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El Puente. León Molina

 

SIN RUBOR

 
 
 
 
 
 

Tiempos extraños estos en que los ministros socialistas recortan las protecciones sociales de los trabajadores en encendidos discursos en su defensa. Los fachas alardean de su papel esencial en la consecución y mantenimiento de la democracia. Los obreros muestran su opulencia y las clases altas hacen gala de su sencillez y campechanía. Los independentistas dicen querer lo mejor para el país. La radio de la Iglesia hacen repicar cada día campanas de odio y revancha.  Un socialista –Maragall- dice sin rubor que es nacionalista pasando por alto la flagrante contradicción ideológica que ello supone. Los que despreciaban antes a los que llamaban “pancarteros”  hoy  tocan la corneta llamando a la manifestación hasta por la más inocua ley que se pretenda promulgar (véase matrimonios homosexuales). La derecha dice que las clases de religión son el mayor exponente de la libertad de enseñanza mientras que la educación para la ciudadanía es puro adoctrinamiento. Un obispo dice que el Espíritu Santo se encuentra en el ADN. Alguien que habló en su día con los terroristas, llama traidor a quien hoy manifiesta que está dispuesto hacerlo bajo las conocidas condiciones. Un locutor en la radio dice que Joaquín Sabina es poeta. El otro día unas monjitas con toca en sus cabecitas prohibieron la entrada a su colegio a una niña musulmana por llevar velo. Pero es que lo de las monjitas es inagotable. El otro día casi me ahogo mientras comía cuando vi en el telediario a un grupo de monjas manifestándose por la Puerta de Alcalá con pancartas que rezaban “libertad de enseñanza”. Claro, que la pancarta no iba a poner: “Queremos que el gobierno del estado laico haga obligatoria la enseñanza de religión y nos de la pasta gansa que no cae en los cepillos de las iglesias para que la impartamos nosotras en nuestras liberales instituciones que forman como nadie el espíritu crítico, la racionalidad y la justicia en las mentes de los chicos de buena  familia que acuden a nuestros centros y que son el futuro de este país hundido en las tinieblas del ateísmo”. Claro, es que es muy largo y no cabe. Lo magacines de la radio abren sus micrófonos para que cualquier idiota diga sus idioteces blindadas por el sagrado respeto a la opinión personal. Los delincuentes con una lista de veinte folios de crímenes  son entrevistados por la tele y nos cuentan  lo majos que son antes de salir a  cometer otro atraco con rehenes.  Y sube la audiencia como un cohete en este país de jauja en que las palabras se han liberado de su antigua relación con la razón, la verdad y la vergüenza. 

   
SER UNO MISMO
 
 
 
Ser uno mismo no es más que un accidente ilusorio en la vasta cadena de la humanidad y, sin embargo, la poca fortuna de este pensamiento nos coloca a la mayoría de los seres humanos en una constelación de mundos pequeños que defendemos aguerrida y patéticamente. Recuerdo que hace unos años en Nueva York, cuando algún estadounidense me hacía la típica pregunta con tufillo racista de si yo era spanish from Spain, les solía contestar tomándoles el pelo que yo era de la zona de San Juan, donde había ciudades tan hermosas como San Juan de Puerto Rico y Alcázar de San Juan y si insistían, les decía que yo era español de la lengua castellana y que quería aprender inglés para ser de otro montón de países y que ya bien informados podían libremente despreciarme por ser un spanish de América o respetarme por ser un spanish de Spain, lo cual  siempre les haría acertar porque en mi caso ambas condiciones se cumplen. Y no vayan a creer, algunos hasta cogieron la indirecta.   Relato esta anécdota para ilustrar mi convicción de que qué más dá. Realmente qué importa ser de donde se sea y llamarse como uno se llame. En el fondo sólo hay pulsiones fisiológicas, sentimientos y afectos y una vaga propensión a la inteligencia. Y sin embargo seguimos haciendo con el atormentado concepto de la identidad nuestros castillos en el aire. Queremos seguir tapando el hueco de dios con nuestros propios cuerpos y nos convertimos en seres desesperados que intentan detener con las manos la vía de agua que hunde una nave condenada. La muerte inevitable y la falta de sentido de todo. Porque, verdaderamente, si yo puedo recorrer toda la humanidad por los puentes que tiende el afecto entre las personas, ¿cómo puedo explicarme el mundo atroz?. La palabra clave es sabiduría, o paz, otros dicen que amor, concordia es palabra de la que gustan los politicos, es igual, cualquiera vale.  En el fondo de cualquiera de ellas vibra el alejamiento de uno mismo, la apertura, la aceptación, la destrucción del yo y la placentera zambullida en las aguas del mundo. Pero el mundo, nuestro pequeño mundo, parece confabulado para guiarnos hacia todo lo contrario y empujarnos hacia los paisajes más ingratos del espíritu. Yo ansío aprender a dudar a fondo, a vivir sin casi ninguna certeza, a aceptar y a escuchar, a hacer más tupida la red que comunica a todos los hombres. Y es que no conozco nada más estéril que ser yo mismo. Y encima, cuando soy yo mismo, siempre acabo por enfadarme con alguien.
 

SER DIOS
 
 
 

Si el mundo está mal hecho./ Si no tienen sentido/ ni el dolor ni la muerte./ Si sobra el sufrimiento./ Si la vida es injusta.../ ¿A quién puedo culpar yo,/ si Dios soy yo?.

Los versos que anteceden son obra del poeta sevillano Javier Salvago que estuvo la pasada semana en Albacete. Es un poema quizás ligero, donde prima ese golpe de humor final inesperado. Pero como sucede tantas veces con el humor inteligente, guarda verdades y elementos para la reflexión. Este poema conectó de inmediato con una idea que me ronda desde hace tiempo. Tengo la impresión de que uno de los males que aqueja a muchos de nuestros conciudadanos,  y por ende a nuestra sociedad, es la falta de responsabilidad individual, la valentía para ser dueño y responsable de nuestros propios actos, o si lo prefieren, de ser nosotros mismos Dios, como dice el poeta.

