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El Puente. León Molina

Dios está con ellos

Dios está con ellos

España no escapa al seguimiento que tiene la carrera electoral en Estados Unidos en todo el mundo. En esta larguísima y tostonera precampaña que se motan, sus acontecimientos son constante primera plana. En parte (en gran parte) se produce un seguimiento cotilla y voyeur al estilo de los reality shows televisivos, no en vano aquél país convierte todo con pasmosa facilidad en espectáculo. Y sus elecciones lo son. Son fenómenos mediáticos y efectistas que apelan al deslumbramiento y las emociones más que al análisis y el juicio. En otra parte,  también son seguidos con un interés razonable si tenemos en cuenta que Estados Unidos sigue siendo el país más poderoso de la tierra y lo que suceda allí (véanse las recientes turbulencias bursátiles) y las decisiones que allí se tomen, afectarán sin duda, en mayor o menor medida, al resto del mundo. Las primarias actuales están teniendo una novedad que afecta más al fenómeno espectáculo que otra cosa; la casi seguridad de que tendrán la primera mujer presidente o el primer presidente negro (cosa que si bien se mira carece de importancia) y la aparición sorpresiva del candidato Obama como un David frente al Goliat Hillary con toda su gran red de apoyos. Esto crea la ilusión, incluso en los no norteamericanos, que algo puede cambiar, que algo nuevo se avecina, después del terrible y bochornoso mandato de Busch. Yo no creo que Obama vaya a conseguir la nominación, pero sobre todo creo que gane quien gane las cosas cambiarán poco. La oposición de los demócratas a los republicanos puede confundirnos en este sentido. Ellos son los que se oponen a los presidentes fanáticos religiosos, su corte de economistas neocon y sus manadas de halcones de gatillo fácil por el mundo. Pero no nos engañemos, tanto Hillary como Obama, después de cada mitin se marchan a participar en oficios religiosos de esos de poner los ojos en blanco y mucho aleluya, ellos seguirán emitiendo monedas que dicen “en dios confiamos”,  y cuando comiencen alguna guerra, porque alguna comenzarán, lo justificarán diciendo que ellos son los defensores del bien contra el mal y que “dios está con nosotros”.  Y ambos seguirán contaminando como bestias el planeta. Y ninguno de los dos levantará las protecciones al algodón nacional que mata de hambre a millones de africanos cada año. Y ninguno de los dos le cantará la caña a los judíos. Y ninguno de los dos creará la seguridad social americana aunque quisiera, porque el poder económico se lo impedirá. De modo que Obama, pues bueno, vale, por si otro Bush, no por otra cosa.

Dimas

Dimas

Recuerdo muy bien el ahora famoso artículo de Dimas en que hace mofa de gays y lesbianas. Lo recuerdo porque mi mujer envió una carta de protesta al periódico que entonces él dirigía. Y lo recuerdo también porque fue motivo de amplios comentarios entre mis conocidos que se movían entre la indignación y la desolación porque cosas así se escribieran en una ciudad como la nuestra, en un país como el nuestro. Muy a pesar suyo seguramente, Dimas ha tenido su momento de gloria al ser portada de los diarios nacionales y de los telediarios, e incluso de ser objeto de los artículos de ilustres colegas suyos como Carnicero, Aguilar y otros. No sé si a Dimas esto le dolerá, le hará gracia, o le dará igual, no en vano se había apartado hace algún tiempo, no sé si por decisión propia o ajena,  de la primera línea periodística, retirándose al gabinete de prensa de la Cámara de Comercio para sin duda continuar la labor de su eximio predecesor en ese cargo. Dimas se defiende diciendo que las frases que se han difundido están sacadas de contexto, pero sencillamente están extraídas literalmente de sus artículos. Dice que su intención no era ofender, eso es cierto, la intención clara en aquellos artículos era la de denigrar.  ¿Cómo aceptaría la sociedad española un chistecito que dijera por ejemplo que las mujeres de ahora son muy blandas porque si se pasan con el marido y se tienen que comer un par de ostias, pues no pasa nada?. Lo que sucede es que en este país todavía cuando alguien suelta una bastez contra los homosexuales todo el mundo calla. Dice dimas que esto se saca ahora porque estamos en campaña. Pues sí, las campañas son así, pero nadie se ha inventado lo que sólo él escribió. Cospedal lo defiende diciendo que le ampra su magnífica línea profesional en el trabajo, ahí ni siquiera entro, pero esto no borra lo escrito que dicho sea de paso se ha extendido a lo largo de numerosos artículos. También dice Cospedal que  “las opiniones que ha podido verter Dimas en distintos artículos periodísticos a mí particularmente no me gustan demasiado”. Entonces, ¿es que le gustan un poco?. ¿Le gustan unas cosas y otras no?. Debería entonces explicitar cuáles de los chistes homófobos y misóginos le gustan y cuáles no. En fin, que cada uno haga lo que tenga que hacer en su partido y en las urnas. Pero qué quieren que les diga. Sacan a Gallardón y meten a Dimas.  Entretanto sirva este artículo, modestamente, para poner su voz al lado de la dignidad y respeto de las personas que son denigradas por su opción sexual. Ellos, y todos nosotros, necesitamos otra derecha.

