunca, los sentimientos que disfrutamos o sufrimos y aquellos que nunca sentimos. En cada segundo de nuestra vida, crece a nuestro lado un auténtico barullo de posibilidades que se bifurcan y que no se sabe a donde conducen. Y en todos esos caminos también hay alguna parte de nosotros. He recordado a  una novia de la adolescencia. No puedo recordar la razón, si es que hubo alguna, por la que un día dejamos de vernos y por tanto de darnos aquellos besos infinitos que sólo los adolescentes son capaces de darse. Recuerdo también cómo en esta ciudad pequeña me la he cruzado en alguna ocasión. Un saludo sin detenernos, una sonrisa dulce y amable  y un “¿te acuerdas?” o un “estás igual de guapa que entonces”, o un “seguro que no sabes lo colado que estaba por ti”. Frases que ninguno de los dos pronunciamos pero que por un instante  perfuman el aire de nostalgia y nos sacan de nuestros asuntos y rutinas. Ella camina despacio por la acera, guapa todavía, quizás aun más guapa que entonces sin saber que en la curva de su cuello, en los pliegues de su ropa, hay una parte de mí, una de las partes que pude haber sido pero no fui.  Desde luego es una carga ligera, pues lo que no fui es casi nada, casi tan poco como lo que en realidad soy. Todo junto compone esos mundos sutiles, ingrávidos y gentiles de que habló el poeta y, como a él, me gusta verlos volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse. Ella no lo sabe, pero en sus ojos hay algunas pequeñas gotas de la estela que he dejado al caminar por este mundo, este mundo sin caminos en el que se hace camino al andar. Don Antonio y mi antigua novia caminan a mi lado esta tarde de verano con tormenta en que los truenos me han despertado y por un momento he descansado del fatigoso sueño de la vida.

Arrugas en el traje

Arrugas en el traje

Nuestro fino y elegante presidente valenciano se ha ido de rositas de momento. Los jueces están convencidos y consideran probado que los regalos existieron, también que proceden de una pandilla de mafiosetes que se dedicaban a hacer regalos a mansalva a representantes (es un decir) políticos si es que veían que no los podían comprar directamente. Existe por otra parte el dato de que estos mafiosetes han conseguido una gran cantidad de contratos, debidamente troceados en cachitos para burlar la necesidad legal de concurso público. Contratos que han sumado unas cantidades enormes de dinero. Pero todos esos regalos, dicen los jueces, no se han efectuado teniendo en cuenta la condición de servidores públicos (es otro decir) de los perceptores, sino probablemente por promover el buen rollito y por amistad. Amistad que queda más que comprobada con las palabras de Camps a El Bigotes “te quiero un huevo” le dijo el fino y elegante Camps al pijoideo bigotudo y regaloréxico. Yo también le quiero. Me emociona este tipo que se casa con una mamachicho y entra por la puerta grande de la industria del espectáculo produciendo la inolvidable película de su pariente Pajares “Los bingueros” y que un día tiene una visión; la política es también un espectáculo,  y ya puestos en el tema, pues se le vende el espectáculo a los políticos espectaculares y regalables. Quizás se le fue la mano y ahora su megachalet en Alfás del Pí y su superpiso en el barrio más caro de Valencia, sus cochazos, su colección de motos, su amistad con Agag, el amor testicular de Camps, de nada le sirve y está en el trullo entre yonkis sin dientes y choricillos que no habrán visto en su vida un Cohiba de los que él quemaba con desidia y chulería. A Agag aun ni le ha rozado, Camps se escapa. Y Camps se escapa porque no ha aparecido un papel firmado por él y con sus restos de ADN que diga textualmente que se otorgue un contrato a El bigotes a cambio de un traje que le regaló, documento tan improbable como imprescindible, según se deduce del texto del sobreseimiento. Se comprende que tras este texto Camps hiciera una comparecencia sin periodistas. Le habrían caído tantas preguntas encima que le habrían arrugado el traje.

La horterada

La horterada

Resulta complicado en un entorno como el nuestro declarar antipatía hacia el capitalismo. En este caso, lo más probable es que a uno lo tomen por un estalinista trastornado. Puede también que lo llamen a uno “antisistema” que es una palabra inventada por el capitalismo para privar en un hachazo verbal de razón y hasta de dignidad a cualquiera que no comulgue con alguna de las diversas manifestaciones, productos o prácticas del capitalismo. Es fácil también que a uno lo miren con una sonrisa condescendiente pensando que uno es un utópico que vive fuera del mundo, olvidando la evidencia de que todo lo moralmente valioso con que contamos y que puede reconciliarnos algo con la especie, nació en la inteligencia y fue por tanto primero utopía (“no lugar” según su etimología griega, nada que ver con imposibilidad) y sólo después de eso una práctica. Aun así, puede que merezca la pena de vez en cuando que digamos que el capitalismo, como modelo económico y social, a algunos no nos resulta simpático por más que hoy en día no encontremos la praxis global alternativa viable para este sistema a corto plazo. Hay críticas evidentes que nos saltan a la cara en los telediarios y otras a un nivel menos evidente pero de más alcance y de solución mucho más difícil. El capitalismo como modelo de civilización se fundamenta en la institucionalización del egoísmo como motor de toda actividad humana. Dicho de un modo vulgar, búscate la vida, soluciona tu problema y si muchos hacen como tú, a todos les irá bien. Y la verdad es que funciona, pero funciona para aquellos a los que le funciona, al resto (singularmente a los países no desarrollados) no les funciona, ni le funciona a la naturaleza, ni funciona para la cultura. Por eso aquellos a los que nos funciona hemos levantado altas barreras frente a los otros, por eso nos hemos separado de la naturaleza y estamos dañándola hasta límites de mera estupidez. Y por eso estamos convirtiendo la cultura en manifestaciones estériles y bobas que se apoyan en una educación superficial y sin exigencias.  Si lo prefieren, y para entendernos, el capitalismo es sobre todo una horterada. Y eso sí que tiene un arreglo chungo. Porque la característica primera del hortera es no saber que lo es.