Siempre se encuentra una justificación externa a nuestros males. A nivel social el gobierno lo hace mal o los demás no se comportan, o los obscuros cenáculos de poderes misteriosos y poderosos nos tuercen las posibilidades de que nos vaya mejor. A nivel individual, se encuentran cientos de razones que justifican conductas o resultados poco halagüeños. Que si la educación, que si la presión social, que si la devoradora máquina económica y, por supuesto, que si la suerte. Pero siempre la responsabilidad se explica por factores exógenos al propio individuo.  De ahí que un drogadicto es una víctima, que los criminales vean escrutados sus historiales familiares porque casi seguro se encontrará una razón que explique su inevitable comportamiento. De ahí también que ante cada catástrofe se mire hacia el gobierno de turno que acaba por tener la culpa de las lluvias o los fuegos. De ahí también que los estudiantes que no dan golpe se les vea como víctimas del sistema educativo y de la sociedad en que viven. Y de ahí también que busquemos afanosamente qué cosas o qué personas son la causa de nuestras infelicidades. Vivimos en la época dorada de los psicólogos. Ellos nos explican las causas de nuestros problemas y desequilibrios, de las cuales por supuesto no somos dueños ni responsables, sino que lo son secretos mecanismos que no conocemos y por lo tanto de los que no somos responsables. La consecuencia es una sociedad blanda de individuos que buscan constantemente respuestas y tutelas fuera de su albedrío, su voluntad y su responsabilidad. Y no parecen muy felices. Tenemos los hombros pequeños para ser nuestro propio Dios.

 

SE EMIGRA A LA FUERZA

 
 
 

Según certifica un reciente estudio del Consejo Económico Social de Castilla-La Mancha, el nivel de instrucción de los inmigrantes que viven en la región es superior al de los castellanomanchegos. Los índices de analfabetismo de estos superan en más de un 50% a los de aquellos, en el grupo de alfabetizados pero sin estudios los doblan y en instrucción secundaria  también salen perdiendo frente a esos vecinos que vivieron de fuera. Sorpresa, ¿verdad?. Los datos ofrecidos por este estudio vienen a echar por tierra la imagen que en general se tiene acerca de los inmigrantes y en especial acerca de algunos tópicos relativos a ellos, como es sin duda que los inmigrantes son personas sin instrucción. No sólo la tienen, sino que según se ve, tienen más que los paisanos. Puede que pese en la construcción de esos estereotipos la masiva información que recibimos acerca de la inmigración quizás más dramática, la inmigración de pateras y salto de vallas que suele estar protagonizada por los más pobres de los pobres, por los más olvidados, que estos sí, suelen ser personas con escasos niveles de instrucción y que acaban llevando a cabo los trabajos más rudos o buscándose la vida vendiendo en las calles, donde nos los tropezamos y reforzamos el estereotipo. Pero también es cierto que el nivel de instrucción de las personas no está escrito en la cara, de modo que esa mujer colombiana que nos sirve los churros por la mañana puede ser una filóloga a la que no le convalidan el título, o ese argentino que vende chucherías puede ser un maestro, ese camionero ruso que entra al bar puede ser un maestro industrial, o ese cubano que se deja las manos despedregando bancales es un ingeniero con larga experiencia, por citar sólo algunos ejemplos verídicos que conozco. Algunos enseguida pensarán que no he puesto ejemplos de nadie procedente de África (moros y negros, ya saben), pero aunque en menor cuantía, es cierto, los hay y podrían citarse aquí. De todos modos, se dijera lo que se dijera, valdría de poco. Los escalafones son los escalafones y no se mueven así como así. Los datos de este estudio, deberían llevarnos a una reflexión que a pesar de su evidencia, con frecuencia parecemos olvidar; la emigración siempre es a la fuerza. El emigrante llega a nuestra ciudad, a nuestro barrio, empujado por sociedades maltratadas por la pobreza, el desorden y la injusticia, no porque sea alguien incapaz de otra cosa, de desarrollarse a través de su esfuerzo. Y sus vidas en sus nuevos países, por lo general así lo demuestra. Datos de un estudio que a más de uno debería abrirle los ojos.

 
 

SAN CARRILLO

 
 

Mucho me temo por los indicios que estamos en el comienzo de una  oleada de homenajes y santificaciones de don Santiago Carrillo. Confluyen para ello al menos tres circunstancias; la edad de don Santiago, el funcionamiento por oleadas monocordes y copionas de los medios de comunicación y el detalle chic de la nueva progresía sentando a un comunista de los de antes a la mesa. Durante el despliegue de báculos, mitras y palios de la jerarquía progre, lo siento pero yo no estaré. No me gustan los santos, ni el boato, ni el comunismo.Y no nos confundamos, si algo representa Carrillo es el comunismo. Sé que a partir del último punto y seguido he perdido un puñado de lectores, parte de los cuales habrán ido a ver si figuro en alguna lista progre para borrarme (será inútil por cierto, el censo electoral y poco más; me alisto poco). Para los que sigan, me explico. Desde mi punto de vista y según confirmación de la historia, el comunismo siempre que ha llegado desde los libros y las tribunas hasta los asientos del poder ha producido monstruos no menos aberrantes que el fascismo. Si se pudiera echar la cuenta algún día de los amargos silencios, sufrimientos, cárceles, torturas y muertes de unos y otros, el desmesurado marcador puede que no anduviera lejos de un doloroso empate. No me va a hacer gracia la beatificación de Carrillo, como no me haría gracia la beatificación de Fraga. ¿Carrillo cambió con su evolución hacia el eurocomunismo?: Sí. ¿Fraga se convirtió en demócrata?: Sí. ¿Carrillo jugó un papel determinante en la transición?: Sí. ¿Fraga también?: Sí. Por eso los toleramos, los aceptamos, les hemos dejado ser votados y hasta  puede que los respetemos. Pero yo paso poco por los altares y, acaso por debilidad, no puedo o no quiero olvidar que cada uno viene de donde viene. ¿Qué no es lo mismo Fraga que Carrillo?: No, pero en sus circunstancias, en otras habría que verlo. Comunismo y fascismo; dos alas de un mismo pájaro sombrío. Del fascismo estamos convencidos (salvo cuatro esjarramantas), pero ¿y del comunismo?. No tengo que salirme del estricto ámbito de mi familia y de los últimos cuarenta años para poder contar cien historias de dolor causadas por él. Pasos clandestinos de fronteras, cárcel, campos de concentración, fusilamientos, familias rotas, miedo hasta la autodestrucción. Historias para contar un día. Beatos  Santiago Fraga de Jesús y Manuel Carrillo de la Cruz, muchas gracias por todo. Adiós. Cerrad la puerta al salir y no espereis mucho de nosotros. Los anticlericales no usamos botafumeiro.