Mercadillo electoral

Mercadillo electoral

En general, las campañas electorales son espectáculos que me conmueven poco. Desde que sólo hay una ideología no hay debate de ideas, sólo gresca y  las ofertas electorales son cuestión de detalles. Además esos detalles tienen poco que ver con modelos o ideologías y sí mucho que ver con las oportunidades que se presentan de hacer daño al contrario en la carrera por el poder. Cada partido se plantea su estrategia en función de aquello que supone que puede hacer más daño al contrario, aunque el contrario no sea o sea sólo en parte responsable de lo que se critica. Un ejemplo de ello lo tenemos en el papel central que de pronto el PP ha dado a los temas económicos en su campaña, aprovechando la desaceleración de la economía en todo occidente fruto de las inestabilidades de Estados Unidos.  Por otra parte, los partidos se lanzan a ofrecer promesas directamente dinerarias a los votantes. Es el caso por ejemplo de los famosos cuatrocientos euros que Zapatero ha prometido devolver a todos los contribuyentes. Dicho sea de paso esta medida es lo menos socialista que pueda imaginarse, pues si lo fuera sería proporcional a la renta de cada contribuyente concreto. Pero lo peor es que, al menos para mí, es un insulto. La sensación que me da es que están poniendo de este modo precio a mi voto. Y claro, a mí lo que me sale del alma es decirle que se lo meta por allí. Les ha faltado ofrecer un bocata de jamón en el colegio electoral a los que muestren el voto a su partido. Llegan las elecciones y los partidos montan sus “Invasores” ofreciendo sus dudosas mercancías a precio de ganga. Yo siento un poco de vergüenza por ver en  qué se han convertido las campañas electorales y aún diría la política si no fuera porque creo que la no política es peor. Y en medio del barullo y el chalaneo, nadie habla de qué es lo que se puede hacer para frenar el analfabetismo funcional que crece en nuestra sociedad, para hacer cosas de verdad sólidas para la economía como potenciar de una vez decididamente la investigación, para evitar la carroña urbanística que está destruyendo nuestra privilegiada naturaleza, y otro montón de temas que de verdad debieran importar. Estas elecciones iré a votar, pero con la triste sensación de votar contra el que considero peor, con la irritante sospecha de que alguno pensará que ha sido listo y yo tonto y que ha comprado mi voto. Sólo me consuela pensar que mi voto no suspende mi juicio ni compromete mi libertad crítica. No olvidéis que, quizás a pesar vuestro, eso no se entrega con la papeleta.

Derechos de autor

Derechos de autor

El asunto de los derechos de la propiedad intelectual es sin duda un problema nuevo y de difícil solución, por más que en la actualidad la gente tome partido por unas u otras de las posiciones enfrentadas que existen al respecto. Nos apuntamos a un bando y ponemos verde al contrario sin calentarnos mucho más. Pero lo cierto es que el problema es complejo. Partiendo del principio de que la propiedad intelectual debe ser protegida y que el uso de las obras de los autores debe repercutir en alguna medida en su beneficio, las soluciones que proponen unos y otros acaban por invadir terrenos que tienen que ver con la libertad individual por un lado y con la realidad que facilita completamente el no respeto de esos derechos. La SGAE no ayuda precisamente en este lío. Realmente nos duele ver a aquel rockero que admiramos cuando cantaba Get on your knees o cuando era la madre de la modernez progresiva en discos como Ciclos con su grupo, Los Canarios, metido a presidente de una asociación que ha hecho crecer de manera espectacular, pero que empieza a oler a podrido y que despierta la antipatía de la gente que no entiende que tenga que pagar más caros los cd´s, por poner un ejemplo. El problema se sitúa sobre todo en la música y el cine debido a las posibilidades que ofrece hoy en día la reproducción digital. Con los libros no hay problema todavía, pues no existe una maquinita casera y barata que imprima un libro en unos segundos y por unos céntimos. Los autores están despistados ante el asunto. He tenido la oportunidad de tratar con muchos músicos y la mayoría no sienten especial aprecio por la SGAE y no se creen su supuesta lucha por sus derechos (salvo los superventas, claro, esos supongo que sí). La iniciativa original de algunos de ellos de colgar sus obras en Internet sin intermediarios y cobrar por la descarga no ha funcionado porque sigue siendo más barato bajárselo gratis. Y no saben qué hacer. La llamada “industria” está desconcertada porque baja la asistencia a los cines y las ventas de discos y la única idea que tienen es cobrar a todo quisque y por todos los soportes, cosa que enfada a los consumidores. Y los consumidores, por nuestra parte, cada día más potentes digitalmente y más caseros como en todas las aburridas sociedades económicamente avanzadas, no queremos que nos cuenten historias, consideramos que lo que “está ahí” se puede coger y punto. Cada vez que discuto el tema con alguna persona con cierto rigor de pensamiento, resulta que acaban diciéndome que no saben cuál es la solución. ¿La tiene usted?.

Buenistas

Buenistas

No acabo de entender muy bien la razón de que la iniciativa de Zapatero denominada Alianza de Civilizaciones mueva a la chufla y el cachondeo con tanto entusiasmo a la derecha. Es que es mencionar el tema y se mondan. Lo cual me lleva a preguntarme por la alternativa que ellos tienen para tratar de aliviar la evidente separación y tensión entre las distintas civilizaciones y singularmente entre la judeocristiana y la musulmana. ¿Es acaso la guerra de Irak con sus brillantes resultados entre los que podemos enumerar el aumento de la tensión internacional o la enorme cantidad de muertos que ellos mismos ponen en duda?. Si es así, ya voy comprendiendo algo. Para criticar esta iniciativa se suele emplear el adjetivo de moda “buenista”, adjetivo que parece certificar la inocencia y gilipollez del sujeto sobre el que recae. La moda en general es tonta, interesada y dictatorial y los adjetivos no escapan a esta situación. Observo que cuando alguien tacha a otro o lo que dice otro de “buenista” se le puede ver hinchado como un pavo atiborrado de supuesta verdad y razón. Pero lo peor es que el auditorio (todo auditorio es hoy en día muy susceptible a la moda) suele tragarse el paquete de verdades sin fundamentar con una sonrisa complaciente. Si bien se observa, detrás del calificativo descalificador de “buenista” se esconde una trampa para su propio usuario, pues implica el reconocimiento inicial de la bondad de lo que se critica. El sentido del adjetivo entonces viene a ser: lo que se persigue es bueno, pero es irrealizable, y el que lo promueve un ingenuo. Lo malo de la palabreja es  que parece eximir al que la usa de la justificación racional de porqué es irrealizable. Es buenista y ya está, no hay que dar más explicaciones y a mondarse. Ante esto habría que recordar que detrás de la mayor parte de los logros de la humanidad ha habido una búsqueda de lo bueno, muchas veces al principio sólo sostenido por algunos individuos o minorías que eran vistos por los demás como ilusos.  Entre intentar el acercamiento de los países y las gentes de civilizaciones en tensión y no hacerlo, pues sinceramente yo prefiero lo primero pues por poco que se consiga será mejor que nada. Y no me voy a partir de risa, igual que no lo haré respecto a los intentos de conseguir un mundo menos contaminado, con menos miseria, con más cultura, con menos dictadores, con más justicia. De modo que, en mi criterio, el que se monda por la enorme dificultad de los logros e ideales, se está posicionando consciente o incoscientemente en el lado de su negación o desprecio. Y si no es así, por favor, que den su alternativa mejor, que la gente de bien, seguro, no va a mondarse con ella.