Partidocracia

Partidocracia

Durante mucho tiempo me resistí a usar el término “partidocracia” porque por lo general provenía de planteamientos políticos de corte facha. Quien hace años hablaba de partidocracia señalando los abusos de los partidos en realidad apuntaba hacia condena a la democracia en su conjunto. Sin embargo, viendo el modo en que los partidos se han ido conduciendo, hoy “partidocracia” en su sentido más negativo podría ser usado por muchos ciudadanos completamente alejados de cualquier posición antidemocrática. Y es que los partidos se han adueñado por completo de todos los resortes de la organización política, que es lo mismo casi que decir que aparecen hasta en el último rincón de nuestra propia vida. Hasta tal punto es así que a parte de los ciudadanos le han hurtado las ganas de ejercer ningún tipo de participación y a otros los han mareado y convencido de que ya participan lo suficiente yendo a votar cuando se les convoca. Además resulta que para poder conseguir esta enorme capacidad de filtración en todo, los partidos han ido llevando a cabo un proceso aplastante de depuración interna a través del cual todo movimiento de opinión o tan sólo de propuestas de iniciativas separadas lo más mínimo de la propuesta global ha ido siendo cercenado consiguiendo aburrir a los más valiosos o incluso directamente cortándoles la cabeza. Hoy los partidos (y por tanto lamentablemente también los puestos de responsabilidad pública) están habitados por una legión de mediocres que flotan a base de hacer poco para no ofender, de incapaces obedientes, de principillos de opereta que intrigan hasta en el cuarto de baño para echar su paletada de orden interno y control al saco del partido y conservar sus coches oficiales, su foto en el periódico y todas esas tonterías de las que se alimentan, cuando no directamente para obtener lucro personal en dinero o en especie. Por eso están perdiendo los votos de los no forofos. Por eso cada día sus propuestas se parecen más entre sí. La política está secuestrada por estas máquinas ciegas de poder. Es urgente y necesario liberarla. Porque sin política un pueblo es un rebaño.

Llegando a meta

Llegando a meta

He visto hace un rato la retransmisión de la etapa del Tour en la que Contador muy probablemente haya sentenciado el Tour a su favor. Un ataque seco, un tajo incontestable a lo Perico y los segundos que han ido cayendo a una velocidad pasmosa. Me he descubierto a mí mismo dando un grito de emoción al contemplar lo que posiblemente sea el momento clave de esta edición de la carrera francesa.  No sé hasta qué punto me habrá afectado las ganas de que Contador triunfe ante un americano que por más admirado que sea no se estaba portando precisamente bien con el de Pinto. Me gusta mucho el ciclismo, he montado mucho en bici y sigo, cuando puedo, las retransmisiones de las grandes carreras, pero no soy un forofo. Seguramente soy un aficionado que los demás tendrán por soso, porque sin ir más lejos, no suelo dejarme llevar por la pasión patriotera y en cada caso mis simpatías se han decantado hacia un corredor u otro por razones técnicas, de personalidad, o por ansia de justicia para corredores maltratados por un deporte que, como casi todos ya, son un espectáculo que se va alejando del deporte para caer en las garras del negocio al que nada importan cosas como el merecimiento, el compañerismo o la superación que deberían ser el eje de la actividad deportiva. Recuerdo el caso de unos hermanos ciclistas profesionales; los Gorospe. Julián era el bueno, la estrella y Rubén el malo, el torpón y limitado. Yo siempre fui con Rubén que se dejaba el alma en las carreras y prodigaba gestos de solidaridad con sus compañeros, mientras que Julián se entrenaba mal y en cuanto la cosa se ponía un poco fea se bajaba al pelotón de cola a hacer chistes o directamente abandonaba. Recuerdo con mucho agrado un día en que Rubén hizo morder el polvo a su hermano con muchas mejores cualidades que él a base de no rendirse llegando a aburrir y reventar a su hermano el bueno. Y en una de las pocas entrevistas que le hicieron en su vida, pidió más tiempo para mencionar y agradecer a sus compañeros desconocidos. Estas cosas en el deporte me emocionan más que la simple victoria de alguien porque sea español. Por eso he disfrutado hoy viendo ganar a Contador. El americano no ha estado a la altura como deportista, que es lo mismo que decir como persona.