 

León Molina  

 

 

RUIDOSAS PARADOJAS

 
 
 

Vivo  y trabajo en una plaza que soporta un intenso tráfico. Desde mi ventana se domina toda la rotonda y repetidamente puedo observar el celo de la policía municipal en atrapar motoristas sin casco. Vienen con mucha frecuencia dos, cuatro y hasta cinco agentes que se despliegan durante horas en todo el perímetro y obligan a parar a todo cuanto motorista  pasa sin el casco al que obliga la ley. No dan abasto. A veces llegan a tener considerables colas de gente que espera pacientemente a ser multada. En los últimos meses he debido ver imponer miles de denuncias por este motivo. Pero lo que no he visto ni una sólo vez es una medición del ruido de esos vehículos ni imponer una multa por exceso del mismo. Desconozco realmente cómo está la legislación en lo referente a ruidos de los vehículos, pero como ciudadano no puedo dejar de asombrarme y enfadarme porque se emplee tanto celo y se dediquen tantos medios a imponer el uso del casco y tan pocos o ninguno a la evitación de los ruidos. Me parece evidente que si alguien decide no usar el casco cuando conduce su moto no hace más que un sencillo y legítimo uso de su libertad por lo que deberá por tanto afrontar las eventuales consecuencias y no produce con ello el más mínimo daño o molestia al resto de sus conciudadanos. Sin embargo en mi plaza pasan muchas más cosas. Cientos de veces al día  pasan debajo de mi ventana  motos produciendo un ruido ensordecedor, muchas de ellas, según me cuentan, trucadas específicamente a tal fin. Casi a diario el subnormal del novio de la vecina no para de tocar el claxon por la noche para que baje la nena, que nos ha salido tardona la jodida. Con mucha frecuencia  descerebrados de los de corte de pelo a lo cenicero detiene sus horteradas de coches el tiempo que le da la gana con Camela sonando en su megaequipo mientras las paredes, mi silla y los cristales se mueven al ritmo vomitivo del nunca debí enamorarme. Pero cuando pasan todas estas cosas, qué fatalidad, no hay guardia. A las administraciones por lo que se ve el ruido no les importa. Estos ruidos atroces con los que nos agreden continuamente no reciben la más mínima vigilancia ni, por lo que se ve, castigo. Y sin embargo hay una persecución obsesiva a quien no usa casco o cinturón de seguridad, cuando los primeros molestan y dañan a los demás y los segundos no.  Claro que cuando a mí me salta el libro de las manos del sobresalto de la moto pedorra no se estropea ninguna estadística, pero cuando se mata alguien en una moto haciendo uso de su libertad, sí. Debe ser eso.

RUIDO

 
 
 
 

En la mañana del domingo, después del desayuno, decidimos dar un paseo. Cogimos  el coche y quizás viejos recuerdos y querencias me hicieron tomar la dirección del río Júcar, allá por el paraje denominado Cuasiermas. La primavera, esa tonta, mostraba sus alardes en el follaje y en los variados trinos de pájaros envalentonados. Recorrimos el camino, luego senda, oliendo, mirando, sintiendo silenciosamente hasta llegar a una recóndita y mínima playa en un remanso del río cubierto de vegetación. Ya vamos teniendo una edad. Nos cansamos y no negamos que una paradita no viene mal, sobre todo si el azar nos regala un lugar espléndido como éste. Nos sentamos sobre el manto de hojas que dejó el otoño y guardamos silencio un buen rato. Después algún comentario aislado sobre las cosas que nos preocupan acerca de nuestros hijos, sobre la casa que estamos construyendo con una ilusión calmada que anuncia la vejez. Y de nuevo el silencio que parecía llegar con el río, enredado en sus remolinos.

En el silencio nos miramos con intensidad. En el silencio nos cruzamos alguna caricia. Y en el silencio supimos cosas importantes y pequeñas. Esas cosas por las que a veces uno se quiere un poco a sí mismo.

Y es que es necesario salir, aislarse, para conseguir escuchar algo en nuestro mundo de ruido. Ruido ambiental, ruido mediático, ruido de la idiotez en la inteligencia y los afectos. La paliza papal que nos han soltado, la vociferante vaciedad de las elecciones vascas, el coñazo cervantino y las chorradas de rutas quijotescas que no se creen ni ellos, los cebollazos del gobierno al botafumeiro y los ladridos y rugidos de la oposición, China y Japón que se enzarzan por un artículo en un libro, los homosexuales que hacen planes de boda y están dispuestos a ser tan horteras como los heteros,  Aznar que no se larga y sigue con sus rollos aunque hace ya  más de un año que le echamos, políticos independentistas que esconden sus apellidos charnegos y gruñen su indignidad, una ministra que cada vez que habla enciende la traca de El Mundo,  un Fraga embalsamado que suelta requiebros a las periodistas, premios literarios que engullen el silencio a base de millones, los paletos del baloncico con su jerigonza vacía...

Da igual el grado de memez, el follón es la carta de ciudadanía. Sueno, luego existo.

Pero esta mañana, por casualidad, he tomado una buena bocanada de silencio que nos trajo el río en su camino al mar que es el morir y una limpia alegría tocó nuestros corazones y nos hizo inmunes hasta el telediario de la noche.

      

 
 

León Molina

ROSAS  QUEMADAS

 
 

Si quemamos una rosa, tras el fulgor del fuego tendremos ceniza. Como sabemos por la física, su materia no se destruirá, sino que la energía y la masa adoptarán nuevos estados. Pero ya no será una rosa, porque la materia no se crea ni se destruye, pero la forma sí. La materia y la energía se pueden contar, la forma no. Pero la forma existe y puede crear en nosotros emoción y el pálpito de la belleza. Y con la experiencia de la belleza aprendemos, ensanchamos el conocimiento sobre el mundo y sobre  nosotros mismos.

Hace ya muchos años, en mi primera juventud, escuché a Rubert de Ventós enunciar una idea que me dejó preocupado y alerta para siempre. El filófoso – que dicho sea de paso ha terminado con ciertos desarreglos políticos en su cabeza-, se ocupaba entonces de estudiar el fenómeno de la modernidad y afirmaba que ésta era esencialmente utilitaria y grosera. Recuerdo también que ponía un par de ejemplos muy gráficos. Con el primero de ellos, comparaba la cultura antigua con la moderna a través de los vestidos usados por sus ciudadanos; la ropa moderna, además de ser uniforme muestra fielmente todo lo que esconde, mientras que las túnicas mostraban y  al tiempo  velaban armónicamente el cuerpo de quien las portaba. En el segundo ejemplo nos describía el pensamiento moderno con el recurso a la imagen de  un cuchillo excesivamente afilado, una herramienta que al ser usada se llevaba por delante el filete, los tendones, los huesos y hasta el plato. Así, nuestro pensamiento moderno se moldea sobre el ansia de dominio, sobre la necesidad de convertir la realidad en magnitudes tangibles que aparentan conocimiento y  sobre la urgencia de la funcionalidad. Y las formas nos preocupan sólo en la medida de las funciones que nos aportan, no en su propia y misteriosa existencia. Sólo artistas plásticos, músicos y poetas se ocupan hoy de ellas.