Cuadrilla de Huebras

Cuadrilla de Huebras

Ahora, a mis años, resulta que me he aficionado a la música de cuadrillas. Yo que siempre fui rockero y jazzero de pro, que siempre miré con desidia las formaciones de música tradicional, pues resulta que me he enganchado a la música de las cuadrillas. Viene esto a cuento de que estaba recordando una larga noche en el bar La Plaza de Nerpio en una jornada de las vacaciones navideñas. Cuando entré allí aquella tarde, con la intención de tomar una caña y marcharme, me sorprendió ver  tocando una cuadrilla de música tradicional. Y no una cuadrilla cualquiera, sino la Cuadrilla de Huebras, una institución musical que si viviéramos en Japón, habría sido declarada monumento nacional desde hace muchos años. Huebras, pedanía de Nerpio limítrofe con Granada,  puede que sea unos de los lugares más despoblados e intransitados de nuestra provincia y quizás de nuestra región, lo que ha propiciado que allí se conserven vivas muchas tradiciones hace tiempo desaparecidas en otros lugares. Pues bien, en el bar no había música enlatada, sino que tocaban “los de Huebras”. El bar estaba lleno de gente de todas las edades,  muy divertidos en perfecta comunión con los músicos. Les aplaudían a rabiar, les pedían temas concretos, cantaban con ellos canciones de aguilanderos y, en suma lo pasaron –lo pasamos- realmente bien durante una larga noche. En las últimas horas se mezclaron con la gente, aparecieron más instrumentos y acabaron tocando junto a espontáneos del público. Todo ello una demostración palpable de que es una música viva, no una música de museo para cuatro maniáticos, sino compartida y disfrutada por toda la población. Y creo que esa es la razón fundamental de mi conversión. La música tradicional que yo había escuchado hasta ahora, salvo escasas y honrosas excepciones, era una blandura sin matices interpretada por grupos de misa y así, con mucha chica haciendo descoloridos gorgoritos y chicos pavos poniendo voz de machotes para cantar, dale que te pego, todos los mismos temas tópicos. Un peñazo auténtico, vamos.  Es tal la fuerza de la autenticidad de cuadrillas como la de Huebras, que hoy existe todo un movimiento de recuperación de los sonidos, los toques y el sabor más auténtico de esa música que ha sobrevivido casi escondida en lo más profundo de nuestras montañas. De modo que, quien te ha visto y quien te ve, lo cierto es que estoy deseando pillar de nuevo una fiesta con los maestros de la cuadrilla de Huebras. Entretanto, con una copa de buen carrasqueño serrano, brindo por ellos.

La sorpresa de Castell

La sorpresa de Castell

Sorpresa. Pérez Castell se marcha. La mayoría de los ciudadanos no sabemos ni llegaremos a saber cuáles son las causas de esta decisión, aunque muchos desde luego lanzarán su explicación más o menos alambicada. Yo reconozco que no tengo un conocimiento de los intríngulis de las movidas de partido y personas suficiente para poder conocer y ni siquiera elaborar o medio inventar una explicación, como hacen tantas personas con las que me encuentro últimamente. Sencillamente, no tengo ni idea de porqué se marcha Pérez Castell. Lo que sí sé es que no me gusta. Creo que no está bien y que se rompe un pacto con sus votantes. Es cierto que si nos atenemos a la norma, no se puede reprochar nada porque en las elecciones locales no votamos por personas, por alcaldes, sino por partidos, de modo que son los partidos los dueños de los votos que ponen y quitan alcaldes en nuestro nombre supuestamente. De modo que si Pérez Castell y el PSOE deciden que él será el alcalde o si deciden que deja de serlo, todos nosotros a mirar y a callar. Pero si esa es la letra de las normas, no es menos cierto que no es el espíritu que debe guiarlas ni mucho menos el contenido de la propaganda electoral en la que se nos vende, sobre todo, las bondades de una persona que se postula como futuro alcalde. Los ciudadanos que votaron en las últimas elecciones por el PSOE, lo hicieron porque no pueden hacer otra cosa, pero lo que en realidad estaban votando era Pérez Castell alcalde. Y se le puede dar todas las vueltas que se quiera, pero al marcharse, el todavía alcalde defrauda a todas esas personas que quisieron que fuera él el alcalde de la ciudad, fraude que se afea con la sospecha de la mayoría de que es una respuesta al supuesto desaire de los votantes al otorgarle una victoria por los pelos, en lo que se suponía iba a ser un paseo triunfal. Si así fuera, la soberbia se duplica desde esa conciencia de ganar de calle, con la respuesta de como no me queréis bastante, pues me voy. Pero ya digo que yo no conozco las causas de esta decisión, por lo que quizás me hayan contaminado los malpensados. La consecuencia es que ahora gobernará la ciudad alguien que nadie pensaba que podría hacerlo y de la que no conocemos ni sus ideas, ni su proyecto.  Pérez Castell ha sido un alcalde muy constructor y eso, entre otras cosas desde luego, hará que sea recordado como un buen alcalde. Pero yo lamento esta salida que él como profesor de ética que es deberá evaluar en su intimidad. Le deseo suerte a Castell y Carmen Oliver. Y a todos nosotros un futuro con listas abiertas y exigencia legal de cumplir mandatos.

Forofos

Forofos

En uno de los sabrosos ensayos de Michel de Montaigne, concretamente en el que dedica a Catón, comienza echándose estas flores: “No tengo yo ese defecto tan común de juzgar a los demás según yo soy. Creo fácilmente cosas distintas de las mías. Por sentirme comprometido con una forma, no obligo a ella al resto del mundo, como hacen todos; y creo y concibo mil modos de vida opuestos; y, al contrario de lo usual, acepto más fácilmente la diferencia que el parecido entre nosotros”. Esta actitud y comportamiento que –no tenemos porqué desconfiar-, tenía Montaigne,  son al parecer unos bienes tan poco usuales hoy como le eran en la Europa del Renacimiento según él mismo nos indica. La línea de nuestros afectos y adhesiones viene a coincidir en alto grado con la línea de lo que es parecido a nosotros o a nuestras ideas. Las costumbres y las ideas que se separan de las nuestras son menospreciadas cuando no directamente combatidas. De modo que vivimos en una especie de red de clubes de iguales. La raza, el partido político, la religión, son algunos de esos clubes. Y de ahí hacia abajo poblamos nuestra vida con muchos más; los hábitos sexuales, los tipos de trabajo y hasta minucias estúpidas como el estilo en el  vestir, o el club de fútbol de que se es seguidor. La mayoría de nosotros afirmaría sin empacho que nada de eso tiene importancia y que está libre de los prejuicios que conlleva. Y sin embargo vivimos rodeados de intolerancia de los unos hacia los otros por las más variadas tonterías que dibujan el perfil de esos clubes a los que pertenecemos. Este proceder se convierte en un círculo vicioso por el cual no sólo no considero abiertamente lo que proviene del otro que es diferente de mí, sino que precisamente por eso, la capacidad de aprender cosas nuevas, de concebir pensamientos distintos a los habituales, se ve muy mermada y somos seres humanos más pobres y con menos cosas que intercambiar con los demás que si estuviéramos dispuestos a caminar de vez en cuando varias millas con los mocasines del otro, según el viejo proverbio sioux. Mi amigo Ángel habla con frecuencia de “aceptación”, término e idea quizás muy loable, pero que a mí cuesta mucho aceptar, valga la expresión. No hablo aquí de ese sentimiento de corte religioso o casi religioso, sino de un sentimiento laico y racional de “apertura” de disposición a entender lo diferente y, sólo entonces, aceptar o rechazar. Porque la rebeldía también puede ser fraternal. Pero la negación irreflexiva del otro, sólo puede ser estúpida. Y nos convierte en bárbaros forofos de nuestras tonterías.