Matemáticas y anchoas

Matemáticas y anchoas

Me había propuesto dejar de hablar durante un tiempo de los políticos, pero la verdad es que no dan tregua. Cada día un nuevo asombro, un nuevos chiste. Acabo de escuchar por la radio unas declaraciones de la portavoz del Partido Popular de Castilla-La Mancha, Carmen Riolobos, en las que hace gala del modo apabullante en el que su partido le va comiendo el terreno al PSOE. Dice esta señora que el PP sacó no sé cuantos puntos porcentuales de ventaja al PSOE en las recientes elecciones europeas, que se acercó no sé cuantos otros en otras elecciones anteriores y otro tanto en otras anteriores aun. Y entonces va y suma esos puntos y dice que el PP aventaja al PSOE en 22 puntos. ¡Tócate!. Creía que las labores nocturnas de los tapatúneles en el Talave  era la tontuna y desvergüenza del mes. Pero no, se ve que cada día hay una.  Es como si un tío en su último suspiro dijera “no os preocupéis que voy bien, sólo me lleva una puñalada de ventaja”. Son cuentas que se echan porque se es tonto, porque se piensa que el que escucha es tonto, o en el mejor de los casos porque se quiere hacer un chiste. Es como el uso de la media aritmética (verdad muy verdadera y científica) en el conocido caso: si en casa somos dos y entran dos pollos y nos los comemos, nos hemos comido una media de un pollo cada uno, pero lo cierto es que el borde de mi hermano se ha comido los dos y me ha dejado a dos velas. De modo, señora, que tenga cuidado con esas cuentas que le otorgan ya victorias fabulosas en nuestra región, porque quizás el día del recuento, en buen manchego escuche usted una vocecilla que le dice: “toma tierra, perdigón”.  Se que tonta no es usted, pero quizás habría que recordarle que la mayoría de nosotros tampoco por mucho que nos aturdan las cuentas que echan ustedes, incluso a veces, para mayor gracia, en forma de acertijo, como este terrible que pone en jaque hasta las mismas bases de todo nuestro ordenamiento jurídico: ¿qué vale más, una traje o una lata de anchoas? expresado recientemente por su santa (y ruda) compañera de Valencia que aboga según la tradición popular porque no se devuelva lo que a uno le han dado.

Tapatúneles

Tapatúneles

Según descubrió y contó este mismo periódico hace unos días la tuneladora que abrió el tunel del Talave, que une los pantanos de Talave y Cenajo,  llegó al final de su trabajo al aparecer, monstruosa y estupenda y ella, por el lugar previsto. Pero resulta que la máquina se pasó de lista porque enseñó sus dientes antes de la fecha que convenía a los señores ministro y presidente regional para hacer acto de presencia e inmortalizar el momento. Pues nada, no se sabe por orden de quién, pero el enorme agujero fue de nuevo tapado. Este periódico documentó el hecho con fotografías del hueco terminado por el que asomaba la máquina y el replay estupendo por el que días después estaba de nuevo cerrado. La cutrez es tibia. Es una actuación a nivel de república bananera gobernada por dictadorzuelo hortera. Es un indicador más de la esencia virtual y fantasmagórica en muchos casos de nuestra sociedad y especialmente de nuestra política. Si hace falta, la realidad se vuelve del revés como un calcetín para que no escape a las cámaras, porque lo que no recogen las cámaras sencillamente no existe. Y lo que no existe no da votos. Y lo que no da votos no le interesa a los políticos. Y lo que no le interesa a los políticos no tiene ninguna posibilidad de ser fotografiado y acceder a la existencia. No sé si me explico. De modo que si un nuevo túnel se abre cuando no hay cámaras, lo cierro otra vez porque si no, no sería en realidad un túnel sino un hueco perdido en las montañas, en el silencio, en la nada, en la irrelevancia social y política de nuestra magnífica democracia televisiva. A Aznar seguro que le explicaron esto, pero como es un tío tan chulo lo hacía al revés e inauguraba cosas que no existían; un aeropuerto en Madrid, una guerra en Irak, una invasión de los moros en Peregil y hasta un nuevo imperio español. Qué gracia tenía el tío.  Y no como estos sociatillas que están en babia y les abren túneles en los morros sin que está convenientemente avisada la prensa. La verdad es que tenía en mi top ten de descalificaciones graciosas las de bocachancla y pagafantas. Pero a partir de hoy incorporo la de tapatúneles, palabra a mi juicio muy necesaria para poder expresar cabalmente nuestro mundo.