Pero si imaginamos por un momento un mundo sin formas- materia extensa e indiferenciada-, comprenderemos hasta qué punto éstas son nuestro modo de relación con el mundo, son el mundo mismo y son nosotros mismos.

Pero este conocimiento es asunto secundario en nuestro tiempo; ¿qué gana nadie profundizando en los secretos de una rosa?.  Entretenimiento para artistas melancólicos, cargos políticos  para el tonto de la pandilla. 

Y seguimos viajando por el progreso sobre una gruesa alfombra de rosas quemadas.

 

 
 

REFORMULANDO

 

Una de las técnicas elementales que tratan de mejorar la calidad de las comunicaciones interpersonales es la reformulación. Se trata, como saben, de repetir lo que nos dicen expresado –reformulado- de otra manera. Es el modo en que nos aseguramos de haber entendido y que el interlocutor lo sepa. Como yo quiero entender, reformulo algunas ideas expresadas últimamente por el Partido Popular.

1. Peces Barba es un jeta que ha aceptado, usando su conocida falta de escrúpulos, el encargo de amparar a los terroristas, procurando que salgan ilesos del fin de la violencia y, mientras tanto, protegerles de las justificadas iras de las víctimas buenas del terrorismo, porque las víctimas malas también están en el ajo.

2. Los miembros de la comisión  del 11M  por las noches dan esquinazo a los representantes del PP y se reúnen para mondarse recordando que en un visto y no visto de un añito, no le han dado tiempo ni de abrir la boca para descubrir la verdad, y se ríen también de los crédulos españoles y de lo fácil que es ponerlos en contra del PP.

3. Hace nada España ostentaba una  posición de coliderazgo de la política mundial trabajando  codo con codo con USA. Nuestro anterior líder era apreciado y respetado en todo el planeta, salvo por algún morete aficionado a invadir islas que no son suyas y algunos líderes europeos chulos y creídos incapaces de reconocer quien manda de verdad en el planeta.. De esa situación hemos llegado, gracias a la irresponsabilidad e incluso la traición del líder actual a un servilismo lacayuno con esos chuletas europeos, mientras nos desprecia el emperador y nuestro futuro se tambalea en la cuerda floja.

4. Por fin se ha sabido; el PSOE estaba al corriente de los preparativos del 11M y lo ocultó consciente de que la matanza le daría un montón de votos en las elecciones que se avecinaban. La intervención de la señora Pastor el otro día lo dejó muy claro; Fernando Huarte, desde su posición privilegiada de secretario de empleo en la ejecutiva local del PSOE de Gijón, movió los hilos de la Inteligencia del estado para dar cobertura al atentado, lo cual, dicho sea de paso, es una nueva razón para evitar que la comisión del 11M cierre en falso y no se descubra la verdad, que no es otra que ETA, PSOE, partidos nacionalistas y todo quisque se unió la pasada primavera para hacerle la cama al gobierno y dejarlo en ella sólo, primaveralmente excitado, jodido y sin gusto.

¿He entiendido bien, señores?, ¿es esto lo que quieren decir ustedes?

 

León Molina

RAROS

 
 
 

Con la sofisticada tecnología disponible hoy en día, se puede calcular el peso de nuestro planeta con una aproximación pasmosa. Esto no ha  conseguido variar ni en un uno por ciento la cifra dada por Henry Cavendish en 1747 en lo que constituyó la primera prueba experimental a este respecto. Y a su vez, lo que demostró Cavendish coincidía con lo que había predicho Isaac Newton más de un siglo antes a través de una elaboración puramente teórica. Es lo que tienen las teorías, que cuando son buenas, hay que joderse, con perdón. Newton fue capaz de conocer hace 370 años un aspecto concreto de la realidad sin salir ni a la puerta de la calle, usando tan sólo el poder de la razón impulsada por su inteligencia, su voluntad y su curiosidad. Todos ustedes saben que Newton descubrió muchas más cosas, alguna de ellas son las que dan hoy sentido a nuestro conocimiento del mundo en que vivimos. Quizás también sepan que Newton era un tío rarito. Quizás eso le ayudó a vivir dedicado a pensar y a conocer. La gente normal lo tiene más crudo, sobre todo porque la normalidad se nos come un tiempo tremendo. Para ser normal y ser tenido por los demás como tales, nos tenemos que ocupar de miles de tareas tontas que nos integran en la normalidad. Pero también porque la normalidad es como un velo alzado delante de nuestros ojos que nos lleva a ver todo del mismo color, de la misma forma. Cuando la tierra era plana para los hombres, ese velo ante los ojos hacía que eso fuera normal. Pero sucede que la tierra no era plana. ¡Me cachis!, necesitábamos una teoría para que cayera el velo y conociéramos la verdad. Y ya saben ustedes la que le montaron a esos raritos que descentraron el mundo. Nos pongamos como nos pongamos, el conocimiento ha ido creciendo a base de teorías y a base de tíos raritos que se negaban a la normalidad. En nuestro tiempo, y en la vida cotidiana, la teoría (y sus necesarios compañeros de viajes: curiosidad, razón y esfuerzo) es considerada casi como una enfermedad de la que hay que ponerse a salvo porque no sirve para nada, nos aleja de las cosas prácticas, útiles y funcionales que son las únicas que queremos y además porque es un rollo propio de tíos coñazo. De modo que queremos saber sin estudiar, hacer sin meditar, decir sin pensar y que nadie nos jorobe con rollos. Los raros, los rebeldes, los curiosos que mueven el mundo, viven hoy escondidos. Así que tenga mucho cuidado y fíjese bien. Puede que ese señor de aspecto inocente que toma un café a su lado, sea un pensador camuflado.