Cultura gitana

Cultura gitana

Si hay una parte de la cultura del pueblo español olvidada e ignorada, ésa es sin duda la llamada cultura gitana. Es como si no existiera. En estos tiempos de auténtico afán en la recuperación de la historia y las culturas tradicionales, el acervo cultural gitano queda completamente al margen, excepción hecha claro está de la música flamenca, que dicho sea de paso es un gran negocio para este país. Y no puede entenderse este fenómeno sino a la luz de la pervivencia  en nuestros días de un racismo por lo general negado, pero que actúa permanentemente en la sombra. En ocasiones, gente bienintencionada argumenta que en la cultura gitana existen muchas creencias y comportamientos que son inasumibles en una sociedad democrática que defiende la igualdad de derechos entre sexos, por ejemplo, o la preeminencia de la ley sobre la justicia tomado por propia mano. Esto es cierto. Pero no habrá modo de conseguir que los gitanos modifiquen parte de su cultura si la actitud hacia ellos es la del rechazo, y mucho menos si los negamos a ellos y a su historia. Por todo el país surgen pequeños grupos de gitanos jóvenes que luchan por la integración de su gente trabajando en el esfuerzo por conseguir mayor escolarización, por la promoción e independencia de la mujer gitana entre los suyos y en la sociedad en general, por conservar la memoria histórica de su pueblo. Su trabajo se desarrolla en medio del silencio y la soledad. Los apoyos que reciben suelen venir de gente particular comprometida y voluntariosa. De todo el resto lo mejor que reciben es desdén y desconfianza. En todas las culturas, y singularmente en la española, existen zonas negras y costumbres vergonzantes. Muchas de ellas han sido o están siendo superadas. Con algunas de las de los gitanos esto sucede con mucha más lentitud, cosa fácil de comprender si tenemos en cuenta que han vivido durante siglos y casi hasta hoy mismo fuera de esa sociedad. La historia en este sentido está aun viva. Yo he tenido ocasión de conocer personalmente a gitanos honrados y trabajadores, gente de bien, que sufrieron palizas y vejaciones de gente armada del estado por delitos tales como acampar al raso mientras trasladaban ganado, o por cortejar a una paya. No va a ser desde luego con la ignorancia y la negación con lo que se conseguirá la integración del pueblo gitano en la sociedad. Están ahí. Son españoles como usted y como yo. Son parte de nuestra historia, en la que podemos encontrar muchos más elementos vergonzosos que en la existencia del pueblo gitano entre nosotros.

Evo y Chaves

Evo y Chaves

Muchos esperábamos a que Evo Morales diera la cara respecto a sus ideas y comportamiento político en virtud del voto de confianza que cualquier mandatario democráticamente elegido debe tener. Pues ya la ha dado. Al final de la pasada semana, se encerró en un cuartel con  la puerta cerrada a la oposición y aprobó el proyecto de nueva constitución del país. Sin oposición y en un cuartel. Muy democrático todo copiando el modo de actuar de su vecino Chaves y muy probablemente instruídos en este sentido por Fidel Castro, el cual se tiraba de los pelos cuando la revolución triunfante en Nicaragua convocó elecciones libres. Fidel llegó a llamar “tonto” a Daniel Ortega, diciéndole que una elecciones libres es dar innecesarias ventajas al enemigo, pues él considera enemigo mortal a cualquier oponente (y de hecho se ha cargado a unos cuantos). Vaya tres pies para un banco. Evo a la chita callando va siguiendo los pasos de Chaves. Y Chaves sueña con ser el nuevo Fidel de América. El hilo se rompe ya en su principio porque Fidel Castro es una persona culta, extremadamente inteligente y sin escrúpulos. Y de estas cualidades Chaves sólo comparte la última. Chaves es inculto y ceporro y tiene los días contados (es mi vaticinio particular). Fidel ya ha dejado tras de sí dos generaciones de cubanos hambrientos y que no conocen ni el más mínimo ni elemental ejercicio de la libertad. El daño que pueden hacer Chaves y Evo también puede ser muy grande. Los tres han llegado al poder apoyados por sus pueblos respectivos que estaban hartos de políticas corruptas, de supuestos demócratas que no eran más que chorizos defensores del estatu quo de la más sangrante injusticia social o directamente tiranuelos ladrones, como fue el caso de Batista en Cuba. Una parte de la izquierda ha dado y sigue dando bula a Chaves y Evo porque les resulta muy divertido que pongan verde al imperialismo de los USA y porque suponen en ellos actitudes revolucionarias que vendrán a subvertir las tremendas injusticias de sus países. Ante esto sólo cabe decir que ambos dirigentes no son demócratas y ni siquiera son de izquierdas y que sus proyectos político-económicos, de llevarse a cabo, no traerán a sus pueblos más que desorden, penurias y retroceso en la ya muy lastimadas libertadas con que contaban. No se puede ser consecuentemente de izquierdas más que con un respeto radical a la democracia y con un claro sentido libertario. Cosas que, desde sus primeras decisiones, Evo y Chaves demuestran que no les interesan en absoluto.