Evolución

Evolución

Para nosotros la evolución natural de la especie es algo casi carente de interés en cuanto a su proyección futura. Sí es significativa y muy interesante la evolución cultural de la especie. El proceso que describe Darwin se desarrolla en miles de generaciones y por tanto para ver algún cambio significativo habríamos de esperar un tiempo semejante. Sin embargo los cambios culturales (los que son fruto de la ciencia y el conocimiento) se producen ya a una velocidad perceptible incluso en el corto espacio de una vida humana y su aceleración irá en aumento. Del mismo modo que algo tan común como el ordenador personal en el que escribo y me asomo al mundo a través de Internet no existía cuando yo era joven, los seres humanos genéticamente modificados comienzan a vivir a nuestro lado. Y la cosa no ha hecho más que empezar tímidamente. Esto ocurre y ocurrirá en tal magnitud, que la evolución cultural de la especie podrá fin a la evolución natural. Darwin de este modo se convierte en un arqueólogo de la evolución y su teoría a pesar de su belleza deslumbrante y su certeza probada verá amputada una de las caras más hermosas de las teorías científicas, tal cual es la capacidad de predecir acontecimientos futuros. La obsolescencia de la teoría de Darwin –sólo en este sentido- es un paradigma de nuestro mundo. La pasión del viajero ilustrado que sale al mundo para mirarlo y entenderlo se ve sustituida por equipos de investigadores apoyados en un enorme aparato tecnológico. El individuo sucumbe de alguna manera ante el poder de los equipos y las corporaciones de todo signo. Y no digo que no pueda ser interesante leer un tratado de genética, pero no puede ser comparable con la lectura de la narración del viaje de Darwin a bordo del Beagle; toda una hermosa aventura a escala del individuo. La teoría de la evolución quedará para siempre como un hito en la historia del saber humano y comprenderemos hasta qué punto esta teoría abrió nuevos caminos al conocimiento. Pero pronto dejaremos de ser los hijos del mono para ser otra cosa.

Darwin será una foto en una galería. Y el hombre un ser que corre fuera de los caminos, maravillosos y terribles, de una naturaleza moribunda.

Vicente Ferrer

Vicente Ferrer

Ha muerto Vicente Ferrer. Se presenta ante nosotros su vida y su obra al hilo de las informaciones sobre su muerte. Hace un rato me he descubierto a mí mismo preguntándome si la filantropía (la sincera, claro, la otra es simplemente horterez o negocio) es una forma sutil de vanidad. Me he regañado a mí mismo por hacerme preguntas que no conducen a ningún sitio y me he recordado que ya pasé la situación traumática de romper con los estudios de filosofía cuando estaba a punto de terminar mi carrera. Fui vanidoso cuando lo hice y soy vanidoso ahora al contarlo. ¿Y qué?. Pues nada. Soy vanidoso de la misma manera que tengo el timbre de voz que tengo, o el pelo blanco o que me siguen gustando los frijoles que me hacía mi madre de pequeño. Vicente Ferrer, por lo que intuyo era una persona vanidosa, que se sentía llamado o elegido para realizar una obra de gran magnitud. De hecho fue siempre una persona religiosa, y para ser religioso es imprescindible aceptar la mayor de las vanidades; que existe un ser supremo omnipotente que tiene algo que ver con nosotros. Por tanto nada de esto importa. Importa más bien que Ferrer hizo realmente algo grande. Llevaba esa semilla en algún lugar de su carácter. De joven anduvo buscando. Con dieciséis años entró en un partido de izquierdas republicano e hizo la guerra con las consecuencias de campos de concentración y otras desgracias. Cuando, mal que bien, había rehecho su vida y estaba terminando su carrera de abogado, lo dejó todo y se hizo jesuita con la idea de marcharse a un país bien lejano y bien pobre a echar una mano. Lo hizo mandando a freir espárragos por el camino a las autoridades que su cruzaban en su camino, incluida la compañía de Jesús. Consiguió su sueño. Puso en pie una gran obra que ha aportado algo, o mucho, de bienestar y dignidad a cientos de miles de personas.  Seguramente su vanidad le ayudó mucho. Seguramente también lo agradecerán las personas que han podido comer, beber, leer, curar sus enfermedades o estudiar gracias a su trabajo. De modo que para hacer algo que merezca la pena seguramente es necesario ser lo suficientemente chulo para quererse bastante uno mismo. Y si lo que consigues beneficia a otros, pues date un beso bien gordo y muérete tranquilo tal como dicen que murió hace unos días Vicente Ferrer.