QUIÉN SOY YO

 

 

 

 

 

 

A mi cuñada le ha dado por estudiar psicología. Dice que van a hacer un trabajo con los textos que los amigos les escriban respondiendo a la cuestión “quién soy yo”. Cosa rarita cuñada, pero cumplo tus deseos. Responder a esta pregunta es difícil si no imposible. De modo especial cuando se llega a la madurez, como es mi caso, y la edad te muestra que no hay esencias puras que descubrir, sino tan sólo historia vital trazada por el azar y la necesidad, miles de circunstancias que más que fundar o ir haciendo crecer un “yo”, más bien parece que lo diluyen hacia su final necesario que es la nada. Valdría la expresión paradójica “cuanto más soy, menos “soy” me queda”. Aun así, porque así me lo pides, puedo lanzar ideas surgidas de nuevo del azar de la improvisación. Soy una persona que considera con Demócrito que la única patria moralmente aceptable es la humanidad entera. Por eso estoy cabreado con este mundo de pequeños nacionalismos idiotas, ciegos y egoístas. Mi utopía es la gran Confederación, la ciudadanía sin exclusiones. Tiendo a ser soñador, utópico, rebelde y romántico en el sentido cultural del término. Soy alguien que disfruta intensamente con la lectura y que con ella se introduce más en el mundo a través de lo que no es el mundo. Siento una profunda admiración por la obra de los grandes poetas; ellos entran en la realidad más profundamente que los físicos y los metafísicos, y lo hacen creando belleza y placer. Detesto todo tipo de autoritarismo, especialmente aquéllos que pretenden no presentarse como tales, véase los políticos que se arrogan el derecho de hablar en mi nombre. Soy español pero provengo de otro país, esto me proporciona un arco de mirada más amplio del que suelo observar en la gente que me rodea, y una cierta carga de escepticismo sobre la duración de las cosas y un fondo de melancolía propio de los que no volvieron a la tierra en que nacieron. Me aplicaría eso que dijo alguien de que “soy vagamente de izquierdas”, porque estoy incapacitado para aceptar reglas y dogmas de partidos y de casi cualquier otro club. Soy padre, eso sé lo que conlleva, pero no lo que significa. Estoy casado y a pesar de eso sigo viviendo con ella. Vivo en Albacete que se está haciendo demasiado grande para mi gusto; sueño con irme algún día a vivir a mi casa en la sierra. Así que a saber quién soy yo. Pero espero que estas líneas le valgan a mi cuñada para su trabajo y a mí para hacerme más amigos de ustedes, que por eso en parte se escribe esta columna.

POR FIN SEREMOS ALBACETEÑOS

 

Todo ese rollo de la navaja, de la sencillez, de los gazpachos, de la cuerda de la feria, no es nada; es agarrarse a un clavo ardiendo. Si algo ha definido a la ciudad de Albacete durante siglos, es que no ha sido nada, por muy respetables, sencillísimos y hasta entrañables que hayan podido ser sus habitantes. Y es cierto que todo el mundo tiende de manera natural a encariñarse con los lugares donde transcurrió su infancia, sus amores, el lugar donde existen los abuelos –esos seres que nos hacen olvidar que, en propiedad, no somo de ninguna parte-. Y se encariña uno, decía, con el lugar en que vive, se encariñan los albaceteños con Albacete. Pero no nos engañemos, Albacete no ha sido casi nada. ¿Y todo esto a dónde nos lleva?. Pues a un lugar bastante prometedor, a un espacio en blanco que está por escribir. En primer lugar, ser de un sitio que no es nada, no está mal. Un granadino, por poner un ejemplo, tendrá mucho en su ciudad de lo que enorgullecerse. Ése también es su peligro. No hay nada más atorrante que el chauvinismo y su primo hermano el nacionalismo. Se ponen muy tontos. En cierto modo ellos llevan su ciudad encima. Si yo soy de Albacete, soy más intensamente lo que soy yo mismo, porque ser de Albacete, ya digo, no es nada. En segundo lugar, ser de un sitio que no es nada, ofrece una ventaja inmediata a poco que pensemos; somos de un sitio que puede ser algo. Pero además podemos vivir hoy ese proceso sorprendente, porque yo sospecho que en Albacete, ya ha comenzado. Lo que pasa es que ese “ser algo” se suele ver o medir en términos de historia, monumentos, folklores, etc., es decir, en términos de historia. Ser lo que se fue.

Yo creo que los albaceteños tenemos la suerte de no necesitar –no poder- ser lo que fuimos y nos vemos abocados a ser lo que seremos, lo que estamos comenzando a ser.

Muchas ciudades españolas se miran melancólicamente el ombligo de la historia, otras son atroces suburbios  enloquecidos. Albacete tiene cierto equilibrio y hay espacios para vivir la cultura, la calma, las relaciones y equipamientos a un nivel más que razonable. Y tiene mucho futuro para crecer por dentro. Y hablo de crecimiento ciudadano, no del peligroso totem del crecimiento económico. Albacete tiene cerca si quiere, si queremos, lograr una identidad por primera vez en en su historia. Albacete, una ciudad europea del S.XXI para las personas.

“Noble, llano, sencillo”. ¡Vale ya, hombre!. Salgamos a la calle con los ojos abiertos.

 

Léon Molina

PASADO DE MODA

 
 
 

Con el paso del tiempo, los usos sociales, las costumbres y hasta las modas diría yo, cambian el vigor de ciertas palabras y las ideas que contienen. Sucede a veces también que hay palabras que han sido “sobreexplotadas” en un determinado sentido y pierden su vigencia y suenan mal. Me refiero por ejemplo a palabras como caballerosidad, heroísmo, honor o valor.

 Un modesto poeta albaceteño acertó a decirlo con cierta gracia en el remate de uno de sus poemas: “ con alivio comprendo / que por fin / estoy pasado de moda.”.  Hace tiempo que siento, como el poeta, ese alivio y me atrevo a decir que esas palabras, esos conceptos, me son gratos sin que tema ya las miradas de reprobación o lástima por parte del modernerío en cuyos cenáculos me he ido haciendo mayor.