Hacer el tonto

Hacer el tonto

La expresividad de los españoles es proverbial. El otro día escuché a un chico que decía por teléfono móvil: “¿Que qué hice en Valencia, pues el tonto, eso hice, pero nada muy bien, fue todo estupendo, y muy interesante, tío”. Qué idioma tan sabroso y qué mentalidades tan frescas. Eso no lo hubiera dicho nunca un alemán. Si hizo el tonto, hizo el tonto y no pudo estar bien ni mucho menos interesante. Los españoles sí podemos hacer el tonto y entretenernos mucho. Todos recordamos aquel éxito musical de Los Ronaldos cuya letra decía machaconamente “hacer el tonto está muy bien”. Supongo que además del pop facilón y la voz nasal de niño pequeño de Coque Malla, uno de los grandes atractivos de esa canción estaba en esa frase, con la que los españoles en el fondo, en mayor o menor medida nos identificamos. Porque un húngaro o un bielorruso, por poner dos ejemplos, haciendo el tonto,  es un espectáculo con poco fuste y menos gracia. En España hacer el tonto es un arte que dominamos desde pequeñitos y que practicamos durante toda nuestra vida. Hacer el tonto, perder el tiempo, hacer el ganso sin más intención que reir y hacer reir es una de las habilidades nacionales en las que, a mi parecer, se repara poco. En España la gente en exceso seria y sesuda que se descoloca cuando los demás hacen el tonto, reciben el torrente caudaloso de nuestro talento verbal: “estirado, más serio que un ajo, más serio que una estaca,  aguafiestas, caracelga, amargado”, o la preciosa expresión “chafanidos”. Y si nos ponemos manchegotes, “secuzo” y “samugaco”. Pero todo ello para llegar siempre a la precisa y fatal “caramierda”. Y digo fatal, porque si algún desgraciado se gana el apelativo de caramierda está perdido. Llevará sobre sí un estigma que le pondrá la vida muy difícil en este país de artistas de hacer el tonto y de agitar con maestría el látigo del lenguaje y de las coñas y retrancas.   De hecho, hacer el tonto es el modo más eficiente de cortejo entre machos y hembras celtibéricos. En España el samugo liga poco, por más que su personalidad esté adornada con toda clase de cualidades. Si no las haces reír, machote, lo llevas claro. Cuento más dicharero y gansista, más papeletas para alejarse de las tristes noches solitarias. Pero con todo, es un arte difícil, porque el que se pasa cae en una nueva categoría maldita, la de “payaso”, con la “a” inicial muy larga, que ya es grave, pero si su nivel de payasería es especialmente alto, pasa a ser un “capullo”. Y ser un capullo en España es más duro que ser el malo en una película del Oeste.

Mi nombre es rojo

Mi nombre es rojo

Termino de leer Mi Nombre es Rojo de Mercedes Díaz Villarías y he sido arrastrado por una energía cadenciosa y  he sido abandonado en el placer de lo extraño y de lo auténtico. ¿Dónde pusite, Mercedes, las instrucciones para bajar de nuevo al mundo?.Me ha azotado un viento que me arranca las hojas volando con gracia, ahora que yo era un árbol a punto de ducharse y salir a tomar unas copas si es que quedan amigos. Y las hojas que caen tienen memoria. Mira: La voz ajada de Billie Holiday  poniendo los muslos de su voz en mi cuello. El aliento inacabable de Walt Whitman y su verso corto de ciclo largo. Los hallazgos de Aleixandre, sus gemas puras fraguadas en el carbón de la incosciencia. Y la larga fila de palabras de Altazor cayendo en sus paracaídas sobre el mundo.  Un aroma de experiencias auténticas vividas en tiempos de la más venerable locura me embargan. Leo de nuevo. ¿He oído la trompeta de Chet Baker?. Un encuentro imposible de Lou Reed y Jaco Pastorius para hacer sonar la depravada perfección de la belleza en un tugurio que yo compraré algún día y lo pondré en la playa cuando me retire. Mi Nombre es Rojo es música. Mi entendimiento pidió rápidamente un güisqui. Esta noche los músicos estaban tocando de verdad. Los neones, las hamburgueserías, las noticias incomprensibles de los diarios,  la mala  vida en los hoteles, los aviones, el extenso pequeño mundo, les mordían sus oídos ancestrales. Y  sonaba la música nueva con la belleza antigua, inalterable, de la tristeza.

Noche memorable en el club Mi Nombre es Rojo. Algún día encontraré uno de esos discos raros y perdidos con la grabación de aquella noche hecha en un cassette bajo la mesa y sólo con tocarlo recordaré toda la música mientras recuerdo también que yo estuve allí. Pero eso no importa ahora. Esta noche mi corazón es rojo. Sí.Miradme, estoy plena sobre aguas turbulentas. Si. esta noche mi nombre es rojo: El cuerpo estoy desecando escurriendo el corazón ente costillas de lienzos aún blancos, instanténeas digitales, minidiscos/ pantis y papeles./ No me interesa no me interesa/ aquí nunca nada (lejos de viajes a lo lago de túneles) sucede, alguien sube el volumen de un tema atroz al lado. Si ocurre algo procuro olvidarlo./ Voy a olvidarte porque vas a hacerme daño./ Permanezco aquí en el cuarto como víbora negándose a mudar la piel, entre sí todas las cosas desordenadas. Padre, quiero más vida y una fuente inagotable de energíalimpia e inagotable. Yo estuve allí. De la tristeza de los músicos, surgió una fuente inagotable de energía