Harina de otro costal

Harina de otro costal

Un ejemplo claro de hasta qué punto pueden los políticos hacer las lecturas que les dé la gana de los resultados de cualquier elección retorciendo las cosas hasta la risa o la indignación, la acabamos de tener con el presidente valenciano Camps y sus muchachos. Resulta que el señor Camps vuelve al ataque con esa majadería, estupidez y atropello demagógico de impartir las clases de Educación para la ciudadanía en inglés y, según su consejero de edcuación, señor Font,  lo hace con la legitimación de que “esa es la política que ha votado el pueblo valenciano”, refiriéndose a la clara victoria del PP valenciano en las elecciones europeas. De modo que según estos señores, cuando un señor de Burriana depositó su papeleta en las pasadas elecciones, no estaba diciendo que quería que un señor del PP le representara en el Parlamento Europeo, sino que lo que en verdad quería decir es que quería que su hijo recibiera las clases de Educación para la ciudadanía en inglés. O lo que es lo mismo, gano unas elecciones, las que sean, y carta blanca, tengo apoyo universal e incondicionado para todo, por muy lejos que esté lo que haga de aquello que so votó en esa elección. Tienen un morro que se lo pisan. Todos. Si tuvimos una campaña bochornosa por sucia, desenfocada de su fin y porque más que nunca nos quisieron tratar como imbéciles, la interpretación posterior de los resultados no lo ha sido menos.  El PSOE no ha sido capaz ni una sola vez de decir “hemos perdido y tendremos que mejorar nuestro trabajo en Europa o cambiar nuestras propuestas” y punto. El PP saca como conclusión que Zapatero debe dimitir como si fueran unas elecciones generales españolas. Y sin embargo, cosas ciertas, puros números, no lo comenta nadie, a saber, por ejemplo, que el cómputo general europeo, todos pierden, todos han  perdido votos y sólo han subido, y con fuerza, los verdes que se han alimentado sobre todo de las izquierdas y sobre todo los grupúsculos de inventos más o menos raros, los outsiders que vienen de izquierda y derecha y más allá todavía las grandes masas abstencionistas. De estas cosas deberían hablar después de las elecciones, si es que a los políticos todavía les interesara la política, que eso es harina de otro costal.

Europa

Europa

Escribo estas líneas en el día de las votaciones de las europeas, sin conocer por tanto el resultado que arrojarán las mismas. Dicen las informaciones que la cosa está igualada, que parece que el PP tiene cierta ventaja. En fin, una nueva demostración del bipartidismo ya plenamente instaurado en nuestra sociedad. Parece que no queda otra cosa que PP o PSOE o la condenación eterna a las marginalidades sin voto y casi sin voz. El panorama es un tanto desolador sobre todo en estas fechas de elecciones en las cuales los dos grandes partidos han hecho gala de nuevo de su mal estilo. Piensa uno en Europa y considera que es conveniente ir a votar a pesar de que esta Europa todavía no es más que la Europa de los negocios y dista mucho de ser la Europa de ciudadanía y cultura que muchos ambicionamos. Pero escucha uno a los líderes (es un decir) políticos y esas evanescentes ganas de votar se van diluyendo. Acusaciones de corrupción y ventajismo cogidas por lo pelos con el único interés de dañar al enemigo, golpes bajos, demagogia en tal cantidad y de tal magnitud que queda demostrado que los candidatos y sus colegas nos consideran a todos tontos de baba. Las ideas expresadas se dirigen por lo general a las vísceras y muy contadas veces a la cabeza del sufriente auditorio. Y es realmente una pena, porque existe una idea de Europa por la que sí que merecería la pena movilizarse y votar. Pero me temo que no es esta la que está en juego en estos momentos. Por todas las vías se nos intenta convencer de acudir a las urnas y se nos dice la importancia que ello tiene y las consecuencias directas que conlleva en razón de las decisiones que toma el parlamento europeo, pero muchos ciudadanos, sea más o menos cierta esta importancia, no pueden dejar de ver el interés por mantener el chiringuito de una clase política cada día más decepcionante. Y es que da la sensación de que hasta el momento han hecho más Europa los vuelos entre ciudades europeas a sesenta pavos que mucho diputado de los que pasan de vez en cuando por Bruselas.

Toros

Toros

No he podido evitar ver la cornada que recibió hace unos días el torero Israel Lancho, dado que ha sido ampliamente difundida por los medios de comunicación. En televisión repitieron hasta la saciedad el lance -¿se dice así?-. Pero sobre todo la cogida quedó registrada en una foto de Gorka Lejarcegi. Es una foto impresionante, magnífica. El punto de vista del objetivo se sitúa en la parte trasera del animal y se puede observar todo su ancho y musculoso lomo hasta llegar a una zona brillante y húmeda de un vivo color rojo. En el centro de esa mancha unos palmos de metal sostienen una cruceta de esparadrapo también rojo como  el capullo de una flor de sangre, o bien como la cruz mortuoria de un sepelio anticipado y seguro del toro o una premonición que hubiera saltado hasta allí desde el pecho del torero. Un poco más allá los dos inmensos cuernos se abren como un puerto anchuroso que guarda la belleza y la tragedia de la naturaleza, que se manifiesta independiente a la situación anecdótica de la lidia. El cuerno de la derecha es sujetado en su base por la mano ensangrentada del torero y donde comienza la curva que conduce hacia la punta del pitón encontramos la otra mano. Curiosamente las dos manos nos muestran su dorso, de modo que su posición no es la que se supone instintiva de parar el golpe, sino más bien como si el torero acogiera ese cuerno que ya siente en el interior de su barriga. La punta del cuerno está allí dentro tratando de reconocer el lugar donde se alojan los instintos que le van a causar la muerte. El cuerpo del torero, haciendo centro en el pitón configura un amplio arco con los talones y la nuca buscándose. La cara del torero mira directamente al cielo con la boca desmesuradamente abierta en un grito de dolor que sale desde el papel para llegar a nuestros oídos. Una vez más el toreo nos muestra su capacidad ilimitada de crear composiciones plásticas de singular belleza.  Una belleza que nos deja perplejo y, las más de las veces, nos levanta el estómago.