El mataburros (como le llama mi padre)dice cosas como las que siguen. Caballerosidad: Calidad de caballeroso. Caballeroso: El que se porta con nobleza y generosidad”. Lo copio aquí para que lo lean aquellos que hace poco sonrieron de medio lado cuando dije de un tercero ausente que era “un perfecto caballero”. De modo que no es caballero un tipo estrafalario, ni un antiguo que no se acuesta con su novia, ni un machista, sino sencillamente el tipo de persona con la que me gustaría encontrarme y la que me gustaría ser. Para las feministas aclaro que “caballero” viene del que monta a caballo, por lo que cualquiera de ellas montada a lomos de la nobleza, está incluida en el término.“Heroísmo: Esfuerzo eminente de la voluntad y la abnegación que lleva al hombre a realizar hechos extraordinarios en servicio de Dios, del prójimo o de la patria”. Aquí es más lógico el reparo si somos ateos y si consideramos que nuestra patria es el mundo entero. Pero no veo tan claro el asunto respecto al prójimo. El heroísmo por esta causa es tenido por idiotez en nuestro mundo egoísta. “Héroe” hoy ha llegado a ser casi un insulto. ¿Pudiera decirse que el heroísmo es un grado superior de la solidaridad?. “Honor: Cualidad moral que nos lleva al más severo cumplimiento  de nuestros deberes respecto del prójimo y de nosotros mismos”. Juzguen ustedes, ¿adolecemos de honor en nuestra sociedad, nos mejoraría individual y colectivamente?.

“Valor: Esfuerzo, aliento, vigor. / Acción material o inmaterial esforzada y vigorosa que parece exceder las fuerzas naturales”.   Sólo una pregunta aquí: ¿somos una sociedad de valientes?. Caballerosidad, heroísmo, honor, valor. Sí. Estoy pasado de moda.

PEGANDO LA OREJA

 
 

Terraza de cafetería. Tres señoras de mediana edad desayunan y llega otra: Ye, tu, Movimiento Sensual, que tiras la mesa./ Calla que vengo esjarvillaica de los Inva/ ¿Y qué hay por ahí?/ Na, del to bien. Me he comprado un tanga del to jamía./ Pos tu tontea que el Antonio te se va a revolucionar./ Déjalo, animalico, que lo tengo mu currao. Oye, y no te creas tu tampoco quesque voy yo a ir al matadero si se emociona./ Di que si jamía, que pa cuatro pasodobles que nos quedan no vamos a andar tonteando./ Pos eso digo yo. / Pos eso. / Pos yastá.

Consultas externas del Hospital General de Albacete. Tres ancianos esperan y charlan. Pos yo ochenta y dos voy a hacer. ¿Qué qué?, Pos abocao al hoyo que estoy más que otra cosa. / Pos yo, madre mía, que no duermo naíca y muchas veces por la noche me pongo a pensar. Mis hermanicos, mis primos, las amigas del pueblo... tos listos. La Juana la de los Valientes que era la única que quedaba y hace un mes que le dio un perlequeque y se ha quedao que ni conoce que da lástima de verla. Y yo que ya no estoy buena, no. Usted estará abocao al hoyo, pero yo tengo ya las patejas metías dentro me paece a mí.. Mira, ya sale la muchacha. Señorita, ¿y los de mi pueblo cuándo pasan?.

Tertulia futbolera en bar de barrio. No, si ahora me saldrás con lo de las copas de Europa del Madrid, quejque los ponís cansinismos del to con lo de las copas. Mucha copa, mucha copa pero este año os han atizao en el morrete. Me pae que los galácticos este año han tomao tierra como los perdigones, quesque van que arrastran la pechuga por los céspedes. / Tu sigue piando que el año que viene ya veremos. / Eso si jugais, que lo mismo estais dándole toquecicos de lujo solicos por la galaxia, que los van a tener que poner un estadio en Marte y naves espaciales para ir a ver los partidos. / Pos ojalá y me paseo que chulería nos sobra pa eso. Y déjame ya hombre y vete a parlar catalá por ahí y a ver si te dan por el culé.

Aldea de la sierra de Albacete. Encuentro con un abuelo. ¿Y qué cómo va usted?. Pos aquí, parriba y parriba, antes me meaba en los pies y ahora me meo en las rodillas. / Qué guasa tiene usted abuelo... / Pos qué quieres, el médico un esgraciao que te quiere curar sin dejarte comer ná, que pensará él que de que te mate de hambre ya no vas tener de ná, claro. El fumeque fuera. El vino ni catarlo. Y la jodienda en sueños... y no duermo. Con que nos reímos o capotamos. ¿O no es ferdá?.

 
 
 

 

 
 

PALABRAS O PUÑETAZOS

 
 

Cuando un partido en la oposición expresa sus juicios acerca de la labor y las decisiones del gobierno y siempre, absolutamente siempre, estas son valoradas entre lo malo, lo malísimo y lo funesto, sin que aparezca ni una sola vez una valoración mínimamente positiva o cuando menos un silencio táctico, no cabe duda de que ese partido en la oposición está faltando a la verdad, a la razón y lo que es peor a la lealtad. Lealtad debida al propio gobierno legítimamente constituido y aún más a la voluntad popular que quiso que así fuera. Por ese camino se llegan a cometer excesos que ponen los pelos de punta. Valga el  ejemplo de la reacción comprensiva del PP al discurso del teniente general José Mena peligrosamente cercano al golpismo, cuando afirma que se comprende esta reacción por el desgobierno que mantiene el ejecutivo. Es evidente que el gobierno puede gobernar bien o mal, pero eso nunca justificará que se aprueben las insinuaciones de  un militar al uso de la fuerza en determinados supuestos políticos que no le gusten. Yo creía que estábamos a salvo de estas cosas, pero observo con horror que quizás no. El gobierno actuó en este caso con diligencia y de forma proporcionada y adecuada al caso. Pero ni así se libra del chusco grito de la oposición. Y así con todo. ¿Por qué el PP no recibió a Evo Morales?. ¿Porque no le gustó su jersey o porque lo recibió el presidente del gobierno?. Morales es hoy por hoy el presidente electo de un país con el que España debe mantener las mejoras relaciones posibles. Y aunque apunten mal sus admiraciones a Che, Castro y Chávez hay que dejarle actuar y no despreciarlo sólo por molestar al gobierno. El PP ha mandado a los extrarradios de su organización a políticos como Gallardón, como Rato o como Pimentel y ha puesto al frente a gente como Acebes, Zaplana o Esperanza Aguirre y sobre ellos a un Rajoy al que no ha elegido nadie. Todos ellos se han empeñado en un ejercicio de oposición de bronca e irracionalidad que ni siquiera nos permite ver con claridad lo que de verdad hace mal el gobierno, porque ya no se puede siquiera adivinar dónde puede estar la verdad en ese golpeteo ciego que sólo persigue tumbar al oponente sin importar los métodos ni las razones. Yo como todo ciudadano quiero un buen gobierno, pero quiero también una buena oposición que señale errores y ofrezca alternativas, voces de sensatez, y no este exabrupto continuo. Siempre preferiré la palabra al puñetazo. O a la intervención de los militares.   