Agua y alarma

Agua y alarma

Podría enternecernos hasta el llanto el cuidado que de un tiempo a esta parte ponen los políticos en no alarmarnos. Podríamos, si pensáramos que su interés se centra exclusivamente en velar por nuestra tranquilidad y cuidar nuestros nervios. Evitar la alarma es el tapón de moda para no hablar o impedir hablar de aquello que no se desea.  He ahí el caso de Rajoy, el heraldo de todos los desastres, que sobre el cambio climático considera que no nos debe alarmar, según le ha dicho su primo. ¿No será simplemente que relaciona medio ambiente con votos de izquierda?. En nuestro ámbito hemos vivido recientemente otro ataque de protección por un cargo político. En esta ocasión del PSOE. En las mesas sectoriales del Grupo de Acción Local de la Sierra del Segura, la Plataforma en Defensa de las Fuentes de esta comarca pidió la adhesión de esta organización a un documento de protesta por los pozos de sequía que sacan agua subterránea para verterla a los ríos que van a dar a la mar de urbanizaciones del litoral por obra y gracia de la Confederación Hidrográfica del Segura. Todos los participantes en las mesas –algún primer edil incluido- votaron a favor, salvo dos. Una de ellas la alcaldesa de Elche de la Sierra, aduciendo que en su término no se iban a hacer pozos y que por tanto no se debía crear alarma social. Supongo la buena fe de Mª Carmen Ruiz, pero llega tarde. Muchos ya estamos alarmados mientras se escucha el zumbido del agua saliendo en los pozos de Hellín en acuíferos interconectados con la sierra, bajan los niveles freáticos y las fuentes que dan vida se secan. Dándose el caso de que la alcaldesa se ha manifestado contraria a esos pozos, se entiende menos la no adhesión. La idea también aducida de haber intereses políticos detrás (otra idea tapón) conduciría al callejón sin salida de que sólo se puede practicar la participación ciudadana con un carnet político en el bolsillo. Muchos no lo tenemos ni nos preocupamos de si lo tienen aquellos a quienes nos unimos coyunturalmente para trabajar juntos por un fin que consideramos necesario. Como nos hubiera complacido que hiciera la alcaldesa de Elche de la Sierra. De modo que alármennos ustedes, por favor, o si quieren que nos quedemos tranquilos, vayan a cerrar el grifo. Aunque quede unos metros más allá de la raya del término. Hemos llegado a la paradoja de que algunos colectivos murcianos (beneficiarios del agua) se han adherido al manifiesto y una alcaldesa de la sierra no. Hecho que señalo, dicho sea de paso, con ánimo constructivo y sin la más mínima intención de alarmar a nadie.

Error político

Error político

Resultan muy chocantes las declaraciones de Mariano Rajoy relativizando el problema del calentamiento global de La Tierra. Y si no hay discurso político sin segundas intenciones, ¿cuáles son las de la Rajoy?. Dice Rajoy que existe un excesivo alarmismo sobre el tema. Pudiera ser, en estos tiempo de sobreabundancia mediática que generan histeria en las opiniones. ¿Pero cabe pensarse que en el ánimo de Rajoy está el tranquilizarnos, cuando su actuación se ha caracterizado por actitudes incendiarias que de habernos convencido nos situarían ante la desesperación de una España rota y en ruinas?. No parece que vaya por ahí la cosa. Entonces, ¿qué puede haber detrás de esas manifestaciones?. A mi juicio lo que hay es un intento de posicionamiento en este tema que está calando a gran velocidad en el sentir de las mayorías y que, por tanto, tendrá su reflejo en las posiciones electorales. El calentamiento global y todo el resto de problemas medioambientales, han sido tradicionalmente territorio ideológico y reivindicativo de las izquierdas, con lo que esta extensión de la preocupación por el futuro del planeta entre la gente rema a favor de esos intereses políticos. De  modo que la derecha tiene que abordar el tema y, en el caso de Rajoy, creo que con torpeza política, busca un posicionamiento del tipo “estos son unos exagerados y apocalípticos, y nosotros que tenemos los pies en la tierra, ofrecemos la visión sensata del asunto, que es que no hay tal Apocalipsis”.  Y digo que es una torpeza política porque con ello no cosechará más adhesiones que los incondicionales del oráculo porque la preocupación medioambiental es a mi juicio una corriente imparable. Al mismo tiempo casi  que las declaraciones de Rajoy se ha producido en Europa un ejemplo diametralmente contrario. En Francia, el presidente de derechas ha hecho suyo el problema siendo pionero en el lanzamiento de un gran plan de protección medioambiental (habrá que ver desde luego la coherencia de sus planteamientos y los resultados que se obtendrán), arrebatando un terreno ideológico a la izquierda hasta el punto de hacer tambalear al propio partido de los verdes. Parece una postura con mucha más inteligencia política. Y desde luego, de paso,  mejor para el futuro de nuestro planeta. Porque, no lo había dicho todavía, pero el calentamiento global es un hecho indiscutido por los científicos que tan solo discrepan en matices y plazos. ¿Se imaginan ustedes a Rajoy abrazado a Al Gore    en la presentación de su plan de medidas de protección ambiental?. A mí me cuesta.

Encuentros con Ciberdios

Encuentros con Ciberdios

Hace unos días llamé al teléfono de atención al cliente de mi compañía de acceso a internet para dar parte de una avería con Internet. Después de entenderme a duras penas con la máquina parlante que me contestó conseguí que apareciera al otro lado del cable un ser humano. Me las prometía muy felices – este es mi territorio, pensé, con los seres humanos sí me hago entender -. La persona que me atendió tenía un marcado acento latinoamericano que me dificultaba un tanto la comprensión, pero bueno, con buena voluntad pude ir comprendiendo lo que me pedía, que no era otra cosa que los mismos datos que ya le había dado a la maquinita imbécil. Así se lo dije pero por lo visto hay algo que se llama “sistema” que es omnipotente, marca las reglas del proceder y además es omnisciente, una vez que se le ha dicho todo lo que tiene que saber, (¿no te jode?). O sea, tienen a Ciberdios metido en los circuitos. De modo que repetí toda la información, que se ve que la primera vez no le vale. Pero con el DNI de mi señora pinché. Yo no me sé de memoria ni la fecha en que me casé (joer, vaya ejemplos que pongo). Ciberdios decía que tararí. De nada sirvieron mis ruegos y explicaciones. Volví a intentarlo. Repetí todos los pasos, llegué triunfante de nuevo hasta un súbdito de Ciberdios latinoamericano (¿tienen la central en Sudamérica?) que me interrogó despiadadamente con las más curiosas e intrincadas preguntas hasta conseguir hacerme sentir un completo estúpido y dudar si hablaba con un sudamericano o con un chino.  Después de la tortura me dijo con su antigua cortesía americana que no tenía ni puta idea de lo que sucedía  y que pasaba nota al servicio técnico (el cual está sentado a la derecha de Ciberdios). Como no daban señales de vida, con temor llamé de nuevo para ver qué pasaba. Repetí todas las operaciones; interrogatorio de Ciberdios y repetición a ser humano. Pero esta vez se superaron. El ser humano en cuestión tenía acento boliviano, pero de tierra adentro, del mismo Bolivia, vamos. Pero es que el muy jodío era tartamudo. La conversación fue para haberla grabado. Dije como veinte veces “discúlpeme, pero no le entiendo” con lo cual me sentía ya bastante incómodo, más por él que por mí. En fin, que lo de la integración e igualdad de oportunidades está muy bien, pero un tartamudo para un servicio de atención telefónica no sé yo... Pero con grandes esfuerzos llegamos al final, que fue la promesa de informar al servicio técnico. Cuyo advenimiento sigo esperando mientras maldigo alegremente a Ciberdios y a todos sus lunáticos creyentes. 