La genuflexión

La genuflexión

Si le planteamos un juicio a Pinochet no pasa nada. Si juzgamos a unos narcos pillados en aguas internacionales no pasa nada.  Pero hemos tocado a los judíos, o lo que es lo mismo a sus lobbys estadounidenses, o lo que es lo mismo al propio estado norteamericano. Los recientes crímenes en Palestina al parecer no deben ser juzgados. Y nos han dado el toque. Y el gobierno español se saca una norma corriendo de la manga. Hay que ver qué perfecta sintonía, qué fraternidad entre dos naciones amigas, qué genuflexión tan rápida y perfecta. Pues nada, nos cortaremos en eso de ir juzgando por ahí cualquier crimen que no vaya con nosotros. La pena es que esos crímenes no suelen ir con nadie o aquellos con los que sí que va y los sufren no tienen la posibilidad de juzgarlos. Es cierto que existen tribunales internacionales que se supone fueron creados con este fin, pero los pobrecitos nacieron con las alas cortadas por tantas condiciones de los poderosos que juzgar, lo que se dice juzgar, juzgan poco. Por ejemplo no van a juzgar a los asesinos del periodista Couso, porque lo mató un legionario de esos de ciencia ficción del imperio. Y mientras tanto Liberia está en manos de cuatro guerreros borrachos, Mugabe va a matar de hambre a su pueblo (ya ha comenzado por los presos, de los que mueren cientos cada día), y a los indios guatemaltecos se los cepillan como insectos de la selva. Existen auténticos países fallidos e inviables, los más de ellos hijos bastardos del colonialismo. Echamos de nuevo en falta una ONU  sin capar por derechos de vetos y esas cosas, que tuviera capacidad real de intervención a todos los niveles. Pero no, un gobernante demente y asesino no sólo no puede ser juzgado sino que se le prepara un sillón y un buen despacho en la Asamblea general. Me siento ajeno a cualquier sentimiento de lo sagrado, por eso no seré yo quien sacralice los Derechos Humanos. Pero no tenemos nada mejor. ¿Porqué entonces nuestro gobierno, como tantos otros, se autolimita el poder juzgar los crímenes que manchan de sangre sus artículos?. ¡Qué cariño que le estoy cogiendo a mi perro!.

Fundación El Sembrador

Fundación El Sembrador

Existe un nuestro país desde hace algunos años un nuevo modelo de sociedad mercantil que tiene por objeto promover la reinserción  inserción laboral de personas que han quedado excluidas del mercado laboral. Durante bastante tiempo este tipo de actividad se sostenía por el trabajo de personas e instituciones que se sentían comprometidas con esta labor y se insertaban en el mercado como una empresa más sin diferencia alguna. Recientemente el estado ha creado la Ley de empresas de inserción, marco legal que regula el funcionamiento de estas empresas e intenta colaborar en esta labor. Esta ley debe ser adaptada por las comunidades autónomas, algunas ya lo han hecho y el gobierno de Castilla-La Mancha promete hacerlo en breve. Son muy variadas las situaciones que pueden llevar a una persona a la exclusión laboral: la faltas de formación, la edad, el sexo, la raza, problemas laborales de distinta índole y la simple pobreza que es un imán perverso que une muchas de estas causas, llevando a quien las sufre a la casi imposibilidad de encontrar un trabajo. En Albacete existe una fundación, Fundación El Sembrador, cuyos patronos son Cáritas, la universidad castellano manchega y la Cámara de Comercio de Albacete y que tiene como finalidad la creación de este tipo de empresas. En el no largo tiempo de funcionamiento de esta fundación sus logros son notables. Han creado ya cinco empresas por las que han pasado un buen número de personas muchas de las cuales han conseguido volver a trabajar por sus medios. Una peculiaridad de esta fundación es el haber creado dos empresas de inserción basadas en la prestación de servicios al turismo rural contando en ambos casos con un albergue rural en la sierra del Albacete. Existen ya en España, especialmente en Cataluña y País Vasco, un buen número de este tipo de empresas, pero todavía no existía ninguna dedicada al turismo rural, siendo por tanto una idea innovadora fruto de la creatividad de los trabajadores de la fundación y del apoyo que han encontrado en los ayuntamientos de los pueblos en que se ubican; Elche de la Sierra y Nerpio. Ya hay quien viene de fuera a interesarse por la experiencia. La abandonada y olvidada sierra agradecerá sin duda este empeño.