 

OTRO FELIZ VERANO

 
 
 

Se ha operado ya el cambio que todos los años nos lleva a vivir un cierto florecimiento colectivo. Ha llegado el verano. Se llenan las terrazas, nos aligeramos de ropa, se escuchan los planes de vacaciones de cada cual y bajo el sol durante largos meses esperado, la vida parece más amable. Al mismo tiempo, en distintos puntos del globo, millones de niños trabajan de sol a sol a cambio de un miserable plato de comida, sufriendo malos tratos, vejaciones y la extrema crueldad de ser privados de su infancia.

Cuando cae la tarde y el tiempo refresca, nos vamos a los merenderos a comer y beber con la familia o con los amigos. Sin restricciones, sin pensar en el precio, pedimos cuanto se nos antoja y consideramos lo bien que se está al fresco mientras disfrutamos de la vida que nos hemos ganado. Esos merenderos bien pudieran ser alguno de los que se encuentran en la Carretera de las Peñas, junto a las ruinas de lo que fue la fábrica de piensos. En su interior decenas de inmigrantes viven entre los cascotes, en colchones infectos tirados por el suelo. A veces cocinan en improvisadas fogatas. Ellos también están mejor estos días. Siguen esperando que sus vidas mejoren, pero por las noches ya no les muerde el frío hasta no dejarlos dormir.

Dicen, nadie puede probarlo, que son días en que despierta una concupiscencia adormilada durante el invierno, que nos relacionamos y hacemos más el amor. La piel se muestra y se desea. Y una sociedad como la nuestra,  sin los prejuicios de antaño según dicen, se entrega a los placeres de la ternura y el encuentro amoroso. En estos mismos días, cientos de muchachas brasileñas han sido obligadas a ejercer la prostitución a través de palizas y amenazas como forma de pago para devolver una cuenta abusiva por traerlas a España. Ellas han encontrado el amor funesto que las envenena, mientras esperan en las dependencias policiales a ser expulsadas del país.

Es tiempo de desempolvar las barbacoas, de limpiar y dejar preparadas las piscinas como una promesa de esa vida jubilosa que viene con el sol. Piscinas como la que mira Hafdalla Selma,  algo desconcertado porque ni en su imaginación de niño había nunca concebido tal cantidad de agua junta. Hafdalla no para de pedir un grifo para llevárselo a sus padres al Sáhara y que ese aparato mágico le dé agua para siempre.

En el nuevo restaurante asiático sirven comida coreana. El cercano aliento de las vacaciones nos pone vagos. Pediremos que nos traigan la comida con la cual quizá habría sobrevivido alguna de las familias que murieron en la reciente hambruna de Corea del Norte. 

 
 
 

MÚSICA Y CULTURAS

 
 

Hace unos días actuó en Albacete el jazzmen norteamericano Randy Weston. Los que tuvimos la suerte de asistir al mismo, disfrutamos de un concierto magnífico, memorable. Estuvo a la altura de los mejores que han tenido lugar en nuestra ciudad que, mal que bien, con sus altibajos, cuenta con una historia de actuaciones jazzísticas más que presentable. Situaríamos este concierto a la altura del que dio Jimmy Smith hace bastantes años en el cine Carretas o el maravilloso acústico de Phil Woods, ente otros. Los aficionados salíamos del Teatro Circo mirándonos con la sonrisa boba de satisfacción y sorpresa por haber escuchado algo grande, original, de una gran altura de inspiración y sorprendente virtuosismo en cuanto a la interpretación. Todo ello mucho más valioso en estos tiempos en que por todos lados nos quieren empujar todo tipo de sucedáneos de la auténtica creación, que no aportan nada, pero como son facilotes, se venden bien y se consumen masivamente. Desde el concierto, casi no ha pasado un día en que no haya recordado su pequeño universo lleno de sorpresas, de pasajes emocionantes al conseguir lo que dijo el poeta sobre la poesía pero que sería extensible a todas la expresiones artísticas; poesía es añadir realidad a la realidad. Es ver el mundo de nuevo. Ya en alguna ocasión he mantenido que hay al menos tanta verdad en el conocimiento del mundo en  los frutos del arte como en los de la ciencia. Y en la música de Randy Weston hay una grave lección de gran actualidad sobre nuestro mundo. Su música consigue expresar un viejo anhelo de los espíritus nobles; la cultura universal, el mundo unido y hermanado por el conocimiento, respeto y disfrute de todas las culturas, la alegría del encuentro con los otros. ¿Tendré que despotricar otra vez contra los nacionalismos?. En la música de Randy Weston apreciamos en la superficie la unión mágica del jazz con la música árabe del norte de África. Y dentro del jazz, la Norteamérica anglosajona y de nuevo África, y dentro de la música árabe lo negro y lo andalusí, y en sus interpretaciones hubo lugar para el mambo (España más África) y para el latin jazz (Caribe más una especial Norteamérica) y para un blues que sonaba negro y blanco, americano, africano y europeo siendo una voz para la emoción de todo ser humano. Mezcla de mezclas sobre mezclas. Todas las culturas hechas una sóla por una inteligencia creativa y amorosa. El artista sabe mejor que nadie unir civilizaciones. Y dejarnos a todos sumidos en  la hermosa melancolía que esconde la belleza.

 
 

METROSEX

 
 
 