Los premios literarios

Los premios literarios

Hace unos días Juan José Millás recibió el premio Planeta de novela. A mí personalmente el hecho me dio cierto pena, cierta desilusión. Pude que Millás sea uno de los mejores articulistas que oficia hoy en día en los diarios nacionales. Presentarse al Planeta y, sobre todo ganarlo, es prestarse al enjuague que este premio supone. Antes incluso de la supuesta deliberación del supuesto jurado, ya se conocía el nombre del ganador. En realidad no se lo reprocho a él  porque vivir en este país de la escritura no empeño fácil y hay que comer. Cualquier payasete de la tele tiene más trabajo y gana más que un escritor que ha perfilado su oficio durante años a base de esfuerzo, estudio y tenacidad. El reproche se dirige sobre todo sobre todo a  la editorial y su capo. El mundo de los premios literarios es así. Cuando no hay operaciones comerciales detrás, hay búsqueda de influencias, contactos y figureo de las personas que organizan esos premios. Y cuando este montaje se lleva a cabo por empresas privadas no es que guste, pero allá ellos y allá los escritores que entran al juego como reses al matadero. Pero cuando los premios se subvencionan con dinero público y funcionan del mismo modo gracias a la manga ancha que la institución en cuestión da al organizador, entonces el tema es más grave. Es un fraude con el dinero de todos que las instituciones deberían perseguir y vigilar con lupa. En Albacete sin ir más lejos, existe un premio de estos. En una de sus ediciones, un conocido con el coincidí ramoneando en la librería me preguntó qué me parecía  el resultado de ese premio. Yo me sorprendí porque el premio no había sido concedido aun y porque ni siquiera el jurado se había reunido todavía. El conocido me mostró su sonrisa que decía “eres un infeliz, no te enteras de lo que se cuece”. Cosa que es verdad, porque ni me entero ni me interesa enterarme.  Con un grave gesto de magnanimidad por ponerme al día, mi interlocutor me dijo: “el premio este año va a ser para fulanita, me lo ha dicho personalmente menganito que es un bocón y cuando se bebe dos güisquis se le afloja la lengua”. Y el caso es que fue cierto. Ganó fulanita. La institución patrocinadora no va a ser la que se meta a vigilar este tema. La pasta se pone para conseguir la foto del día de la entrega de premios, no para la difusión de literatura, ni para promover talentos desconocidos ni nada parecido. La obra premiada, como cabía esperar, era una bazofia con la que la fulanita mediática se sacó unos euros. Euros que anteriormente estuvieron en los bolsillos de todos nosotros. Y así va el tema.

Un mundo sanmarinado

Un mundo sanmarinado

Hace unos días estuve en Rimini por razones de trabajo. En un rato libre, me acerqué con los compañeros a la cercana San Marino, la hermosa y más antigua república del mundo Al regresar en el avión adormecido entre las nubes y las ciudades costeras que como juguetes se divisaban debajo comencé a imaginar un Albacete sanmarinense o incluso una  España de sanmarinos. El primer problema es el tamaño. La ciudad de Albacete tiene un término veinte veces mayor y seis veces la población de San Marino y la provincia ya ni cuento, con una extensión que podría contener doscientas treinta y tres veces a la serenísima república. Quizás esto es demasiado para constituir una pequeña, pacífica y olvidada república. En San Marino gobierna desde hace veinte años una coalición de socialistas y democristianos. Otro problema. ¿Se imaginan a PSOE y PP gobernando juntos en Albacete?. Además no hay un jefe de estado sino dos, los capitanes regentes que los nombra el Consejo General para un cargo de iguales competencias y que dura seis meses. Castell y Bayod alcaldes por igual y a los seis meses fuera, y otros. El Ejército de Voluntarios es testimonial y más folklórico que otra cosa. Usan el euro. ¿Resistiríamos la tentación de crear el duro o el real manchego?. En ninguna de sus entradas fronterizas hay garitas ni vigilancia, sólo letreros que dan la bienvenida. ¿Podríamos aguantarnos sin poner un guardia en su garita pidiendo papeles?. ¿Que no cabe un aeropuerto?, pues nos lo deja Rimini. ¿Que Rimini no tiene donde hacer un rally?, pues se lo dejamos nosotros. En fin un estado lo suficientemente pequeño para estar obligado a entenderse con los vecinos. En Albacete, según las dimensiones de San Marino, cabrían unas catorce repúblicas del to serenismas y en España unas mil cuatrocientas. Por ahí quizás podría replantear mis fobias nacionalistas. Mil cuatrocientas repúblicas con fronteras inexistentes entre ellas y las otras catorce mil del resto de Europa, con gobernantes del barrio que no soban mucho el asiento, con cuatro militares con mucho penacho para las fiestas, con una economía unificada con todas las del entorno, estados en fin que no dan disgustos a nadie ni se ponen moñas con sus hechos diferenciales porque todos son diferentes. De modo que, considerando lo dicho,  me concedo a mí mismo la ciudadanía de la Serenísima República de Nerpio Taibilla, me expido el DNI unificado de la Confederación de Repúblicas Europeas y les invito a todos ustedes a conocer mi pequeño país perdido en la paz de las  montañas.