La mula

La mula

El señor Ibarretxe ha salido de la presidencia dando coces en la puerta, mostrando así una vez más una terquedad y falta de inteligencia pareja a la de una mula. Algún tiempo antes de eso se había llevado por delante a Imaz que quiso apartar al PNV del tostón soberanista que, como ha quedado demostrado, no es mayoritario en el País Vasco como él daba por sentado. Pero es que Ibarretxe tenía su caminito que le hacía dar vueltas con anteojeras alrededor del pozo ideológico sobre el que giraba en un círculo absurdo. Su discurso en la Cámara vasca no fue el de un candidato, sino el de un  perdedor rencoroso y con muy mal estilo. Porque no ha reconocido en ningún momento que ha perdido, queriendo desconocer que en política existen los pactos, aunque él mismo los haya utilizado continuamente. Claro que si pacto yo eso está bien, pero si pactan los otros, es un robo. Llegó a decir burradas, por seguir con el símil equino, tales como que el pacto entre PP y PSOE tenía como finalidad acabar con la identidad del pueblo vasco. De sus palabras se puede colegir todo su pensamiento; da por supuesto que existe una identidad vasca que no participa de la identidad española como si fueran groenlandeses o mongoles, que lo que esa identidad es sólo lo saben los nacionalistas y que sólo ellos pueden dar a los vascos lo que necesitan y merecen aunque muchos de esos vascos sean pobres tontos equivocados. Da igual que esos tontos sean mayoría y le hayan dejado fuera del trono y hayan llevado a su partido al banquillo por creídos, chuletas y chupones. Probablemente con la coalición PP-PSOE no quepa exactamente la alegría, el júbilo y la confianza, pero sí que cabe alegrarse de que el PNV descanse un ratejo, que nos tenía a todos la cabeza como bombo. El PNV tendrá que realizar la amarga travesía del desierto que supone para un partido acostumbrado a gobernar pasar a la oposición. Ellos, tan preocupados con los árboles genealógicos, han estado corriendo a lomos no de un pura sangre, sino de una mula vieja terca y resabiada. Sería bueno para todos que aprendieran de esta lección. Y que dejen de marearnos dando vueltas alrededor del mismo pozo estéril.

Castro, el viejo jugador

Castro, el viejo jugador

Desde aquí hago un vaticinio que espero de todo corazón que no se cumpla: las relaciones entre Cuba y EEUU no se normalizarán mientras viva Fidel Castro. En estos momentos Fidel debe estar completamente feliz porque han puesto delante de él un tablero de ajedrez político y él es un auténtico maestro en este juego. Cuando EEUU habló por primera vez de apertura hacia Cuba, Armando Hart –uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio-  saltó a la palestra dentro de la ortodoxia afirmando que Cuba sufriría un gran golpe cultural y que la Revolución debería prepararse para ello. Fidel lo mandó a callar rápidamente y en su lugar puso a Raúl a lanzar buenas palabras y mensajes de apertura al diálogo. Fidel es una persona muy inteligente y sabe que una posición de oposición frontal a la propuesta norteamericana sería muy mal vista a nivel internacional. De modo que hace que el régimen se ponga la piel de cordero y bale dulcemente junto al movimiento de los yankees. Pero Fidel es un lobo y prepara pacientemente su estrategia. En algún momento moverá ficha, algo se sacará de la manga para romper la relación después de haber permitido que comience para convencer a todos de que ha sido muy a pesar del régimen cubano que quería paz y entendimiento pero no le han dejado. Como además no tiene escrúpulos, puede ser cualquier cosa. Se inventará un percance o escaramuza armada, hará pasar a cualquiera por espía al servicio de EEUU, alguien puede desaparecer en extrañas circunstancias, cualquier cosa. No sería la primera vez, en intentos anteriores ha derribado aviones, ha vaciado manicomios y cárceles rumbo a EEUU, ha convertido las estancias de los negociadores en nidos de espías, ha sacado presos comunes de la cárcel, les ha hecho unas fotos y los ha vuelto a meter en celdas de castigo. Es muy imaginativo y con algo nos sorprenderá. Además tiene prisa para su último golpe porque le queda poco tiempo. Su propia muerte será el único suceso contra el que no podrá hacer nada,  ni matando a más gente, ni hundiendo a un pueblo entero en el hambre y la falta de libertad, ni engañando a millones de ilusos. Esa es la única carta buena que tiene el mundo frente al viejo jugador Fidel Castro.

Cincuenta

Cincuenta

Esta primavera, igual que las otras, el amarillo intenso de la flor de la iniesta se muestra en todo su esplendor sobre el fondo de verdor que las lluvias han traído. Se produce de nuevo ese gozo inexplicable de la mirada puesta sobre la vida que renace. Pero este año no es lo mismo. Este año eso ojos acaban de cumplir cincuenta años. Y no es lo mismo, no. Hasta hoy cumplir años, igual que sentir alrededor la explosión de la primavera, no era más que una anécdota o en el mejor de los casos, una pequeña e íntima fiesta de las muchas que la vida nos depara si uno es lo suficientemente generoso para aceptar sus regalos.  Pero esta primavera y este cumpleaños no son iguales. Algo ha hecho clic y ha lanzado los sentimientos por caminos hasta ahora poco transitados. Te queda menos por vivir que lo llevas vivido aun si descontamos la vida poco consciente de la infancia. La mayoría de los proyectos que en distinto grado y forma mecieron tus sueños alguna vez no van a cumplirse ya. Y aunque los proyectos cumplidos o que se están cumpliendo levanten la mano desde el fondo de la clase para contar orgullosos lo que saben, desde los primeros pupitres aquellos sueños sin rostro te preguntan y te desasosiegan. Piensas, no sabes muy bien qué. Es cierto que si no se asoma uno a los precipicios metafísicos, la vida es simple y por sí misma carece de la tragedia que en ella siembran las inteligencias desocupadas. Las cosas sólo suceden y la vida tomada en su conjunto no es nada. De modo que un paso aquí, luego otro allí, repetir el ejercicio, y las alegrías y tristezas como siempre irán llegando según un orden que a los cincuenta sí que sabes que no se puede conocer. Aun así puede que no esté de más echar un vistazo a la situación, ordenar un poco la casa, recapitular y preparar un poco la maleta para las últimas excursiones.  Se trata más que nada de quitar peso innecesario porque ya no se puede con aquella inmensa mochila que sin esfuerzo cargábamos en la juventud.  Y esperar que alguien te llame con frases afectuosas en el próximo cumpleaños mientras la iniesta luce de nuevo su amarillo emocionante.