Aquí, pública y humildemente lo confieso: yo no soy metrosexual. Así de entrada es que no tengo pinta ni edad, ¿qué le voy a hacer?. Pero no se engañen, además es que no quiero. Es mi batalla particular contra la moda. Detesto la moda. Para mí la moda no es más que la vaselina que ayuda a funcionar un gran negocio absurdo que se basa en hacer consumir a lo bestia a una legión de descerebrados que corren a comprarse la última gilipollez ideada por cualquier esjarramantas. A veces, discutiendo con amigos acerca del término metrosexual, me dicen que soy un poco salvaje, que en la metrosexualidad hay valores positivos. Me dicen que los metrosexuales son un tipo de hombre que huye de los estereotipos machistas y trata de ser delicado y hasta incluso explotar los valores femeninos que los hombres por educación han olvidado. Pero, les digo, no hacían falta esas alforjas para ese viaje, yo también trato de hacer eso y tengo barba y no me echo una puta crema. Los metrosexuales, me  dicen,  se cuidan físicamente y eso es algo bueno. Sin duda, respondo, yo estoy gordo y fumo, pero eso no quiere decir que no me cuide, yo no me meto pastillas ni coca en las fiestas de moda, ni hago el loco al volante, ni hago puenting; todo el mundo se cuida de algunas maneras y se descuida de otras. ¿O es que nos referimos al cuerpo 10, a la figura escultural, a la guerra siempre perdida contra las arrugas y la alopecia?. Si es esto, no me interesa. En las horas que debería haber gastado en el gimnasio he disfrutado de la vida y he aprendido cosas que me gustan a mí (y a algunas chicas también). Y el dinero de las cremujas me lo he gastado yo en libros, que espero me hayan hecho más guapo por dentro.  Pero como siempre, yo critico ideas, no personas. Así, me enfrento a la prueba del algodón en esto de la metrosexualidad cuando pienso en un buen amigo mío al que quiero y respeto, persona muy inteligente y culta, que entra por completo dentro de la denominación de metrosexual. A pesar de sus valores y de mi cariño, sigo pensando que la metrosexualidad asumida es una tontería bien grande. Mi culto y simpático amigo se gasta en un par de zapatillas de marca lo que yo en equiparme de ropa para un año y se gasta en cremas al mes lo que yo en pasta dentrífica en toda mi vida. Él por su parte alucina con el dinero que me he gastado yo en arreglarme una casa en una aldea decrépita y en comprarme un 4x4, con lo bien que van los Golf. Y así seguimos, cada uno con su tontería, el metrosexual y el jipi obsoleto, compartiendo cervezas en un fraternal desacuerdo. 

 

METAFÍSICA, CON PERDÓN

 
 

La vida no existe. O no es desde luego aquello a lo que llamamos “vida”. La vida puede ser la historia de los momentos fugitivos del presente que ya pasaron y se amontonan como cascotes de nuestra lenta destrucción. La vida puede ser la maleta de anhelos que arrastramos por las estaciones a las que llegamos y de las que partimos cada día. Con esas cosas confundimos la vida porque no somos capaces de soportar la fugacidad del presente, su extrema pequeñez, su inexistencia, que es en realidad lo único que tenemos y a lo único que en propiedad podemos llamar “nuestra vida”. La sabiduría popular lo expresa muy acertadamente cuando ve el rostro de la muerte; “no somos nadie”, dicen a los deudos en un rapto filosófico que busca dar consuelo. No sufras, porque se fue el muerto que no era nadie y te quedas tú que tampoco lo eres. El presente es tan estrecho que todo sufrimiento es pasado. Vano consuelo. Por eso nos inventamos a Dios y la otra vida, la suya, la de verdad, la perfecta por desconocida, de la que ésta es sombra y mala copia. El más duro golpe a la vida sería que la vida existiera. Los grandes poetas, que pueden escribir tratados filosóficos en unas pocas líneas han conseguido a veces expresarlo. Como Quevedo cuando dice “Ayer se fue; mañana no ha llegado;/hoy se está yendo sin parar un punto:/soy un fue, y un será, y un es cansado./En el hoy y mañana y ayer, junto / pañales y mortaja, y he quedado / presentes sucesiones de difunto.”. Yo no soy más que la imagen del difunto que seré dentro de un momento.

Nuestra cultura busca con ferocidad vivir el presente, por eso nuestra cultura y sus manifestaciones son cada día más banales. La belleza y la inteligencia son sueños. En ellos estriba la grandeza del ser humano que es capaz de inventar vidas para vivirlas fuero del cerco feroz del presente. Por eso, decir “vive el presente” viene a querer decir “se un idiota”, “no seas nada”, “no vivas”.  Claro que todo ello es lo más coherente con nuestra cultura y nuestra economía. Los rebaños de zombis llenamos los centros comerciales, los multicines del cine basura, los trasnoches de las inútiles escapadas,  pasamos horas delante del televisor para llenarnos de opiniones sin fuste.  Pero la belleza, la inteligencia y, porqué no, la alegría, que son las construcciones humanas que nos salvan del presente asesino, llevan tiempo, dedicación, esfuerzo. Son construcciones infinitas de pasado y futuro. El profeta dijo: “apagad la tele, matad al presente, sed libres, no vivais más que en vuestros propios sueños ”.

LEYENDO AL REVÉS

 
 
 

El ciclo que siguen a veces las lecturas y la información personal puede resultar en ocasiones muy curioso. En mi rebelde y utópica adolescencia leí un librito titulado Una Experiencia Walden Dos, en el cual se relataba la experiencia de un grupo de jóvenes en un intento de vida comunal. Leí el libro con vehemencia y con la ilusa idea de que algún día yo también viviría en una comuna. Disfruté mucho, pero rápidamente otras lecturas dejaron esta atrás. Con el tiempo conocí las teorías de B.F. Skinner el psicólogo conductista norteamericano. En mi entorno Skinner no gozaba de muchas simpatías. Su conductismo dejaba fuera de juego el libre albedrío, lo cual para jóvenes impetuosos y buscadores de las transformaciones que puede conseguir la voluntad y la libertad no resultaba muy alentador. Pero para mi sorpresa descubrí que había escrito un libro llamado Walden II  en el que proponía una utopía de vida comunal al margen de los estados y la actividad política tradicional, con comunidades autosuficientes e integradas gracias a los recursos alcanzables por la moderna  tecnología y a un nuevo individuo que surgiría por estar sometido a estímulos positivos dirigidos por la práctica de la psicología social. Creo que no hace falta decir que aquel libro de mi adolescencia contaba el intento de puesta en práctica de las teorías de este. De modo que yo leí la experiencia varios años antes que el modelo. Muchos años después, azarosamente conocí el libro Walden o la Vida en los Bosques de Henry David Thoreau, en cuyo homenaje Skinner tituló el suyo. Descubrí además que Thoreau es un clásico al que conoce muchísima gente, por lo que me sorprendió no conocerlo yo también precisamente después de haber leído los libros mencionados. He leído en este libro el relato que Thoreau hace de su viaje a la vida solitaria y autónoma en la naturaleza cansado de un progreso que no trae más que una sociedad imbécil. También he disfrutado mucho y he soñado con irme con él al lago Walden (de ahí viene la cadena de nombres). Pero pensando en todo ello,  he sentido la intranquilidad de haberlo leído todo al revés. Cuando esto sucede, ¿qué efecto nos causa?. Recuerdo la anécdota de un gran intelectual albaceteño que poseía una enorme biblioteca ordenada helicoidalmente siguiendo un orden cronológico, no de materias, y que con fino y extraño humor dijo en un ocasión: “mi hijo está loco, y es que es inteligentísimo y una máquina de leer y se ha leído toda mi biblioteca..., pero es que el tío se la ha leído al revés”.