Los tigres

Los tigres

La campaña  contra la instalación en Albacete de la fábrica de helicópteros liderada por IU y otros colectivos, ha sido un completo fracaso. La mayoría de la población de la ciudad no ha hecho caso. Los helicópteros militares que salgan de la factoría albaceteña, son modernas armas de guerra y con toda probabilidad tarde o temprano serán usadas para su fin propio y producirán por tanto muerte y desolación. Por este motivo es un noble sentimiento rechazar su producción y eliminar posibilidades de que esto ocurra y además, de que ocurra precisamente con máquinas que han sido fabricadas en nuestra ciudad y que de un modo u otro nos habrán enriquecido a los albaceteños. Esto se comprende fácilmente, pero si aplicáramos esa misma lógica, los promotores de la campaña deberían pedir que se desmantele la Base Aérea de Los Llanos y su importante potencia mortífera. Curiosamente no lo hacen. Otros dicen que lo importante es la batalla por el control de la venta de ese armamento más que por su producción en sí y que  el mundo es hoy una inmensa fábrica de armas de todo tipo y ese negocio es de los más lucrativos que existen para empresas privadas y gobiernos. Lo de Albacete es un grano de arena en el desierto.  Por otra parte, ante la hipótesis de que fuéramos agredidos y esas y otros armas nos defendieran o incluso salvaran nuestras vida, la respuesta creo que sería mayoritaria y muy pocos tendrían escrúpulos en que así fuera, aunque ello supusiera muerte y destrucción en los agresores.  En eso los albaceteños no nos diferenciamos del resto de la humanidad.  De modo que por razones como esta, además de otras de puro egoísmo económico, se comprende que la campaña contra la factoría no haya tenido prácticamente ningún eco. Y eso que los promotores de la campaña hablan poco de estas cosas y se centran en los tremendos ruidos para nuestros delicados oídos, cosa que parece debería haber tenido más gancho. Podemos al fin enfrentar la cuestión recordando las palabras de Einstein: “ La realización de un cambio tan absoluto en la vida de los pueblos (eliminar los ejércitos y por tanto la guerra) exigirá un esfuerzo moral enorme... Y no puede hacerse por pasos. Es un camino de todo o nada. Nuestro destino será el que nos merezcamos”. Si llevara razón el físico, los albaceteños ya habríamos demostrado entonces que optamos por el nada. Ahí está el meollo de la cuestión y no el ruido que hagan los helicópteros como sorprendentemente proclaman los promotores de la campaña confundiendo un tema moral con un asunto de salud.

Nacionalismo plasta

Nacionalismo plasta

Desde que los románticos con sus desatadas emociones abrieran la llave de las pasiones nacionalistas, el mapa de Europa y del mundo ha cambiado sin cesar, se ha derramado mucha sangre y sobre todo la humanidad ha perdido montañas de tiempo y energía en temas bastante idiotas como la patria y esas cosas. El nacionalismo es una gran memez, cuando no una perversidad malintencionada por cuenta de quienes pretenden beneficiarse de él. De modo que en la continua algarada nacionalista no veo más que memos o aprovechados. ¿Por qué luchan los nacionalistas vascos o catalanes?. Por una patria, por una bandera, por un equipo de fútbol propio. Luchan por lo pequeño, por la exclusión, por la exaltación perversa de las diferencias. Piensan que sus riquezas las han obtenido solos, sin ayuda de nadie y menos con la ayuda del resto de españoles. Todos sus derechos civiles, incluidos los que los diferencian, como la lengua, les son exquisitamente respetados por el estado. Pero eso no les parece suficiente. Tanta tontería y prepotencia hace que algunos ciudadanos hagan también el tonto poniéndose a su altura y creen un partido para combatirlos. Es el caso de Unión Progreso y Democracia, el partido liderado por Rosa Díez y Fernando Savater. Leo las crónicas de sus actos fundacionales y al parecer todo el bagaje programático del partido se resume en dar caña para recortar el poder y atribuciones que los nacionalismos han ido arañando a lo largo de los años a los distintos gobiernos españoles. Y no es que me resulte antipática la idea después de tanta chulería y rapacidad nacionalista, lo que no entiendo es un partido que tenga ese único fin, de igual modo que no he entendido nunca bien que exista un partido ecologista o un partido feminista, dado que el liderazgo político y el desarrollo de las normas de desarrollo de un país, son cosas mucho más amplias que empeños tan cortos, por muy loables que puedan ser. De modo que tenemos a una persona brillante como Savater haciendo el tonto y probablemente también haciendo el pavo mientras le da cobijo a una mujer que se ha quedado sin partido. Son las cosas del nacionalismo. Son tontos y si no nos andamos con tiento nos vuelven tontos a todos. Son atorrantes y están siempre en medio. Nos roban el espacio y el tiempo para dedicarnos a aquellos temas a los que de verdad deberíamos dedicarnos y que no son otros que aquellos que tienen que ver con la pregunta de qué haremos para vivir mejor, para que todos, incluidos los plastas de los nacionalistas, puedan vivir mejor.

La función pública

La función pública

Sarkozy ha entrado en la presidencia francesa con el turbo puesto. Habrá que estar atentos para ver los resultados que arroja esa prometida tromba de actividad y cambios. Una de las “movidas” que más recientemente ha anunciado el zar ha causado sorpresa y promete traer mucha cola y culebrones varios. Sarkozy ha propuesto lo que él denomina una “revolución cultural” en la administración pública tendente según dice a modernizar y aligerar la función pública en un país en el que la administración tienen dimensiones colosales. Cinco minutos después el dirigente sindicalista Jean Marc Canon ya ha dicho que esto es “una declaración de guerra”. O lo que es lo mismo, anuncia que no va a querer ni hablar del tema, ni escuchar propuestas ni negociar. Se anuncia un largo y duro camino que pondrá a prueba al presidente frente más de cinco millones de funcionarios y sus familias, o sea media Francia, que se comen el 44% del presupuesto.  Y todo esto nos lleva a pensar en nuestro país. ¿Quién no considera en España que la función pública es excesivamente grande y excesivamente ineficaz, aparte de sus sindicatos, claro?. Hemos desarrollado aquí una especia de conformismo chistoso sobre la cuestión, un fatalismo acrítico que hace desaparecer el problema de entre aquellos asuntos que ocupan a gobiernos y ciudadanos. Pero el problema existe. Hay un exceso de funcionarios, hay duplicidades en las distintas administraciones, instituciones políticas (con su gran carga de funcionarios) obsoletas, existe intocabilidad de los funcionarios, una nula relación entre el desempeño y la remuneración y, por el contrario, nuevas formas de administración que deberían tener protagonismo y recursos como las mancomunidades de municipios que viven aplastadas por los recelos de diputaciones y consejerías que no solo no acaban de apoyarlas sino que en muchos casos son objeto de maniobras para vaciarlas de contenido. La labor de los sindicatos en este sentido es deplorable; defienden a capa y espada a cualquier sinvergüenza que nos chulea a todos, están siempre por labor de engordar los catálogos de puestos, se niegan en redondo a establecer relaciones entre rendimiento y remuneración y a permitir la relación libre de instituciones con profesionales a través de contratos privados. No creo que esa deba ser la actitud de sindicatos que se proclaman progresistas. La sangría de recursos para el país es enorme. Pero seguimos haciendo chistes de funcionarios. Y muchos pensando que a Sarkozy “se le ha ido la pinza”.