El mamporrero en el juzgado

El mamporrero en el juzgado

Luis Montes, ex coordinador de Urgencias del hospital Severo Ochoa, ha envejecido en estos cuatro años que lleva coleando el asunto de las sedaciones de la Comunidad de Madrid. El médico que se enfrentaba cada día con la miseria humana y miraba a los ojos a la muerte, descubrió un día azorado que el gobierno que debe velar por el bienestar de los ciudadanos (y ayudar a bien morir es parte de ese bienestar), le atacaba  y perseguía con furia. Supongo que ni siquiera el enjuiciamiento de Lamela  borrará las arrugas de la cara de Montes ni su rictus de dolor y desengaño. La gran jefa desde luego se irá de rositas por más que la actividad de su mamporrero cuadre perfectamente en la política de acoso a la sanidad pública que mantiene la ultraliberal señora y nos haga pensar a muchos que ese precisamente sea el mezquino origen de todo. El seudoengominado (por seudocalvo) Lamela, que encima es zorripa y apoyó a Rajoy ganándose la defenestración de la jefa, puede  que tenga que pagar la indemnización de un euro que le reclama Montes para hacer más profunda su derrota, si se produce, que ese es otro cantar. Espero también que esos médicos lacayunos e inmorales que nombró el consejero a dedo con la directiva de echar suciedad sobre Montes reciban el descrédito moral y profesional que como mínimo merecen. Este ha sido un pasaje vergonzoso con todo el tufo inquisitorial de viejas costumbres españolas en el momento en que esta sociedad no sólo acepta por completo la ayuda y clemencia frente a los sufrimientos que preceden a la muerte por enfermedad terminal, sino que está madura para afrontar un debate sobre la eutanasia y el derecho de las personas a morir cuando simple y llanamente así lo consideren y por un mero sentido de piedad y justicia sean ayudados en ese acto si estuvieran impedidos para llevarlo a cabo por sí mismos. Sólo el hedor de la intransigencia, el fanatismo político y la brutalidad son más fuertes que el propio hedor de la muerte. Ojalá Montes reciba su euro y, con todos nosotros, descanse.

Procesionaria

Procesionaria

He podido pasar la Semana Santa sin padecer las tamboradas y cornetazos al uso por casi toda nuestra geografía patria. He evitado también con ello los atascos y cortes de calles y he evitado también que se lleve mi coche la autoridad competente en estas cosas de los secuestros de automóviles. Una delicia. Desde mi retiro ultramontano, mientras echaba unas cervezas con los amigos, he visto con regusto placentero por la lejanía esos reportajes de todos los años con las variopintas celebraciones pascuales de nuestro profundo folklore religioso. Gente que mata a un demonio a estacazos, ángeles que se deslizan en una celestial tirolina sobre plazas de entusiastas rapiñadores de caramelos, individuos que se arrean latigazos hasta sangrar, gentes con los ojos en blanco que arrastran cruces tremendas, familias enteras que tocan el tambor durante varios días para anunciar la salvación en medio de la debacle de la humanidad… Y nazarenos, bíblicas legiones de nazarenos que al comienzo de la primavera, como la procesionaria del pino, bajan de sus algodonosos capullos invernales y desfilan en silencio por el suelo llano para convertirse y convertirnos a todos en transformadas polillas que viajan bienaventuradas hacia la luz.  Los nazarenos jovencillos suelen participar en estas cosas porque sus papás y mamás le han animado a ello y les han costeado el traje. Los nazarenos talluditos participan por razones menos comprensibles, pero todos son herederos de aquellos primeros individuos que amasaban su tesorillo de culpas y se autoimponían el escarnio público. Y para darle más color dramático llegaban a encasquetarse el capirote de los reos, los más de ellos condenados por la institución a la cual decían servir y respetar estos penitentes. Es un sentimiento y un comportamiento sinuoso y difícil de comprender para aquellos que no sentimos la erótica de la culpa y que por lo tanto solemos esperar la penitencia con el cuchillo en los dientes. Pero ya sé que todo esto es folklorismo, recreación de antiguas tradiciones, como una gran mascarada que sirve mayormente para echar unos días de holganza y cuchipanda. Y me parecería muy bien ya que cada cual tenemos legítimamente nuestro títere en la vida. Eso sí, si le bajaran un poco el volumen a las corneticas y dejaran los cochecicos en paz, ya sería la pera.